LEONEL GARCÍA
Ves estas cosas?", pregunta retóricamente Ariel "Pinocho" Sosa. La palabra "satisfacción" parece tenerla escrita en la frente. Un vecino de la Criolla de las Duranas, detrás del Parque Posadas, se había acercado para regalarle un CD con fotos de la última actuación de parodistas Zíngaros en el Teatro de Verano. No se va con las manos vacías. "¡Chancha, traele una remera!" El aludido, Fernando Rimollo, un hombre casi cuadrado que impone respeto de solo verlo, utilero todo-terreno del conjunto, sale a cumplir la orden. El fan, Darío, queda visiblemente emocionado. "¿Demagogia? No, yo lo hago porque lo siento, ¡y mirá que no tengo idea de quién es este muchacho!" Minutos después se le acerca una señora mayor, lo felicita y lo besa.
Situaciones como éstas alimentan el ego de Pinocho Sosa. También refuerzan su teoría de que el conjunto que fundó y dirige representa un fenómeno único en el Carnaval. Según ésta, su hinchada, la misma que transformó el grito de "Zí-Zí-Zíngaros" en uno de los más reconocibles de las noches de febrero, es el valor diferencial. "Si vas a un ensayo de parodistas, habrá cien personas; con los Zíngaros, encontrás mil o más", sostiene. En el ambiente es casi un axioma que son los parodistas más populares.
Es un conjunto ganador sobre las tablas -este año pelean por ganar por tercera vez consecutiva en su categoría- y abajo de ellas. Hay otro axioma que se cumple: el escenario, ese metro y medio de altura sobre el piso, tiene el poder de transformar a cualquiera en galán. Y si los parodistas son los winners del Carnaval -¿será por sus coreografías tan particulares?-, Zíngaros tiene un plus por su popularidad. "Para estar en Zíngaros lo ideal es estar soltero", afirma Gastón "Porteño" Ferreira (25), que en estos días duerme de cuatro a cinco horas diarias, entre sus trabajos en Zíngaros y la Terminal Tres Cruces. "No conviene tener novia, sería sólo para problemas... porque gurisas que se te acercan hay a montones".
Previa. Es sábado y la actividad se vuelve más frenética a medida que oscurece en las Duranas, búnker de los Zíngaros para este Carnaval. Es la previa para una noche larga de tablados, una rutina muy diferente a la del Teatro de Verano (ver aparte). Por las parlantes del escenario contiguo suena cumbia, reggaetón y la ya irritante I know you want me de Pitbull. De a poco van apareciendo los integrantes del conjunto, en su gran mayoría jóvenes de 18 a 25 años. Llega desde el Cerro Daniel Suárez (18), que en breve comenzará a recursar primero de Economía; arriba en moto desde El Pinar Marcelo Méndez (24), ex empleado de un call center y cantante de grupos de cumbia villera; ya está Facundo Barboza (21), quien por haberse esguinzado durante una coreografía podrá actuar pero no bailar. Llegan todos.
Como si fuera la charla técnica previa a un partido, Pinocho reúne a los suyos para destacar lo bueno de la actuación en el Concurso Oficial, quejarse de que los periodistas carnavaleros criticaron el sonido, corregir errores, y finalizar la arenga in crescendo: "¡Metieron como caballos, vamo` a remarla, vamo` a hacer guita, vamo` a dar palo y palo!" Arrancan a las 21.14. ¿A marcha camión, a grappa y limón? No: ómnibus, mate, agua y refrescos. El itinerario marca cuatro escenarios populares en el oeste de Montevideo más el Defensor Sporting, en Parque Rodó. La misión es llegar a tiempo a todos, tarea no siempre posible.
La cumbia es la banda de sonido del "bondi". Pinocho Sosa es fanático de los perfumes, y el aroma impregna todo el vehículo. Entre los más jóvenes de los 19 integrantes que salen a escena el ambiente no es muy diferente al de un viaje de egresados. El escenario no sólo fabrica galanes sino que alimenta la confianza: uno de los miembros se muestra muy interesado en la fotógrafa de esta nota. No tendrá suerte.
21.38. Escenario popular Los Bulevares. En medio de la casi nada, es un tablado con todas las letras: entrada única, escenario mínimo, vestuario ausente, lleno total, todo a pulmón. La parodia Forrest Gump.uy ocupa casi toda la actuación. A lo largo de toda la noche, Pinocho Sosa interactúa con el público, lo levanta, obtiene ovaciones para algunos de sus miembros (el tecladista Diego Piccardo, la primera voz Luis Pereira, el joven Gastón "Ruso" González, hijo de Bananita González), no se olvida de un solo sponsor -una decena- y ofrece remeras del grupo y preservativos XL al público.
Entre el público está Karina. Es una rubia con el pelo recogido en cola de 15 años y cuatro meses de embarazo. Los mira en silencio, con ojos arrobados. Es la misma actitud que tendrán Lorena Paola (25) y Silvina (17), en el tablado de Salus, y las reinas del carnaval del Zonal 12, cuando el conjunto suba a las tablas del Monte de la Francesa. De cualquier manera es recién al final, cuando los miembros más jóvenes bajan a bailar junto al público, cuando se produce el arremolinamiento femenino en busca de fotos, autógrafos, besos o teléfonos.
Ya en el ómnibus, algunos zíngaros muestran sus celulares con su cosecha de noches de tablado, en forma de mensajes SMS: Hoy t agarro vas a ver... no te vas a arrepntir bombon; Mmm... tiempo al tiempo... kpas ahora t doy x tods lados dpnde que sector jajaja; Soy (...) toy en el arbolito al tablado que vienenen a lo ultimo, veni a bscrme; Mi vida, voy al dfensor y te voy a ver. Hay muchos otros, pero por lo excesivamente melosos o descriptivamente explícitos ya parecen menos creíbles.
22.34. Tablado Jardín de Nuevo París. Está atrás del Club Salus, con la entrada pegada al asentamiento de Carlos María de Pena y Faramiñán. Es el Carnaval que no suele aparecer en la televisión. La hamburguesa cuesta $ 20, el refresco $ 10, la entrada $ 35. Vender una remera oficial del conjunto, a $ 200, es una tarea casi imposible en estos tablados; en el Teatro de Verano habían comercializado unas treinta.
En la crónica sobre la actuación de Zíngaros en el Teatro de Verano, El País escribió sobre el "fenómeno sociológico digno de estudio" de la hinchada de este conjunto. En un escenario tan distinto como pueda imaginarse, ocurre lo mismo. En cualquier caso, el conjunto actúa con la seguridad de tener al público ganado de antemano. "¡Chau, hasta Zíngaros!" Saludo final, arremolinamiento inmediato, y afuera. El tiempo -el gran enemigo- empieza a jugar en contra. Las distancias entre tablados tampoco ayudan.
23.32. Tablado Monte de la Francesa, en Colón. Aunque también popular, este escenario es más suntuoso y el aforo mayor: 1.500 personas. Y como si hubiera una relación directa, la recepción femenina es aún más efusiva. Ni bien bajan, ya los abordan chicas que van desde los nueve a veintilargos años. "¡Yo soy zíngaro, también!", reclama un veterano local, observando ese asedio. El presentador del tablado se queja: "Uno me pide para apurar y otro se saca fotos".
Como en los dos tablados anteriores no existe nada que se parezca a un vestuario. Mientras se cambian atrás del escenario, los zíngaros quedan casi desnudos a la intemperie. Eso se presta, tras bambalinas, para que los jóvenes protagonicen entre ellos una seguidilla de bromas, digamos, "liceales". De alguna forma hay que matar el tiempo entre escena y escena. La única dama en la delegación, la utilera Adriana Ubarne (47) es la única que "disfruta" de este espectáculo. Sería el sueño de muchas fans, pero ella está en otra, apremiada por los tiempos. "Manejar los minutos es lo más difícil... y a veces, tener que correr a las gurisas", asegura la mujer. "Estos chicos son divinos, terrible gente. ¡Eso sí, son terribles degenerados, flor de bocas sucias!" Esta vez no tendrá que correr a las fans, del saludo final al ómnibus pasa un instante.
En el ómnibus -único oasis de descanso durante la noche- ya no se escucha cumbia; ahora lo que más se oye son bostezos y conversaciones en voz más baja. Ya van tres veces de que el Forrest Gump criollo le enseñaba a bailar a Kanela, le servía café a Wilson Ferreira, inspiraba a Alfredo Zitarrosa a escribir Stephanie y se encontraba con José Mujica. Si bien el público siempre respondió, y por más amor al Carnaval y a la camiseta que haya, repetir los bailes y las escenas ya comienza a hacer mella. "Luego del tercer tablado, a veces se te van las ganas... pero hay que seguir. ¿De dónde sacamos las ganas? Uffff... es costumbre", sostiene Santiago Tomás (19). Otro compañero, de 23 años, agrega: "Cuando van pasando los tablados, el público se pone difícil también... ellos están siempre entusiasmados y vos tenés que estar siempre sonriendo".
0.47. Tablado Arbolito, La Teja. Hubo cambio de planes y se llega a este escenario antes que al de Defensor Sporting, como estaba programado. En el ómnibus se dice que eso fue para permitir que Agarrate Catalina tocara antes en el Parque Rodó. Eso tendrá consecuencias. Aquí sí hay vestuario, para gran alegría de Adriana, que esta vez no tendrá que lidiar "con bichos" al aire libre. Pero la actuación se demora. Zíngaros llega cuando Colombina Che sigue en escena. Un cigarrillo, un choripán, o alguna charla matizan la espera.
Pero no hay relax absoluto, siempre hay un público al que deberse. A un gesto de Pinocho, los rostros de cansancio desaparecen súbitamente. Hay que hacer una filmación junto con Estefany, una adolescente que está haciendo los exteriores para su cumpleaños de 15. Finalmente, llega la hora de actuar. Por increíble que parezca, la energía desplegada es la misma que al principio; la reacción de la gente, igual de eufórica. El último "Zí-Zí-Zíngaros" se escucha a la 1.45 del domingo.
Ir de un lado a otro de Montevideo a veces pasa factura: la actuación en Defensor se cancela, los tiempos no dan para llegar allá. Pinocho admite que da bronca perder un tablado y su paga correspondiente. "Pero el tablado que no se hace hoy se hace mañana; en este Carnaval otra vez vamos a pasar los cien", sentencia.
2.02. Regreso al búnker de las Duranas. Es tiempo de ordenar las cosas para el otro día, recibir la paga que corresponda y luego... libertad. Algunos se van para su casa, pero a los que aún les da el cuero se preparan para seguir la noche donde sea, tal vez cosechando lo sembrado en estas maratones. Baile mayor es el que estaba programado al otro día: seis tablados.
"¡Soy un tipazo, tengo terrible corazón!"
Ariel Sosa (48) vive su 30° carnaval. Casi siempre fue parodista y ganó varios primeros premios individuales y grupales. Es uno de los grandes nombres de esta celebración; para muchos, un "loco lindo", de gran dominio del escenario, entrador y confianzudo (en seis horas, con este cronista pasó del "¿cómo era que te llamabas?" a "Leonel", "Leo" y finalmente "Leíto"). A lo largo de toda la noche se mostró atento y amable.
Sin embargo, su larga lista de conflictos con Daecpu, los periodistas especializados y otras grandes figuras del Carnaval, algunos de ellos ex compañeros, le alimentaron otra fama. Así como hay gente que lo adora (y en la recorrida por los tablados se vio ese cariño), hay otra que lo odia sin reservas. El que sea funcionario de una empresa tan cuestionada como Tenfield también ayuda para alimentar el rechazo. "Hay que saberlo llevar", dice alguien muy cercano a él. Y él tiene lo suyo para decir, a toda velocidad, atropellando las palabras, como es su forma de hablar:
"Yo no creo que sea un tipo jodido. Porque eso viene de jodedor y yo no soy eso, soy un laburante del Carnaval. Eso sí, soy muy bravo y muy impulsivo. ¿Eso qué quiere decir? Mirá, yo tomo esto con mucha pasión, no me gusta que me la jopeen y me hagan trampa. Además, no elijo los rivales para pelearme. Es con Daecpu y el jurado, y con la prensa carnavalera que yo siento que tiene mala leche conmigo. Yo despierto ese amor y esa bronca, por todo lo generado con los Zíngaros. Soy auténtico y a muchos les molesta. Hay gente que me adora y otra que me tiene bronca. ¿Sabés por qué? Por todo el entorno y la rivalidad dentro del Carnaval, que yo mismo la creo y me parece bien que exista. Ahora, hay gente que se quiere meter en una rivalidad con nosotros y no les da. ¿Nombres? No te voy a dar, pero para llegar a los Zíngaros hay que llenar el Teatro de Verano, ganar cuatro veces y llegar a la gente".
Lo dice a toda velocidad pero en un tono suave, con una mirada parecida a la del Tom Hanks de Forrest Gump, en el que se tuvo que inspirar para la parodia 2010. Minutos más tarde pide un agregado a su respuesta: "¿Vos preguntaste si soy jodido? ¡Yo soy un tipazo, terrible tipo, tengo terrible corazón!" Aquí su mirada ya se parece más a la de Jack Nicholson en El Resplandor.
Mucho "pecho" para aguantar las noches
Ensayar desde septiembre u octubre, descansar lo más posible, apelar a la experiencia (si la hay) o la juventud (en caso contrario), aprovechar a aflojar durante los traslados de tablado a tablado, o incluso "el amor a esta fiesta", son las distintas respuestas que dan los integrantes de Zíngaros cuando se les consulta cómo se aguantan semejante ritmo.
Repetir la rutina, incluyendo las desgastantes coreografías hasta en seis tablados por noche, genera un cansancio físico evidente y también alimenta rumores de todo tipo. Rumores químicos. Algo así como la vieja relación del murguista y el alcohol, pero aggiornado.
Ariel Sosa, cuyo currículum incluye Sonora Palacio y Karibe con K (o sea: mucha, mucha noche), sabe de esos rumores. "Y... la gente habla. Todos los compañeros que tuve saben que yo no tomo, no fumo y no consumo drogas. Acá soy un sargento: no vas a ver a nadie borracho, tirado en el piso, o drogado. En mi vida y en mi conjunto, nada de eso corre. ¿Cómo aguantamos? ¡A puro pecho!"
Un clásico rival que se extraña: Nazarenos
Este año Nazarenos -el "clásico" rival, como un Gaby`s-Klaper`s moderno- no participan del Carnaval. ¿Cuál es el conjunto a vencer, entonces? ¿Momosapiens, Caballeros, Jacquet`s, Los Muchachos? "Zíngaros 2009", responde Pinocho Sosa. "Extrañamos a Nazarenos, ellos eran duros de verdad en el escenario... No, hablando en serio, no vi la actuación de los otros".
Distintas fuentes del Carnaval "perciben" que Zíngaros sigue siendo el conjunto de parodistas más solicitado (aunque no fue posible obtener datos sobre contrataciones en tablados en Daecpu), pero destacan la demanda por Los Muchachos, quienes cuentan con Petru Valensky en sus filas.
En el seno de Zíngaros, esperan realizar entre 100 y 120 tablados este Carnaval. Dependiendo del día o de si se trata de un escenario popular o comercial, su tarifa se ubica entre nueve mil y diez mil pesos, aproximadamente. Se calcula que el integrante que ganará menos cobrará entre 25 y 30 mil pesos en esta temporada.
Dos caras de una pasión
Por más antipático que suene, el del Concurso Oficial y el de los tablados son dos carnavales distintos. El espectáculo 2010 de Zíngaros cuesta unos 800 mil pesos e involucra a unas 40 personas en total. Pero sólo puede verse en su esplendor en el Teatro de Verano Ramón Collazo.
"Actuamos con el mismo respeto en cualquier tablado, sea popular o comercial", asegura Ariel Sosa, pero admite que la historia es "totalmente diferente" a la del Teatro de Verano. Llegar y salir corriendo de escenarios muy sencillos, casi siempre sin vestuario, y con frecuencia muy distantes entre sí, impide un gran despliegue de indumentaria, escenografía o maquillaje.
En el caso puntual de Zíngaros, según dice su director, para el Concurso se pagó un flete de ocho mil pesos y para la recorrida por tablados el ómnibus cobra $ 800 por escenario. La escenografía utilizada en el Teatro de Verano incluye -entre otras cosas- cinco relojes cucú de cuatro metros de altura; acá apenas se cargaron unas sillas rojas de plástico y una mesa.
La impactante indumentaria para el Collazo acá se cambia por unos trajes azules con tirantes y moños rojos. De 70 minutos de actuación en el Teatro de Verano, con las dos parodias completas, se pasa a un show reducido de entre 30 y 40 minutos.
La parodia escogida para recorrer Montevideo durante esta crónica, Forrest Gump.uy, tiene un vestuario más sencillo, más idóneo para viajes agitados.