Crece el temor a enfermarse

| Es uno de los miedos más arcaicos de la humanidad, y en épocas de dengue y gripes desconocidas se agudiza y masifica. Los niños son quienes más lo sufren.

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El País

LA NACIÓN | MARCELO RODRÍGUEZ

Si, como se dice, tienen una capacidad de absorber y manejar información que era impensable en las generaciones anteriores, si nada se les escapa y si, además, dependen de la explicación y de la atenta compañía de los adultos para poder comprender lo que ven y escuchan para incorporarlo a su experiencia y no asimilarlo pasivamente, ¿cómo no se van a sentir afectados por el temor a las enfermedades como el dengue o la llamada "gripe porcina"?

Los mensajes en los medios de comunicación de alarma son permanentes, y en muchos casos el temor de los adultos, justamente de aquellos que deberían llevarles tranquilidad, suele serlo también. Otro es el caso cuando el peligro se presenta más tangible, como es el de quienes concurren a escuelas que han sido cerradas por haberse registrado en ellas casos de esta nueva gripe.

La doctora Felisa Lambersky, pediatra y psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA, por sus siglas en inglés), señala que según su experiencia clínica, que incluyó recientemente alumnos de escuelas cerradas, "el miedo de morirse por una enfermedad está más asociado con el dengue, en tanto que con la gripe A hay una connotación menos peligrosa".

HipocondrÍa de familia. La significación que se le da a la enfermedad en cada familia es decisiva: "Hay familias más hipocondríacas y lo transmiten a los chicos; eso incrementa la angustia", observa Lambersky. La hipocondría es el miedo a enfermarse, y así como hay adultos hipocondríacos, también los hay niños. "Entraría dentro de las fobias: puede tener que ver con angustias propias, con miedos transmitidos o con experiencias de su entorno", dice la experta. Estas experiencias pueden ser propias o ajenas: el accidente, la enfermedad o la muerte de una persona cercana incrementan la angustia.

Como la gripe, la hipocondría es contagiosa cuando ingresa al ámbito familiar, generalmente traída por los adultos. "Cuando aparecen casos así, es necesario trabajar con los padres y que ellos tengan un menor grado de angustia frente a la enfermedad", remarca Lambersky, y aclara que en general pasa por ahí la resolución del problema, sin necesidad de trabajar en terapia con el niño.

De menor a mayor. La psicoanalista Mónica Cruppi explica que hay una angustia de menor intensidad que opera en la persona como una señal anticipadora de lo que podría suceder, y que "ayuda a desplegar los mecanismos defensivos necesarios para cuidarse de los peligros".

Muchos miedos, señala, son normales, frecuentes y se van venciendo con el tiempo, como el temor a la muerte, a la oscuridad o a las enfermedades, pero pueden reactivarse en una situación específica que remite a ellos. "Durante la infancia los ataques de miedo y ansiedad forman parte del desarrollo, y atravesarlos contribuye a estructurar la personalidad -remarca la psicoanalista, miembro didacta de IPA-, pero a veces esa vivencia puede ser muy intensa y desencadena situaciones de pánico y fobias".

Algunos los llevan al cuerpo y lo somatizan: tienen fiebre, trastornos digestivos, insomnio e inhibición de la conducta. ¿Pueden "enfermarse por temor a la enfermedad"? No exactamente, o al menos no es frecuente, señala Cruppi, pero sí es cierto que los chicos que sí están enfermos la pasan peor, es decir, tienen síntomas más fuertes. El temor los hace más propensos a la enfermedad, y esto les sucede tanto a los niños como a los adultos.

Los miedos -a la soledad, a la oscuridad, a los espacios abiertos, a las tormentas- se inician a partir de los dos años aproximadamente. Pero la conciencia de la muerte y de lo irreparable no aparece sino hasta los seis o siete años, cuando comienza a formarse el pensamiento abstracto. Por eso es posible que un niño menor de esa edad le diga a un adulto frases como "Ojalá te mueras": carecen del sentido de lo irreversible, e incluso si fallece alguien pueden pensar todavía, entre los 3 y los 6 años, que regresará.

Prevención. Algunas escuelas adoptaron medidas para incorporar la conciencia del cuidado sobre el dengue y la gripe. El apercibimiento por toser sin taparse la boca es un ejemplo. "Hay chicos que incorporan muy bien estas pautas, e incluso las transmiten en su familia".

En verano habrá que incorporar nuevas medidas a la vida cotidiana: colocarse repelente, eliminar el agua estancada y estar atentos a la presencia del mosquito. "La cuestión es tener en cuenta las precauciones que hay que tomar -señala la pediatra-. Si se incorporan como hábitos, como lavarse los dientes, es posible disminuir el miedo y lograr que los niños desarrollen sus actividades normalmente".

De padres a hijos

Contener a los chicos en sus temores y brindarles la información necesaria en un lenguaje accesible para ellos y acorde a su edad.

Recordar que el miedo es contagioso, en especial de padres a hijos.

El niño a partir de los 8 años, con la información adecuada, puede ser un agente de salud y llevar conocimiento a otros niños.

Aceptar si el niño (desde los 6 años) pide colaborar en medidas preventivas.

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