El Estado no sólo es superavitario sino también acreedor externo neto

| Hay alguna confusión en el liderazgo y falta de creatividad para aprovechar mejor las oportunidades excepcionales en el mundo

2007-01-29 00:00:00 200x261

En Chile la industrialización se va a dar de una forma natural en la medida que las propias empresas continúen desarrollándose y aprovechen las posibilidades de los recursos naturales del país, sostuvo el Dr. Felipe Larraín, asesor económico internacional. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO evaluó los resultados del primer año del gobierno de Michelle Bachelet y analizó, entre otras, las perspectivas de la economía chilena que hoy crece menos que su PIB potencial. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-¿Cómo evalúa el primer año de gestión económica de la presidenta Michelle Bachelet?

-Hay aspectos que me parecen muy rescatables y otros que fueron francamente decepcionantes. Entre los hechos loables debo mencionar, en primer término, la aprobación de la Ley de Responsabilidad Fiscal que obliga al gobernante a establecer, dentro de los primeros noventa días de asumir el mando, las bases de la política fiscal que aplicará durante su administración. Se crea, además, el Fondo de Estabilización Económica y Social que recibirá el superávit efectivo por encima del 1% de PIB, consolidando institucionalmente la regla del superávit estructural que antes era sólo un compromiso del gobierno, lo cual permitirá estabilizar la política social al desvincularla de la coyuntura económica. También se garantiza un aporte anual del 0.2% del PIB del año anterior al Fondo de Reserva de Pensiones con el fin de asegurar el futuro pago de pensiones mínimas y asistenciales. Por último, la normativa faculta al Estado, por cinco años, a efectuar aportes de capital, con cargo al superávit efectivo, al Banco Central, con el fin de solventar el patrimonio de la Autoridad Monetaria.

Con la Ley de Responsabilidad Fiscal el gobierno está obligado a ahorrar todo lo que exceda un determinado nivel del precio del cobre que está establecido por un Comité de Expertos, con lo cual el año pasado el fisco chileno pudo generar un superávit cercano a los U$S 10.000 millones. Eso le da un horizonte de largo plazo y de seriedad a la política fiscal porque impide que las autoridades puedan destinar los fondos excedentarios para hacer una "gran fiesta" y sí prevé que puedan utilizarse cuando los precios del cobre no estén en niveles tan altos. La legislación aprobada es un punto a favor de la transparencia en el uso de recursos y de la estabilidad de las políticas desarrolladas por el Poder Ejecutivo.

-¿Qué otras medidas son dignas de destacar de la gestión del nuevo gobierno?

-Un segundo hecho positivo es la continua inserción de Chile en la economía mundial mediante acuerdos de libre comercio, destacándose los avances en el tratado con Japón y el inicio de las negociaciones con Australia previstas para mediados de 2007. Un tercer logro fue el plan Chile Compite, complementado con los anuncios del Ministro de Hacienda en noviembre, que incorporan medidas favorables a los emprendimientos, la innovación y la tecnología. Entre ellas cabe destacar el crédito fiscal de 35% a la investigación y desarrollo de las empresas en consorcio con alguna universidad, así como la reducción del impuesto de timbres y estampillas de 1.6% a 1.2% en un período de tres años, ya en vigencia, que grava al mercado de capitales y al crédito a las Pymes. Sin embargo, el Plan Chile Compite demostró ser claramente insuficiente para potenciar la economía por falta de audacia en las propuestas, lo cual quedó implícitamente reconocido con los anuncios de noviembre pasado.

-¿Cuáles fueron los principales aspectos negativos del balance del primer año de la administración Bachelet?

-Lo malo fue el escaso crecimiento de la economía, que apenas llegó al 4.2% cuando las expectativas originales del gobierno habían sido de 5.7%, y la débil creación de empleo. Lo peor han sido las denuncias de algunos casos de corrupción de funcionarios pertenecientes a la coalición gobernante que utilizaban recursos fiscales para financiar campañas políticas. Un agravante es que se han desarrollado defensas corporativas o de conglomerados políticos, que pretenden justificar lo obrado. Frente esa situación la presidenta deberá actuar en forma enérgica y decidida; hay un buen informe de una comisión de probidad, con propuestas interesantes, pero al final lo que importa es su aplicación y esto depende de la voluntad política.

Crecimiento

-Chile se ha visto favorecido por las mejores condiciones externas en décadas, pero su economía crece menos que el PIB potencial. ¿A qué obedece esa situación?

-Nuestra economía no sólo crece menos que el potencial, sino que también lo hace por debajo del resto de la región, habiendo pasado en los últimos años del primer al undécimo lugar en 2006, lo que habla de una desaceleración del crecimiento. La comparación es todavía peor si consideramos un grupo más exigente como el de los países emergentes, que incluye a muchos asiáticos más dinámicos que Chile. En este escenario, la creación de empleo ha sido magra -cercana al 1% anual por varios meses- y la tasa de desempleo ha caído gracias a una sorprendente reducción de la fuerza laboral.

El bajo crecimiento económico se explica por varias causas puntuales como una disminución de la producción agrícola por razones climáticas, precios de petróleo altos y shocks negativos en la producción minera, tanto por la huelga en La Escondida durante el período de la negociación colectiva -al haber aumentado los sindicatos las demandas de beneficios dado el alza en el precio del cobre- como por el serio accidente de Chuquicamata.

Hay también un problema con el tipo de cambio debido a que la apreciación del peso chileno ha provocado que los sectores agrícola, agroindustrial e industrial, que son actividades generadoras de empleo muy importantes, se vean afectadas negativamente. También inciden la lenta aprobación ambiental de los proyectos y otras regulaciones, que retardan las inversiones y hace que los empresarios terminen posponiendo nuevas obras. Además, existe incertidumbre en cuanto al abastecimiento energético debido a los cortes de gas natural que realizan nuestros proveedores en Argentina, lo que provoca que el combustible nos llegue en forma esporádica pese a que su precio fue aumentado significativamente. De hecho, Chile se ha convertido en colchón de ajuste del consumo argentino ya que nos suministran gas sólo cuando les sobra.

Sin embargo, frente al gran excedente actual de recursos externos, hay alguna confusión en el liderazgo y falta de creatividad para aprovechar de mejor forma las oportunidades excepcionales que se le presentan a Chile de modo de favorecer el crecimiento de la economía y del empleo.

-¿Hay condiciones para que se registre un crecimiento más dinámico de la economía chilena en 2007?

-Por cierto, todos esperamos un mejor año en lo económico. Hay varios factores que van a contribuir a ese mayor crecimiento como la moderación en los precios internacionales del petróleo, que en Chile se traslada a los consumidores, y la vigencia de un presupuesto fiscal que va a ser el más expansivo en mucho tiempo, ya que va a aumentar el gasto real en un 8.9%. Esto indudablemente va a tener un impacto en impulsar la economía, lo cual en parte va a ser contrabalanceado por un precio menor del cobre. En efecto, la cotización del metal ha descendido de U$S 3.40 por libra hace pocos meses a niveles cercanos a U$S 2.60 a mediados de enero. Por consiguiente, estimo una expansión de la economía algo mayor al 5% en 2007.

Milagro

-La economista Alice Amsden del Massachussets Institute of Technology (MIT) no cree que haya existido un "milagro económico chileno" y señala que Chile no logró convertirse en un "new industrial country" (NIC) como sí lo hicieron algunas economías del sudeste asiático. ¿Coincide con ese punto de vista?

-No coincido con ese diagnóstico pesimista porque hay que ser consciente de lo mucho que se ha logrado en Chile. Desde 1984 hasta 1997, nuestra economía creció a un ritmo promedio del 7.4% anual, que fue una de las tasas más altas del mundo. A partir de la crisis asiática, la expansión del PIB chileno se ha desacelerado, pero sigue expandiéndose en torno al 5% anual, mientras que el crecimiento potencial es aproximadamente del 5.3%, lo cual no implica un fracaso. Durante los últimos quince años, la población ubicada por debajo de la línea de pobreza se ha reducido del 45% al 18%. Hoy Chile es el país menos pobre de América Latina y posee el mayor PIB per cápita de la región, que llegó a unos U$S 8.500 en 2006. Indudablemente, enfrenta un serio desafío en cuanto a la distribución del ingreso que ha estado virtualmente inalterada desde 1990.

No sé si se puede hablar de un milagro chileno, pero es un hecho que Chile tiene el riesgo país más bajo de América Latina, así como los mayores niveles de ahorro e inversión, estabilidad jurídica, seguridad personal, etc. Además, las exportaciones totalizaron el récord histórico de U$S 60.000 millones el año pasado, aunque ayudados por el precio internacional del cobre.

-Justamente, ¿no continúa la economía chilena dependiendo en su mayor parte de la producción primaria?

-Sin duda que sí porque las ventas de cobre constituyen casi la mitad de las exportaciones totales de Chile. El tema es que en esta época de bonanza en el precio de los commodities, ningún país puede darse el lujo de dejar que los metales permanezcan bajo la tierra. Lo que corresponde es explotarlos y, simultáneamente, buscar nuevos sectores que puedan competir en el exterior. No necesariamente tienen que ser productos industriales, ya que en esta diversificación de exportaciones el sector servicios también puede participar activamente, como es el caso del desarrollo de productos que son transables en el área de las tecnologías de la información.

-Si cayera abruptamente el precio del cobre, ¿podría Chile compensar esa caída con mayores exportaciones de vino, pescado, frutas y hortalizas?

-Tenemos varios sectores que se han desarrollado de forma muy importante como, por ejemplo, la industria del salmón que está llegando a colocar unos U$S 2.000 millones anualmente en los mercados externos, convirtiendo a Chile en el primer exportador mundial en ese rubro. Por su parte, las exportaciones de vino chileno están acercándose a los U$S 1.000 millones anuales. Si se derrumbara la cotización internacional del cobre, se revertiría la apreciación cambiaria, lo cual generaría mayores incentivos para invertir en el sector agrícola al igual que en la industria. Al mismo tiempo, se vería favorecida la penetración de los productos chilenos en los mercados mundiales a través de los tratados de libre comercio que Chile ha suscrito con buena parte del mundo desarrollado y países emergente, destacándose el acuerdo firmado con China en 2005. Actualmente el 75% del intercambio comercio chileno está cubierto con acuerdos comerciales. En síntesis, no veo que una eventual caída abrupta del precio del cobre dentro de niveles razonables -como, por ejemplo, a unos U$S 2.00 la libra- tenga un efecto devastador en la economía chilena. Incluso podría darse que a mediano plazo esa disminución de ingresos se viera compensada en otros sectores con un tipo de cambio más competitivo.

-¿Es posible pensar en la aprobación de una serie de reformas estructurales durante la presidencia de Michelle Bachelet que fomenten la industrialización de Chile aprovechando la fortalecida demanda internacional de materias primas?

-Si bien hay un viejo anhelo de incorporar mayor tecnología a la producción, no hay un modelo dirigista en Chile. Por eso, vislumbro que la industrialización se va a dar de una forma natural en la medida que las propias empresas continúen desarrollándose y aprovechen las posibilidades de los recursos naturales del país. Eso ya puede comprobarse en el sector forestal, donde se producen y exportan productos de alto valor agregado.

Política fiscal

-De acuerdo con la actual situación económico-financiera de Chile, ¿no aplica el gobierno una política fiscal muy conservadora?

-El llamado Grupo de los Veinte Economistas, que tuve el honor de integrar, le hizo un planteamiento al gobierno en setiembre pasado, solicitándole que redujese el superávit estructural que tiene Chile, dado que el Estado ha pasado a ser no sólo superavitario, sino también acreedor externo neto. La propuesta apuntaba a que se pasara el excedente fiscal de 1% a cero en un plazo de cuatro años a razón de una tasa de reducción de 0.25% anual, de modo de poder utilizar más recursos para impulsar el desarrollo.

-¿En qué podría utilizar el Estado esos recursos?

-Aproximadamente el 60% de esos fondos se podría invertir en educación, capacitación y en un programa de reforma del Estado profundo para incrementar la competitividad de la producción y mejorar la prestación de los servicios públicos. El 40% restante debería destinarse a la reducción de los impuestos, especialmente de los tributos que gravan a las pequeñas empresas. De ese modo, tendríamos un paquete equilibrado, en el cual habría un aumento del gasto con reducción de impuestos. Lamentablemente, esa propuesta ha sido desestimada por el gobierno chileno por el momento.

Es impracticable ir a un Estado de bienestar en Chile

-Si bien los sucesivos gobiernos chilenos han puesto especial énfasis en el desarrollo del mercado, la Corporación del Cobre (Codelco) es un ejemplo de un monopolio estatal puro. ¿Cómo se explica la coexistencia del status de Codelco con el resto del modelo económico chileno?

-La posibilidad de privatizar a Codelco es baja porque constituye un tema que divide mucho a la población. Desde el punto de vista técnico, es factible porque un ente emblemático como YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) fue privatizado en Argentina y otros países de la región hicieron lo mismo con otras empresas públicas. Debo reconocer que Codelco es una empresa que en lo global está bien manejada e intentar su privatización generaría una disputa muy agria en Chile. Además, el que quisiera adquirirla tendería a bajar el precio de la oferta de compra por el riesgo de un cambio político posterior. Por lo tanto, me parece una política más viable que el Estado coloque el 20% del paquete accionario de Codelco en el mercado y, de esa forma, convertirla en una sociedad anónima bajo los mismos requerimientos de información que tienen las empresas de esa naturaleza. Además, las administradoras de fondos de pensiones podrían invertir parte de sus activos en títulos de la mayor empresa cuprífera del mundo.

-Teniendo en cuenta los comentarios positivos que la presidenta Bachelet ha hecho respecto al Estado benefactor de mediados del siglo XX, ¿sería posible vaticinar que el camino que Chile va a transitar será más parecido al modelo australiano o neocelandés que al del sudeste asiático?

-En Chile estamos mirando con mucho interés algunas experiencias de los países de Asia y Oceanía así como las de Irlanda y algunos países nórdicos como Finlandia, que han sido muy exitosas. Lo que debemos evitar es transitar por un Estado de bienestar que pertenece a tiempos pretéritos. Hay que buscar la protección social para los más desprotegidos, y también proporcionar una mejor educación a los jóvenes, pero no ir a un Estado de bienestar a la europea, lo que encuentro impracticable en mi país. Después de todo Chile se ha posicionado exitosamente en los mercados internacionales y, por tanto, tiene que responder a ese desafío mirando cómo potenciar su competitividad.

Los TLC van mucho más allá del plano meramente comercial

-El Tratado de Libre Comercio firmado entre Chile y Estados Unidos no ha revivido la inversión estadounidense ni ha aumentado significativamente las exportaciones chilenas al país del norte, lo que preocupa incluso al presidente de la Cámara Chileno-Norteamericana de Comercio. ¿A qué atribuye que ese TLC no cumpla con las expectativas de comercio e inversión que se tenían originalmente?

-Es un juicio extremo y equivocado afirmar que no se ha logrado nada con el TLC chileno-estadounidense. El intercambio total entre ambos países creció en los primeros once meses de 2006 un 134% más que en igual período de 2003, antes de que entrara en vigencia dicho acuerdo. Hay que tener presente que los TLC van mucho más allá del plano comercial porque allí se discuten y prevén aspectos centrales de la institucionalidad económica. La importante reducción del riesgo país de Chile, que es la tasa más baja de América Latina, se debe parcialmente a la firma de los acuerdos comerciales con Estados Unidos y con la Unión Europea. Por otra parte, hay que mirar al conjunto de los TLC que Chile ha suscrito y no a uno solo, porque eso nos permite apreciar el alto grado de penetración logrado por las exportaciones chilenas en los mercados internacionales.

-El TLC con China firmado y aprobado en 2005 representa una excelente oportunidad para que Chile se convierta en la puerta de entrada del gigante asiático a la región latinoamericana. Puesto que es difícil pensar en que las manufacturas chilenas compitan con las chinas, ¿significa ese acuerdo una despedida definitiva a la idea de que Chile industrialice sus materias primas en gran escala?

-No se puede hacer una generalización en ese tema. Por supuesto, es muy difícil que Chile pueda competir con China en la fabricación de juguetes, calzado y textiles. Sin embargo, no debe olvidarse que el arancel externo chileno era del 6% antes de firmarse el TLC con China, no existiendo otros recargos aduaneros salvo la fijación de una banda de precios para tres productos en el sector agrícola. Si bien esa rebaja de seis puntos porcentuales -de 6% a cero- genera en el margen una competencia mayor a algunos rubros industriales, nos da enormes oportunidades en la agricultura, agroindustria y otros sectores industriales.

Ficha técnica

Felipe Larraín, chileno, 48 años, recibió su master y, luego, doctorado en economía en la Universidad de Harvard. Entre 1997 y 1999 fue profesor titular visitante de la Cátedra Robert F. Kennedy de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Harvard y, posteriormente, fue Faculty Fellow (2000-2002) de Harvard. Ha sido consultor de diversos organismos internacionales y se ha desempeñado como asesor económico de dieciséis gobiernos americanos. Su libro "Macroeconomics in the Global Economy", escrito con Jeffrey Sachs, ha sido traducido en nueve idiomas.

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