Aerofobia

MARTÍN FABLET

Por más Frequent Flyer que se sea, volar siempre genera cierta dosis de angustia. No se puede creer que ese cacho de fierro pueda transportarnos a 900 kms por hora y a 5.000 metros de altura. Seguramente el Neardenthal que seguimos llevando dentro nos susurra "los hombres no vuelan."

El psiquiatra argentino Claudio Pla Alem sostiene que uno de cada tres pasajeros tiene temor a alguna fase del vuelo. Va desde un malestar ligero a gente que la pasa muy mal, sufriendo crisis similares a las de un ataque de pánico. A toda esta sintomatología se la conoce como Aerofobia.

En el film de Barry Levinson, Rainman, Dustin Hoffman encarna a Raymond Babbit, un autista experto en números y estadísticas. De todas ellas rescato una en especial, la que se refiere a las catástrofes aéreas. Raymond no gustaba de volar para viajar, en cambio adoraba hacerlo en auto y lo hace en ese espectacular Buick Roadmaster.

Todos hemos oído que volar es la forma más segura de trasladarse, pero Raymond Babbit introduce el parámetro `tiempo volando` a la ecuación, provocando que la premisa original no sea tan favorable.

Nada nos ha trasladado tanto y con tan pocos accidentes como volar. Pero si analizamos la cantidad de horas de vuelo frente a la cantidad de accidentes, la relación no resulta del todo aceptable. Es más, el automóvil se vuelve más seguro que el avión.

Luego del accidente de Air France, la seguridad se volvió un tema recurrente y casi excluyente entre pasajeros. Pueriles son los disparates que se escuchan a la hora del check-in; y lo peor es que alguno suena coherente. Durante el vuelo nada pasa inadvertido. Las turbulencias, las tormentas y los rayos que solían ser sólo motivo de estrés, hoy generan impaciencia y en algunos casos histeria. Todo ello es debido a que se los menciona como posibles causas del pasado accidente. (Según Enrique Piñeyro son todo pamplinas, las turbulencias y los rayos no tiran aviones.)

Los números dicen que viajar en auto es más riesgoso que volar; no sé usted, pero yo me siento mucho más seguro al volante. (No sólo por los dichos de Raymond, sino porque además soy muy prudente).

Algunos analistas sostienen que esto se debe a dos razones netamente psicológicas. El síndrome de superioridad: todos nos creemos que manejamos fenómeno. Un interesante estudio realizado en los Estados Unidos mostró que el 95% de los conductores entiende que maneja mejor que la media, el BTA (Better Than Average). Resulta curioso que al ser tan alto el porcentaje, muchos de los que se consideran superiores, seguramente sean considerados inferiores por otros. Ese sesgo cognitivo por el cual uno mismo no se da cuenta de lo burro que es se llama punto ciego al prejuicio.

La segunda razón es la ilusión del control o triste ilusión. Cuando manejamos sentimos que tenemos todo bajo control. Nada se nos escapa, todo sucede como tiene que suceder. En cambio cuando volamos, estamos en manos del señor piloto, con todos su botoncitos, luces y relojitos. Salvando la distancia lo mismo sucede cuando viajamos en un Cutcsa.

Todo esto son puras habladurías propias de un neurótico y nada tienen de científico. La verdad sobre estos temas, o por lo menos información seria, la podemos encontrar en Airsafe.com. Allí se comparten estadísticas, consejos y hasta un ranking de compañías por cantidad de accidentes. No se haga mala sangre con ese vuelo que tiene pendiente. Piense en todas esas cosas ricas que comerá a bordo, en la señorita o señorito que seguramente se siente a su lado. Piense en el destino, piense en la preparación que tienen los pilotos y tenga bien presente que por más que el piloto sea nuevito, todos ellos cuentan con una gran bolsa llena de suerte y otra vacía de experiencia. La clave consiste en que logren llenar la de la experiencia antes que se les vacíe la bolsa de la suerte.

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