LIC. VERÓNICA MASSONNIER
Hablar de los espacios -laborales y de decisión- que la mujer ha conquistado en las últimas décadas es ya un lugar común, conocido por todos. La historia sigue su curso, y hoy presenciamos la consolidación del llamado "poder femenino".
¿Y ahora qué? Ahora, la mujer empieza a manifestar el cansancio de las exigencias múltiples, de las responsabilidades hogareñas y laborales, con los correspondientes desgastes físicos.
Ya lo sabíamos: el mito del héroe nos muestra un personaje que lucha con dragones y recorre el mundo, pero en ese proceso vuelve con algunas heridas y un cuerpo más golpeado.
La mujer joven observa y reflexiona. No siente la emoción de los logros "feministas", porque ya ha nacido en una generación donde la mujer estudia y trabaja: para ella no es una conquista sino una realidad. Quienes hoy forman parte de la mediana edad pueden recordar un ama de casa con pocos márgenes de libertad y con mucho de sometimiento, pero las más jóvenes ya han nacido en general con una madre trabajadora. Hay un cambio de escenario claro y concreto.
Por otro lado, las nuevas generaciones viven -tanto hombres como mujeres- un momento histórico en el que la calidad de vida se ha convertido en una meta central. ¿Tener éxito y ganar dinero? Sin duda, pero ¿a qué costo? Es frecuente escuchar que las personas establezcan metas a término: estoy dispuesto a hacer esfuerzos, sí, pero ¿durante cuántos años? La actitud del héroe es mucho más cuidadosa de sí mismo: protege sus fines de semana, sueña con los tiempos libres, apunta a poner un punto límite a las jornadas prolongadas. No quiere, en suma, ser como sus padres, que trabajaron de sol a sol y se agotaron. Sabe que la vida es hoy, y ya entendió que el cuerpo y la salud no duran para siempre.
El movimiento del péndulo ahora indica, para muchas, la expectativa de "trabajar menos". No por casualidad observamos tantas figuras mediáticas que se orientan a la maternidad, y exhiben sin menoscabo su dedicación a la familia. En algún sentido, están a la avanzada de una nueva tendencia y representan modelos de identificación para muchas.
Ahora bien ¿qué pasa cuando la mujer se plantea bajar el ritmo? Allí aparecen dudas y temores. Por un lado, los nuevos tiempos marcan un manejo independiente del dinero, y modelos de autonomía que se han afianzado en diversos sentidos. Todo cambio (aunque sea parcial) supone una amenaza a esa independencia. Por otro lado, algunas dicen: "La sensación de intensidad es adictiva; ¿me acostumbraré a una vida más apacible después de experimentar este vértigo?".
A su vez, el mundo del alto consumo exige cada vez más recursos para que la familia cumpla con sus sueños. ¿Cómo bajar los ingresos cuando la presión del consumo hace que los deseos y las "necesidades" se acrecienten? Y cada vez más mujeres son "jefes de familia", lo cual plantea un elemento de responsabilidad muy fuerte: la sociedad tiene claro que las parejas pueden no ser "para siempre" por lo cual la mujer, aunque pudiera hacerlo, en muchos casos tiene miedo de apartarse de los espacios laborales propios.
Ahora, el cruce de caminos. Después del alto desafío de la lucha se vuelve al anhelo del hogar. Después de la adrenalina, surge la necesidad de un ritmo de vida más ecológico. No es un proceso solamente femenino, pero la mujer lo vive de una manera peculiar y en foco.
Las nuevas generaciones están construyendo nuevos sueños, a su medida. Tal vez menos "heroicos" que en las décadas pasadas, pero más conscientes de lo pequeño y lo intimista. Y como todos los sueños, por momentos parecen utopías.