IGNACIO QUARTINO | BUENOS AIRES
Cuatro años después del abrupto final del programa Desayuno, en Canal 7 de Argentina (la emisora estatal), Víctor Hugo Morales regresó el domingo pasado a la televisión abierta de la vecina orilla con un periodístico, ahora en Canal 9, llamado Bajada de línea.
Con este título y el contenido de la primera emisión, se generó acaso el caldo de cultivo ideal para hacer "periodismo de periodistas", género tan criticado como los programas de chimento de la tardes, pero que en el Río de la Plata (porque no pasa sólo en Argentina) tiene tanta repercusión como el anuncio de un presidente en cadena nacional.
Lo concreto es que el relator dejó clara cuál sería la bajada de línea editorial de su ciclo televisivo, que tendría un protagonista estelar: el Grupo Clarín. Sin dar más vueltas, el periodista presentó un dibujito animado que mediante una voz en off cuestionaba, a modo de cuentito, la identidad de los hijos de Ernestina de Noble (principal accionista de Clarín), que está siendo investigada por la Justicia argentina en la actualidad por supuesta apropiación durante la época de la dictadura. Además, gracias a ese ciclo, Víctor Hugo se convirtió en el primer periodista en entrevistar a Lidia Papaleo de Graiver, testigo clave para el gobierno en la causa por la compra de Papel Prensa a manos de los diarios La Nación y Clarín, también durante el último proceso militar.
La producción de Bajada de línea y Morales sabían que estas dos propuestas causarían revuelo suficiente para cimentar un buen regreso del uruguayo a la tevé argentina en materia de rating y así sucedió. Según datos brindados por la empresa Ibope de Argentina, el envío promedió 5,1 puntos, un aceptable registro para Canal 9 que a esa hora compite con programas exitosos como Susana Giménez (Telefé) y Policías en acción (Canal 13).
postura. Más allá de las críticas de colegas que recibió Morales por su rechazo contra Clarín y su supuesto encolumnamiento con el gobierno K, este ciclo televisivo encuentra al periodista en su pico más alto de argentinidad, entendido esto último como una personalidad gravitante para la opinión pública de ese país, que genera admiración y rechazo en idénticas proporciones.
Como ocurrió en 2008 cuando irrumpió el conflicto del campo en Argentina que dividió a la sociedad entre aquellos que respaldaban la propuesta del gobierno de aumentar las retenciones a las exportaciones de soja y los que se oponían a la medida con los productores rurales a la cabeza, ahora el foco de conflicto que divide al país vecino en dos pasa por el enfrentamiento entre el matrimonio Kirchner y el Grupo Clarín, multimedio compuesto por el diario de mayor tiraje de Argentina, la señal de cable Todo Noticias y Canal 13 de Buenos Aires, entre otros. El nuevo contrincante de "los K" entonces no son dirigentes del campo, sino una empresa en la que trabajan periodistas y conductores exitosos (entre ellos, un tal Marcelo Tinelli) que son leídos, escuchados y vistos por buena parte de la sociedad.
Como periodista, Morales respeta a quienes trabajan para Clarín, pero siempre se preocupó de dejar claro a su audiencia que nunca formará parte de ese multimedio, al que tuvo en la mira desde que se hizo de los derechos de transmisión del fútbol argentino, en los `90.
Por eso, no extrañó que en agosto de 2009, cuando el gobierno argentino anunció la compra de los derechos de transmisión del fútbol a cambio de 600 millones de pesos argentinos, Víctor Hugo celebrara lo que denominó "el fin de una estafa" para que el fútbol fuera para todos.
Esta postura del uruguayo, sirvió para que el gobierno K cambiara su percepción respecto al periodista que había sacado del aire, cuatro años atrás, del programa Desayuno de ATC. La señal más contundente se dio en vísperas al Mundial de Sudáfrica, cuando la televisión pública le hizo una tentadora oferta para hacerse responsable de las transmisiones de ese torneo de fútbol, que finalmente declinó.
Hasta estos días, Morales dice que si fuera oficialista hubiera aceptado esa oferta. Eso se interpreta como el precio a la libertad que pagó para disparar contra un medio que no comulga con sus ideas. Capacidad para comunicarlas, le sobran.