Enfermedades que enferman

FACUNDO PONCE DE LEÓN

El Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM por sus siglas en inglés) prepara su quinta edición, a publicarse en mayo de 2013. En el ambiente se le llama la "Biblia de los trastornos mentales" y está causando una encendida polémica entre defensores y detractores del método y sus resultados. Todo indica que con las instrucciones del Manual, en tres años la mayoría de los habitantes del planeta padecerán al menos un trastorno mental. Probablemente, los pocos que se consideren normales sufrirán tanto la extrañeza de ser normal que caerán inevitablemente en el saco de los enfermos. Así, una hipótesis nada descabellada es pensar que casi la totalidad de la humanidad estará mentalmente enferma a mediados de 2014 siguiendo las indicaciones del DSM.

El primer Manual se escribió en 1952 e incluía 100 desajustes mentales catalogados en 129 páginas. El cuarto Manual es de 1994 e incluye casi 300 desplegadas en 900 páginas. ¿Cómo explicar que en apenas 42 años surjan cerca de 200 nuevas enfermedades relacionadas a la mente humana? La primera respuesta, que fascina a los conspiracionistas, es que los intereses de las industria química farmacéutica es la que manda y ordena, desde la sombra, a médicos corruptos que introduzcan nuevas disfunciones que permitan crear nuevos fármacos que se venderán como pan caliente en las farmacias del mundo.

Esta explicación, como todas las explicaciones conspiracionistas, se queda corta. Pensar que el fenómeno se explica sólo porque los gerentes de la industria son perversos, preocupados únicamente por facturar cada vez más y engañar a todos, es demasiado simplista. El mundo y el ser humano son más complejos, no es que algunos malvados mandan a todo el resto de abombados, sino la mucho más intrincada situación de que aún de buenas acciones se pueden producir nocivas consecuencias. Claro que habrá deshonestos, habrá sobornos, pero eso no explica profundamente por qué cada vez más gente cree que está enferma de la mente y necesita tratamiento y medicación.

Hay dos preguntas fundamentales que atacan el problema desde la raíz: ¿qué significa ser normal? ¿qué es la salud? Ninguna de las dos respuestas son patrimonio de doctores y expertos. Son preguntas que debe responder cada uno a través del ensayo y el error con la ayuda de todos los demás. Si pensamos que la normalidad y la salud es sólo lo que me dicen los médicos y la ciencia, entregamos demasiada confianza a los otros y demasiada poca confianza en uno mismo. El punto medio entre la certeza de que dependemos de los demás pero que eso no debe cercenar nuestra autonomía es una llave de la cuestión.

Un segundo elemento fundamental es percibir la diferencia entre catalogar una enfermedad existente y la capacidad de crearla o expandirla descontroladamente.

A este respecto, las declaraciones del profesor responsable del DSM IV, Allen Frances, son iluminadoras. "Aprendí a través de una dolorosa experiencia cómo pequeños cambios en la definición de desórdenes mentales pueden crear enormes e indeseadas consecuencias", declaró el especialista al ver cómo su trabajo disparó tres falsas epidemias: desórdenes de déficit de atención, autismo y desorden bipolar en la infancia. El diagnóstico de estas tres enfermedades explotó luego de ser introducidas en el Manual, como si éste hubiera creado la enfermedad en miles de niños que, antes de la existencia del libro, hubieran sido simplemente inquietos.

El peligro que se avizora con la quinta edición es que dé nacimiento a enfermedades que crecerán sin control. Si todos somos enfermos mentales, se pierde de vista los que verdaderamente requieren atención y cuidado para sanarse. Se banaliza el dolor.

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