The Economist
El 20 de abril de 1980, Fidel Castro declaró "puerto abierto" a la ensenada de Mariel, invitando a aquellos cubanos que deseaban dejar su país que así lo hicieran. Muchos aceptaron vehementemente. Entre los meses de mayo y setiembre, unos 125.000 cubanos fueron transbordados a los Estados Unidos por una flotilla de barcos pesqueros, yates y lanchas camaroneras, a menudo fletados por exiliados cubanos en Florida.
En 1992, Bosnia-Herzegovina declaró su independencia de Yugoslavia. Un mes después, los serbios de Bosnia sitiaron Sarajevo, la capital de Bosnia. Durante ese año, cerca de 234.000 yugoeslavos solicitaron asilo en países más seguros de Europa.
El transborde de las embarcaciones (‘boatlift’) de Mariel, como se le llamó, y las guerras de los Balcanes han proporcionado dos de los "experimentos naturales" más interesantes en materia de la economía de la inmigración. Ambos han permitido a los economistas cortar el nudo gordiano que enreda el impacto de la inmigración sobre la economía y el impacto de la economía sobre la inmigración. A menudo, las ciudades y los países que albergan el mayor número de inmigrantes también se precian del mejor desempeño económico. Ello podría ser debido a que los inmigrantes aportan prosperidad; pero podría ser que éstos son atraídos por aquélla. Desafortunadamente, a la interrogante más común: ¿se apropian los inmigrantes de nuestros puestos de trabajo?, los dos experimentos ofrecen diferentes respuestas.
Los Marielitos que se instalaron en Miami sumaron unos 45.000 trabajadores a la fuerza laboral de la ciudad, representando un incremento del 7%. En un estudio de gran influencia publicado en 1990, David Card, actualmente en la Universidad de California, Berkeley, llegó a la conclusión que la economía de la ciudad había acogido a los recién llegados sin gran esfuerzo. Ese año ascendió la tasa de homicidios, señaló en su informe, y en el verano estallaron motines. Pero Card no halló ninguna indicación que los Marielitos hubieran privado de sus empleos o causado una disminución de los salarios a los residentes no cubanos de la ciudad.
Su conclusión optimista no es ampliamente compartida del otro lado del Atlántico. Los europeos todavía se inclinan a opinar que los inmigrantes usurpan los puestos de trabajo de los nacionales, según la encuesta (1) sobre actitudes públicas llevada a cabo por Christian Dustmann y Albrecht Glitz del Centre for Economic Policy Research (Centro para la Investigación de Políticas Económicas). Quizás estas preocupaciones estén bien fundamentadas. Un documento (2) del año 2003 de Joshua Angrist, del Massachusetts Institute of Technology, y Adriana Kugler, actualmente en la Universidad de Houston, utiliza la división de Yugoslavia para ilustrar sobre la forma en que los mercados laborales de Europa respondieron ante los llegados del extranjero. Ellos demuestran que las distancias de un país desde Sarajevo y Pristina eran buenos pronósticos de inmigración durante la guerra de Bosnia y la de Kosovo (en 1999), respectivamente. De tal manera, si la situación de los trabajadores locales empeoró en los países más cercanos a estas ciudades, ésta es una evidencia que la inmigración es capaz de perjudicar su suerte. Los autores estiman que en un país similar a Alemania, 100 nuevos arribos de fuera de la Unión Europea podrían desplazar entre 35 y 83 nacionales de sus puestos de trabajo.
LA VIRTUD DE MIAMI. ¿Por qué Miami salió tan bien adelante con su repentino ingreso de trabajadores nuevos, en tanto que Europa lidió tan mal? En un documento (3) del año pasado, Ethan Lewis, del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia, examinó la combinación de las industrias en Miami antes y después de la llegada de los Marielitos. ¿Acaso algunas industrias se expandieron para adaptarse al tipo de mano de obra no calificada que la mayoría de la gente cubana de las embarcaciones podría ofrecer? La industria de la vestimenta, por ejemplo, estaba acostumbrada a contratar cubanos y podría ser que haya absorbido cualquier excedente. Pero Lewis no encuentra muchas pruebas de tal cambio. La idiosincrasia manufacturera de Miami se asemejaba ampliamente en los años ochenta a las de otras ciudades del sur y del oeste medio, al igual que había sido en los años setenta.
Lewis ofrece una explicación diferente y sorprendente. Como resultado del arribo masivo de los cubanos, las empresas de Miami fueron más lentas que sus competidoras de otras partes para adoptar tecnologías, tales como las computadoras, las cuales han reemplazado cierta parte de las tareas rutinarias y codificables efectuadas por trabajadores no calificados. Con tantos trabajadores voluntariosos y no capacitados a disposición, los ebanistas, los panaderos y los fabricantes de equipos eléctricos no se sintieron muy presionados para reemplazar los hombres por máquinas. En 1984, por ejemplo, el 36% de la gente de Houston utilizaba computadoras en el trabajo. Pero en Miami sólo lo hacía el 23%. El impacto de la gente de las embarcaciones fue visible, no en las cosas que Miami hizo, sino en cómo las realizó.
Actualmente muchos políticos sostienen que ellos deben elegir la clase de inmigrantes que su economía "necesita". Pero, como lo demuestra Lewis, las necesidades de una economía no son siempre las mismas. Las economías flexibles usufructúan de cualquier mano de obra que desembarca en sus orillas.
¿Por qué fracasaron las economías de Europa en adaptarse? Angrist y Kugler sospechan que los esfuerzos de los gobiernos por preservar los puestos de trabajo les hicieron una mala jugada. En muchas partes de Europa, por ejemplo, los gobiernos tratan de proteger a los trabajadores haciendo que sea más costoso despedirlos. Pero los trabajadores que son caros para despedir son también costosos al contratarlos. Los inmigrantes —frecuentemente reclutados bajo visas temporales, más allá del amparo de las organizaciones sindicales y algunas veces fuera de la ley por completo— se vuelven más atractivos en comparación. Debido a que ellos no tienen la capacidad de asentarse en un puesto de trabajo, es más probable que se lo ofrezcan. En el corto plazo, esta clase de competencia inmigratoria reduce los salarios y eleva las ganancias. Sin embargo, en el largo plazo, las mayores ganancias pueden tentar a nuevas firmas a entrar al mercado, competir por los trabajadores y ofrecer aumentos de salarios.
Lamentablemente, en Europa, el largo plazo nunca llega. El ingreso de nuevas compañías es inhibido por regulaciones con el fin de proteger a las viejas firmas. Angrist y Kugler señalan que cuanto más altas son las barreras de ingreso a un país, peor es el impacto de la inmigración sobre las perspectivas de empleo de sus ciudadanos. Destinados a defender de la competencia a las pequeñas empresas, por el contrario, estos reglamentos contribuyen al estancamiento. Quizás los políticos de Europa deberían preocuparse menos en rechazar a los inmigrantes y más respecto a liberalizar a las empresas que podrían emplearlos.
(1) "Immigration, Jobs and Wages: Theory, Evidence and Opinion" ("Inmigración, Empleos y Salarios: Teoría, Comprobación y Opinión"): Mayo 2005.
(2) "Protective or Counter-Productive? Labour Market Institutions and the Effect of Immigration on EU Natives" (¿Protectores o Contra-Productivos? Las Instituciones del Mercado Laboral y el Efecto de la Inmigración sobre los Nacionales de la UE"). Economic Journal, Junio 2003.
(3) "How Did the Miami Labour Market Absorb the Mariel Immigrants?"