CAROLINE BAUM | BLOOMBERG
El aspecto más notable de la expansión actual de Estados Unidos, pese a la histeria con los precios del petróleo y los pronósticos de plazos de flaqueza, es la estabilidad del crecimiento económico.
Durante los nueve últimos trimestres, el cambio trimestral anualizado en el producto interno bruto ha oscilado dentro de una estrecha banda de 3,3 por ciento a 4,3 por ciento, siendo el crecimiento en el tercer trimestre del 2003 la excepción, al marcar 7,2 por ciento.
Es casi como si la economía estuviera en piloto automático. "No recuerdo haber visto jamás una tasa de crecimiento tan alta dentro de una banda tan estrecha", dice Joe Carson, director de investigación económica en la firma Alliance Bernstein.
Esta no es la impresión que uno saca de escuchar a los imprudentes pesimistas bursátiles, quienes siguen prediciendo el Apocalipsis en cada vuelta del camino; a los políticos del Partido Demócrata, que se quejan de que el empleo no aumenta; o a los proteccionistas de toda laya que se quejan de que los trabajos buenos van a dar al extranjero.
"Es difícil de explicar la falta de la volatilidad en el PIB", dice Carson. "Quizá se deba a un mejor flujo de información y a que hay pocas sorpresas en el frente de la política oficial. Pero también demuestra que toda la cháchara sobre plazos de debilidad y desaceleraciones crea buena prensa pero malos análisis".
AJUSTE FORÁNEO. En los años ochenta del siglo pasado, que no fueron el Medioevo precisamente, era común tener un trimestre con un crecimiento de 1,6 por ciento emparedado entre dos trimestres con un crecimiento de 4 por ciento. Parte de la volatilidad se debía al hecho de que aún no se había vuelto a meter al genio de la inflación en su botella. La mayoría de los bancos centrales han llegado a la conclusión de que la mejor manera de tener un crecimiento sostenible es mediante la estabilidad de los precios.
"La razón preferida de la Reserva Federal (para la poca volatilidad económica) sería que veinte años de política monetaria antiinflacionaria conducen a un crecimiento económico estable", dice Neal Soss, economista jefe en Credit Suisse First Boston. Y estaría en lo cierto.
En segundo lugar, dos decenios de globalización han producido una economía estadounidense más estable. "Estamos subcontratando parte de la volatilidad al extranjero porque importamos mucho", dice Soss.
En épocas pasadas, las empresas internas tenían que pegar un frenazo al atenuarse la demanda final, lo que causaba unas violentas fluctuaciones intertrimestrales en la producción.
INNOVACIONES CREDITICIAS. Hoy en día, cuando empresas y consumidores reducen sus gastos, ello se traduce en una menor importación de productos. Los países que exportan a los Estados Unidos son los que tienen que hacer el ajuste. Nuestra estabilidad es la volatilidad de ellos.
¡He ahí un buen argumento para acumular un déficit comercial grande!
La desregulación es otro fenómeno que ha forzado a las compañías a ser más flexibles, dice Soss. De lo contrario, no sobreviven.
"Pero la más importante de todo es la proliferación de las innovaciones en el crédito", dice. "Las tarjetas de crédito, los préstamos con aval personal domiciliario, las innovaciones hipotecarias permiten todas ellas que los consumidores armonicen la actividad al correr del tiempo. No se hallan constreñidos por el efectivo en sus bolsillos". (No, nadie nunca acusaría al consumidor estadounidense de tal cosa).
La estabilidad económica parece haberse traducido en estabilidad en las tasas de interés de largo plazo. Uno de los componentes de las tasas de largo plazo son las expectativas en cuanto a inflación. Con una inflación baja y un alto grado de confianza en que la Fed así la mantendrá, las tasas de largo plazo se han resistido a la iniciativa de la Fed de normalizar los tipos interbancarios de un día. Elimínese la volatilidad del crecimiento y de la inflación, y las tasas de largo plazo no tienen adónde ir.
SUBEN PRONÓSTICOS. Muchos comentaristas se han referido a la capacidad de la economía de Estados Unidos para superar una serie de reveses, entre ellos el reventón de la burbuja del mercado de valores, un bajón violento en el gasto en equipo, los ataques terroristas y los escándalos de contabilidad corporativos. Hasta un viejo enemigo como el petróleo no ha podido hacerle mella.
Cuando los precios del petróleo subieron por encima de 40 dólares el barril el año pasado, se supuso que iban a matar la economía. El petróleo a 50 dólares llegó a ser la Línea Maginot. Ahora los precios del crudo están próximos a los 60 dólares por barril, y los economistas están —adivinen— subiendo los pronósticos del crecimiento económico del tercer trimestre, en ciertos casos a cinco por ciento.
El optimismo vino con el informe reciente sobre el producto interno bruto del segundo trimestre. El aumento de 3,4 por ciento en el PIB no reflejó la demanda final, esto es, el PIB menos las existencias, categoría que aumentó 5,8 por ciento. La reducción de las existencias restó 2,3 puntos porcentuales a la tasa de crecimiento del segundo trimestre, el mayor golpe en cinco años.
PUJANZA COMERCIAL. El comercio exterior compensó en cierta medida el lastre representado por las existencias. Las exportaciones netas agregaron 1,6 puntos porcentuales al crecimiento del producto el trimestre pasado, lo que representa la mayor contribución en casi un decenio y una que probablemente no se repita.
El Departamento de Comercio proveyó también cálculos corregidos del PIB de los tres últimos años, que mostraron una mezcla menos deseable de crecimiento efectivo (menor) e inflación (mayor). Esa combinación mantendrá a la Fed en la defensiva.
El descenso de la tasa de desempleo y el alza en la inflación indican que la economía "está creciendo por encima de su potencialidad", dice Soss. "Se supone que la Fed retire el exceso de estímulo monetario".
Jugar a la defensiva no quiere decir pegar un frenazo para producir un crecimiento inferior a la tendencia actual. El Índice de Indicadores Económicos Anticipados ya está apuntando a un menor crecimiento en lo futuro. En régimen interanual, el crecimiento del PIB llegó a su apogeo en el primer trimestre del 2004, con 4,7 por ciento, y descendió a un 3,6 por ciento en el segundo trimestre.
En un mundo en que el crecimiento económico y la inflación son estables, el trabajo del banco central llega a ponerse tedioso de verdad.
Nota: Caroline Baum es autora del libro de próxima aparición "Just What I Said"