Un día después de la asunción de José Mujica como Presidente de la República, un grupo de docentes de Educación Musical de enseñanza secundaria realizó una peculiar manifestación frente al Teatro Solís. Acompañados de diversos instrumentos y entonando la canción ¿Quién va a cantar? de Rubén Rada, los educadores se quejaron de una decisión del Consejo de Educación Secundaria (CES) que, según entienden, pone en riesgo la continuidad de los coros liceales y dejaría sin trabajo a unos 240 docentes interinos.
Más allá de engorrosos pormenores administrativos vinculados a la modificación aplicada por Secundaria en la elección de horas docentes, el asunto puso sobre la mesa la necesidad de reformular un espacio cada vez menos atractivo para las nuevas generaciones y, paralelamente, la valoración de la materia como tal.
Escenario. La materia Educación Musical es de asistencia obligatoria de primero a tercero de liceo, aunque en este último año los estudiantes no son evaluados. Es decir: aprueban la materia con o sin esfuerzo. Paralelamente, y hasta el año pasado, la mayoría de los liceos del país contaban con el espacio de coro, una instancia extracurricular y de asistencia voluntaria que requería la presencia de dos docentes, un director y un músico acompañante (que podía ser pianista o guitarrista). En la elección de las horas de cada cargo está la base del conflicto (ver recuadro).
El temor a perder las fuentes laborales puso en alerta al cuerpo docente, que en tiempo récord y con la anuencia de colegas de todo el país redactó una propuesta dirigida a Secundaria. El texto se titula Es Música (Espacio musical integrado - Coro y Alternativas).
Allí reconocen que "algunos" coros de formato tradicional ya no se adecuan a las nuevas realidades y se manifiestan de acuerdo con la necesidad de reformulación. También constatan la existencia de dos realidades, la de Montevideo, donde la convocatoria no siempre satisface las expectativas docentes, y la del Interior, donde los coros sí funcionan y atraen a buena cantidad de estudiantes.
"Las necesidades expresivas de los alumnos han evolucionado y se han vuelto complejos. Mantenerlos motivados se ha transformado en una actividad desafiante", sostienen los docentes en el documento. Teniendo en cuenta los intereses y tiempos de los adolescentes del presente, la imagen clásica de un coro no parece ser de lo más motivador. "Existe un imaginario en la comunidad educativa sobre el `deber ser` de un coro; o sea un grupo de alumnos rígidos, serios, parados, que cantan canciones aburridas, que representan al liceo y que abren y cierran los actos patrios. Creemos que eso ya fue", señaló Andrés Carlos, profesor de música y delegado de la Asamblea permanente de docentes de Educación Musical.
Según una reglamentación del año 1996, los coros liceales están obligados a cantar el himno a Don José y la Marcha mi Bandera. Los docentes piden que se elimine esa obligación y se deje en libertad de acción para elegir el repertorio según el proyecto musical. Por ejemplo, dice Carlos, si en un liceo la clase gira en torno a la percusión, resulta confuso que llegado el acto patrio se les pida que formen fila, se paren erguidos y canten en el formato tradicional. "Queremos que las presentaciones ante el público sean de acuerdo al proyecto", señala. Ese plan de trabajo se elaboraría en conjunto entre el director y el acompañante, teniendo en cuenta la realidad del centro educativo. Además, podrá incorporar todo tipo de expresiones musicales pero con la obligatoriedad de que se mantenga el canto colectivo. La palabra clave de esta propuesta es la integración, bajando al coro del satélite en el que vive desde hace años, dicen.
El documento incluye una fundamentación sobre la necesidad de fortalecer la educación artística, históricamente "discriminada" desde el ámbito científico, dice Carlos. El argumento a favor del arte es que pone a trabajar el lado derecho del cerebro, lo que permite a los estudiantes desarrollar la imaginación, la percepción y la intuición; habilidades que necesitan ser complementadas por el entrenamiento verbal y analítico, ubicado en el lado izquierdo. La escasa carga horaria de la materia y el hecho de que en tercero no haya evaluación es, a juicio de Carlos, otro aspecto de esa discriminación. Paralelamente, distintos docentes consultados hicieron hincapié en la educación en el respeto que brinda un coro, ámbito en el que sí o sí se aprende a escuchar al otro.
Desde Secundaria se hace la misma valoración en cuanto a la importancia de la música, pero se pide que los proyectos capten el interés de los alumnos de modo de aprovechar mejor las horas de clase.
Al cierre de esta edición docentes y autoridades estaban reunidas en una comisión en la que buscarán llegar a un acuerdo y que deberá expedirse el próximo 19 de marzo.
Mazzei: "Apostamos a rediseñar los coros"
Hasta el año pasado, los profesores efectivos de Educación Musical podían elegir sus horas como directores de coros, acompañantes o profesores de aula. Pero en diciembre pasado los docentes se enteraron de una nueva disposición: únicamente podían tomar horas de aula, y no de coro. Febrero aparecía en el horizonte como una segunda oportunidad para poder escoger horas de coro, pero tampoco entonces estuvieron disponibles. A juicio de los profesores, la decisión tiene implícita una reducción de cargos. Entonces estalla el conflicto y se convoca a la manifestación cantada.
Alex Mazzei, directora general de Educación Secundaria, explicó que la decisión está motivada en la necesidad de cubrir primero las horas de aulas de la materia en primero, segundo y tercero de liceo. "Hemos advertido que hay cantidad de horas libres de clase de docencia directa porque no hay profesores que tomen esas horas, lo que deja a los chiquilines con huecos de clase sin profesor. Por eso nuestra prioridad era llenar todas las horas curriculares", señaló. "Dijimos: primero se eligen las materias curriculares, porque de qué nos servía tener coro si no teníamos clase en el aula", explicó.
Una vez cubiertos esos espacios, los docentes deberán presentar proyectos de trabajo en coros a las instituciones, con la condición de que sean "atractivos", señaló la directora. "El coro no tiene igual respuesta en los estudiantes. Hay algunos excelentes y hay otros que no funcionan, como casos de liceos de 4.000 estudiantes que tienen apenas 6 o 7 alumnos en el coro", ilustra Mazzei.
Secundaria detectó otro problema. Coros con músico acompañante designado pero sin director. O al revés, con directores pero sin acompañantes. En ninguno de los dos caso el coro podía funcionar.
En resumen, Secundaria señala no tener "intención" que se pierdan los coros, pero apuesta a "refundar, fortalecer y rediseñar el espacio", afirmó Mazzei. En eso parece haber acuerdo con los docentes (ver nota principal).
Una comisión integrada por docentes y autoridades se expedirá el próximo 19 de marzo sobre cómo implementar estos cambios. No obstante, los docentes afirman que para llegar a un acuerdo es clave que no se pierdan puestos de trabajo.
Las cifras
270 Es la cantidad aproximada de coros liceales que hubo hasta el año pasado en todo el país.
166 Son los docentes efectivos egresados del IPA, que sumados a los interinos, llegan a 500 o 600.
2 Es la cantidad de docentes por coro. Uno desempeña el rol de director y el otro de músico acompañante.