DR. PABLO PERA PIROTTO
Una de las áreas de investigación científica que se viene desarrollando con notorio éxito en los últimos años a nivel mundial es aquella que estudia el envejecimiento. Periódicamente llegan noticias de nuevos hallazgos a nivel de la genética o de la biología molecular que explican cada vez con mayor detalle cómo se desarrollan los procesos que ocurren con el paso del tiempo. Es en base a esos descubrimientos, que van surgiendo nuevas terapéuticas para intentar revertirlos.
En este tema, uno de los tratamientos más novedosos y promisorios se basa en la utilización de los factores de crecimiento de la propia persona. Estos factores fueron descubiertos por los doctores Rita Levi Montalcini y Stanley Cohen, lo que les valió nada menos que el premio Nobel de Medicina en 1986. Su función es la de transmitir el mensaje que le indica a las distintas células que deben comenzar a reproducirse.
Uno de los factores más estudiados es el de crecimiento epidérmico, cuya función es muy importante en la estimulación y aceleración de la maduración de las células de la piel y del pelo.
A fines de los años 90 se comenzaron a aplicar en diversas especialidades médicas, extrayéndolos de concentrados de plaquetas. Con esto se logró, por ejemplo, la aceleración en los tiempos de cicatrización de diversas heridas.
Desde hace un tiempo, los factores de crecimiento epidérmico también se utilizan para contrarrestar el envejecimiento cutáneo. Esta novedosa técnica apunta a rejuvenecer la piel envejecida, actuando en distintos niveles: epidermis, dermis y tejido celular subcutáneo.
La técnica no es demasiado complicada, y en manos entrenadas se trata de un procedimiento relativamente sencillo y seguro. En primer lugar, se le extrae un pequeño volumen de sangre a la persona de forma convencional; luego, a esa muestra se le realiza un procedimiento que incluye una centrifugación para obtener en pocos minutos un concentrado de plasma rico en plaquetas. Esto es lo que se coloca a nivel cutáneo mediante microinyecciones, generalmente utilizando la técnica de la mesoterapia, que implica el uso de una pistola inyectora especial que regula con gran precisión la dosis y la profundidad del infiltrado. Generalmente se realiza una sesión que se reitera aproximadamente de 2 a 4 semanas después, luego a los 6 meses, y se recomienda continuar con una sesión de mantenimiento anual. Esta terapéutica de bioestimulación cutánea actúa acelerando la regeneración de los tejidos, la producción de colágeno, de elastina y de ácido hialurónico. Los especialistas con mayor experiencia en el tema coinciden en que los mejores resultados se obtienen a nivel de la cara, el cuello y la zona del escote, mejorando la calidad de la piel en cuanto a su textura, hidratación y grosor.
Entre las ventajas de la terapéutica se encuentra el hecho de que se trata de un autoinjerto, es decir, que lo que se le inyecta al paciente es un concentrado obtenido de su propia sangre, por lo que no hay ningún tipo de rechazo. Como contraindicaciones a su aplicación figuran aquellas enfermedades que involucran alteraciones de la coagulación.
En nuestro país se vienen desarrollando algunas experiencias en este tema, que le exigen al médico especialista tener una preparación y entrenamiento específicos, así como el equipamiento adecuado. Vale mencionar que generalmente es utilizada junto con otros tratamientos como, por ejemplo, la colocación de toxina botulínica, rellenos y peelings para alcanzar en cada paciente los mejores resultados anti-aging.