GABRIELA VAZ
En 1989 se cayó el muro de Berlín y, con éste, se diluyó uno de los últimos bastiones del socialismo real. En 2008 se cayó Wall Street y Estados Unidos, el imperio que se erigió sobre los escombros del muro alzando la bandera del capitalismo salvaje, nacionalizó los bancos quebrados, guiñándole un ojo a Marx. Las dos megautopías que definieron el siglo XX implotaron con 20 años de diferencia, dejando como halo la perplejidad de generaciones que habían asumido la dicotomía de la guerra fría como algo natural, y llevándose consigo todas las certezas.
En el medio, al amparo de tecnologías insospechadas, la vida del hombre cambió tanto como no lo hizo ni en los 1.000 años precedentes. El cambalache del siglo XXI no es analógico, sino digital. El mundo ya no es un lugar previsible.
Estas son algunas de las premisas que maneja Pablo Vierci en su libro De Marx a Obama (que con el sello Debate sale a la venta este martes), donde analiza "20 años únicos en la historia del hombre", de 1989 a 2009, bajo el lente de la sátira. El texto llega después del éxito de La sociedad de la nieve, un documento sobre la tragedia de Los Andes que vendió más de 80.000 ejemplares. Pero lo que aparenta todo un cambio de rumbo para el escritor tiene, a sus ojos, un denominador común. "Lo que uno intenta hacer, en este mundo sobregirado de estímulos, es ponerle orden al caos. La sociedad… pone orden a un caos puntual y terriblemente disruptivo como es un accidente aéreo con sobrevivientes. En De Marx a Obama, tomo un período que es único en la historia del hombre-siempre el hombre piensa que su período es único, pero éste, de verdad, todos los historiadores piensan que lo es- desde la caída del muro de Berlín hasta la caída del fundamentalismo de mercado. Fueron los 20 años en que me cambiaron todos los parámetros, todas las predicciones. ¿Cuál es el lente más adecuado para ordenar el caos? El humor, la ironía, la sátira y el sarcasmo. No lo científico. Las ciencias se equivocaron en todo. Cuando cayó el muro de Berlín, el semanario Times británico pedía que renunciaran todos los politólogos porque erraron en lo más grueso y ahora, a fin de año, El País de Madrid pedía la caída de los economistas. ¿Cuál es la forma de ponerle lógica a este período que nos dio vuelta como una media? El el humor es adecuado porque, por definición, ve el anverso y el reverso. Si es parcial, no es humor".
hechos. El análisis caricaturesco de De Marx a Obama no se reduce a los mojones políticos y económicos que marcaron las últimas dos décadas. A lo largo de sus 14 capítulos, el autor desmembra 70 hechos puntuales, ridiculizándolos hasta el absurdo. Desde la odisea de Sergei Krikaliev -el astronauta que la URSS envió al espacio y continuó orbitando en torno a la Tierra con su nave pintada con la hoz y el martillo aún cuando la URSS ya había desaparecido, sin que nadie se acordara ni se preocupara por bajarlo- hasta la televisación de la guerra del Golfo, la clonación de la oveja Dolly, la aparición del Viagra y las siliconas, la Argentina de los cinco presidentes en diez días, el Pinochet absuelto en Londres por "demencia vascular", la sublimación del consumo, la sobredosis de información o la (i)lógica de los ecologistas fanáticos.
La decisión de este conjunto de temas no fue aleatoria, sino, por el contrario, "muy a conciencia", explica Vierci. "Si el esquema del libro fue repasar los 20 años en todas las facetas del individuo, hay que pasar rastrillo sobre los hechos más relevantes, los símbolos, esas 70 noticias. Creo que el denominador común es la sobredosis, la sobreabundancia. Si yo pongo en evidencia lo ridículo de lo aparentemente correcto, me devuelve una lógica. Y, por ejemplo, el hecho de que el emblema de la guerra del Golfo haya sido un pato empetrolado es absolutamente absurdo".
El escritor aclara que la perspectiva es latinoamericana, y no uruguaya. De hecho, el libro salió publicado en México en abril con buena acogida. "Eso obliga a tener cuidado con lo extremadamente local. A mí me interesa más la mirada global. Sé lo de `pinta tu aldea y pintarás el mundo`, pero yo puedo pintar mi aldea sin ser extremadamente local. Mi objetivo no es la uruguayez".
DISTINTO, NO PEOR. Por definición, el humor fija su atención en la debilidad, se burla del error, de la falla. ¿Puede esto derivar en una mirada demasiado pesimista de la actualidad? Vierci cree que no. "El sarcasmo, la ironía, se regodean de lo absurdo. Tratás de mirar qué hay detrás de la armonía. No dejarse engañar por las apariencias. Buscás una lógica sutil, diferente a la que estamos habituados. Nosotros creemos que todo es previsible, que nuestra vida va a ser más o menos como la estamos preparando. Y si te das cuenta que no, no se vuelve una mirada ni pesimista ni optimista. Es simplemente cambiarte de lentes. Una frase dice: `El futuro no es lo que era`. Sí, no fue lo que era. Hay sobredosis a todos los niveles, y es como un llamado de alerta. El humor permite ese llamado de atención. Pero no pretendo que sea pesimista, yo no lo soy, todo lo contrario. Mario Vargas Llosa, en La civilización del espectáculo, analiza el tiempo actual y dice que es pesimista, porque cree que incluso en la política vale mucho más la imagen que la idea, vale más la inmediatez que lo perdurable. Pero lo cierto es que el tiempo decanta lo relevante de lo irrelevante".
No se trata de que todo funciona mal, sino que funciona distinto. "No como esperábamos. Es todo delirante, surrealista e imprevisible. El otro día (el ingeniero en computación y empresario) Nicolás Jodal hablaba en un evento sobre la sociedad de la incertidumbre, y decía: `Yo no puedo creer en los eruditos que aseguran que en el próximo quinquenio el crecimiento va a ser de 9,36%. Se han equivocado tanto. Se cayeron las Bolsas, se cayó el mundo y era inimaginable un año antes. ¿Cómo ahora pretenden hacer pronósticos con ese grado de exactitud?` El hombre tiene la necesidad de funcionar en una especie de cosmos ordenado. El mundo ha sido siempre así, pero ahora se compactó. Creo que estos 20 años son como un extracto, y al ser así se convierte en una caricatura, una desmesura, una sobredosis. Los 16 capítulos son 16 casos de sobredosis. Ahora tengo la absoluta sensación de que soy obsoleto".
Además de lograr la risa y "poner orden al caos", el objetivo del libro es brindar otra mirada dejando en evidencia lo absurdo de algunos hechos. "La consecuencia ideal de la sátira son la risa y la reflexión. Mi objetivo es que se intente ver por sobre la apariencia. En la apariencia gana el demagogo, el de la frase fácil. Y la realidad no es demagoga, no es fácil, tenés que mirar por los costados. Uruguay tiene una particular tendencia al maniqueo, y nada es blanco y negro. No hay santos y demonios. Hoy en día ni siquiera podés hacer una película con un malo solo porque te resulta inverosímil. Bueno, hagamos lo mismo con todos los fenómenos que nos ocurren en lo cotidiano".
De Marx, Freud y Einstein
Gracias a Albert Einstein, despuntando el siglo XX el mundo se enteró de que el tiempo podía transcurrir más rápido o más despacio y que el espacio podía curvarse; que todo es relativo. Debido al austríaco Sigmund Freud, la responsabilidad personal por las deficiencias humanas se volvió difusa: el hombre malo, violento o envidioso no lo era por propia voluntad, sino por fuerzas fuera de su control, como la mamá introyectada. La teoría de Karl Marx también quitó el destino humano de las manos de los individuos y lo dejó en los engranajes de la historia. ¿La humanidad se quedó sin culpables?
Así lo ve Pablo Vierci en su último libro. "La revolución de Einstein y los análisis marxista y freudiano, como Los Tres Chiflados gerenciando un banco en Manhattan de la primera década del siglo XX (...), se combinaron para subvertir, cada uno a su manera, la idea de que el mundo era un lugar confiable y seguro. (...) Ahora, el universo es un casino y el crupier es daltónico".