El sexo cotiza a la baja

| Los problemas económicos suelen afectar el deseo sexual. Hay parejas que se refugian en la intimidad para aliviar tensiones, pero en la mayoría baja la libido.

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El País

MARÍA INÉS LORENZO

La crisis financiera mundial está generando estragos en los bolsillos, pero también en la cama. ¿Razones? "Alguien exigido y angustiado por los problemas económicos ve afectada su vida sexual porque pierde estabilidad emocional y declinan sensiblemente sus fantasías", señala la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo, integrante del centro médico Plenus. Eso está sucediendo en todo el globo, incluido Uruguay, donde la crisis ya dijo "presente" con la reciente suba del desempleo y comenzó a hacerse un lugar entre las sábanas.

La inseguridad económica y la preocupación por llegar a fin de mes provocan discusiones (a veces efímeras, a veces no) entre la pareja que luego se traducen en una disminución de la libido o energía. Y no por falta de amor ni atracción. "Cualquier sacudón social importante hace que las personas tiendan a satisfacer primero sus necesidades básicas, como mantener el hogar y alimentarse, relegando la satisfacción sexual", explica el sexólogo y psiquiatra Carlos Moreira, de la clínica médica Másters.

Varones sufren más. Pero no toda recesión financiera ni pérdida laboral influyen negativamente en la cama, aclara Pombo. También pueden incidir de forma positiva, ya que hay quienes afrontan estos problemas con serenidad y tolerancia, y se refugian en la intimidad justamente para aliviar tensiones. No hay que olvidar que las relaciones sexuales ayudan a liberar endorfinas, hormonas que regulan la sensación de bienestar y relajación.

Así es que la preocupación por tener los bolsillos en aprietos puede ser una buena excusa para redefinir o profundizar el vínculo erótico y amoroso con la pareja, según los especialistas. "El hecho de dejar o no en segundo plano el placer dependerá de la historia, personalidad y situación económica de cada uno", acota el psicoanalista Jorge Bafico, aunque confiesa que los hombres mayores de 40 años suelen atemorizarse más que las mujeres ante los problemas de dinero. Para ilustrarlo, el terapeuta recurre al recuerdo de un paciente que solicitó su ayuda luego de la estrechez económica de 2002. "El hombre llegó, se sentó y me dio una carta que había escrito su mujer en la que se detallaba que él había perdido su trabajo y estaba angustiado. Se la devolví y le dije que yo no trabajaba con pacientes que no hablaran. El hombre amagó a irse, pero luego suspiró y confesó que, en realidad, padecía impotencia sexual".

Eso es bastante frecuente según la experiencia de Pombo, quien se anima a decir que, crisis en puerta, la libido disminuye más en ellos que en ellas, sobre todo si pasaron los 25 años, mantienen una familia o cargan con muchas obligaciones. "El varón se atemoriza más ante aprietos económicos o fatalismos generalizados porque estamos educados en una sociedad sexista donde él aún asume el rol (y la responsabilidad) de sustentar un hogar", analiza la sexóloga.

Además -agrega- a ellos les cuesta aceptar que perdieron el deseo sexual porque se pone en juego su hombría; si insisten en tener relaciones con su pareja es nada más que por cumplir con el mandato cultural de que siempre tienen que estar dispuestos.

El hombre lucha por conformar a su compañera pero igual llega a la cama preocupado y ansioso, lo que la mayoría de las veces termina ocasionando una disfunción eréctil (impotencia), dice la psicóloga. Las mujeres, en cambio, separan mejor los problemas laborales del encuentro íntimo y no pierden el erotismo, aunque también sucede que se acuestan con su pareja para ayudarlo a olvidar las preocupaciones, y entonces no lo disfrutan tanto.

SEXO DEVALUADO. "En tiempos de recesión económica se recortan gastos, y por ende, también las consultas por disfunción sexual", confiesa el psicoanalista Bafico. Se suele recurrir más al diván después de cuatro o cinco meses de iniciado el problema, agrega la sexóloga Pombo, que es cuando más o menos la persona comienza a percibir si la recesión monetaria afectará o no el bolsillo, y en qué medida.

De todos modos, se estima que sólo el 10% de los que necesitan una consulta sexológica acceden a ella porque la mayoría de los centros médicos públicos y privados (hospitales y mutualistas) no ofrecen ese servicio, denuncia el psiquiatra Moreira. "Tampoco las personas le dan la necesaria trascendencia a la disminución de la libido ni a ninguna disfunción sexual cuando en realidad sí son preocupantes", dice Pombo.

De hecho, la psicóloga indica que la ansiedad y excesiva preocupación por no perder el trabajo son los principales factores de riesgo de enfermedades como el hipogonadismo (disminución o ausencia de secreción de las glándulas sexuales) y el hipotiroidismo (baja de los niveles de hormonas tiroideas).

Pombo opina que la relación entre sábanas de los uruguayos está devaluada más allá del valor de la moneda. "Si bien la sexualidad se ha enriquecido en los últimos años porque la mujer tomó un rol más protagónico y demanda a su pareja un encuentro íntimo más placentero, lo cierto es que la sociedad le sigue dando más valor al éxito profesional", reflexiona.

El sexo siempre queda en el último lugar porque uno duerme poco, trabaja más, se alimenta de cualquier manera, y cuando llega a su casa está agotado y su cabeza aún le sigue dando vueltas. La gente le dedica menos tiempo a la recreación cuando ésta es fundamental para mejorar el estado de ánimo y disfrutar realmente el encuentro sexual, aseguran los especialistas, aunque también reconocen que el deseo tiene que tener tiempo y espacio para aflorar. Tal como aclara la psicóloga Pombo, "para eso hay estar descansado y despojado de toda preocupación". Si la persona teme quedarse sin trabajo la libido va a estar orientada hacia la resolución de ese problema, agrega. "Puede haber sexo pero éste es más bien mecánico, y seguramente disminuya su frecuencia con el tiempo".

¿Cómo revertir la situación? El psiquiatra Moreira explica que se debe consultar al médico ante la evidencia de los primeros síntomas de pérdida de deseo para ver si las causas de la disfunción son orgánicas o psicoemocionales; en base a eso, luego se realiza un tratamiento personalizado para reforzar el vínculo de la pareja. Eso lleva varios meses y se necesita de un trabajo interdisciplinario, es decir, con ayuda de un sexólogo, psiquiatra y psicólogo, quienes conjuntamente evaluarán si es necesario diagnosticar fármacos, terapia, o ambas cosas, finaliza Pombo.

Consejos de expertos

Juegos y estímulos eróticos para relajarse

"En períodos de recesión financiera, las personas suelen volcarse más a sí mismas y descuidan no sólo el aspecto sexual de la pareja, sino también la comunicación. Se genera una inestabilidad emocional, y eso no está mal siempre que los enamorados aprovechen una crisis para revitalizar la relación", señala la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo.

Una opción para motivar el deseo es que la pareja planifique espacios de encuentro íntimo exclusivos y que recurra a estímulos sexuales como cremas, perfumes, comida afrodisíaca, velas o lencería y juegos eróticos.

Eso sí, en ese instante hay que tratar de estar lo más relajado posible, coinciden los expertos.

El clima de la relación sexual tiene que ser completamente diferente al clima que se vive en el trabajo, indica el psicoanalista Jorge Bafico.

Debe tratarse para evitar más trastornos

La preocupación por los problemas económicos muchas veces genera insomnio, lo que deteriora la sexualidad porque da lugar a fatigas, dolores lumbares (de espalda) y disminuye la concentración, señala la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo. Y agrega que el trastorno íntimo que más inquieta a los hombres es la pérdida del deseo. "Generalmente ellos consultan antes que las mujeres, aunque no siempre a tiempo, y al principio no suelen admitir que la causa de ese problema sea la ansiedad, angustia o preocupación por una crisis financiera", dice. Los varones están acostumbrados a vivir de esa manera, indica la experta, y asocian los problemas de la cama al paso de los años o al desgaste de la pareja, cuando no siempre es así.

La Organización Mundial de la Salud define a la disfunción sexual (incluida la baja del deseo por preocupaciones laborales) como una enfermedad que, como tal, debe tratarse. "La impotencia, por ejemplo, tenga causas orgánicas o psicoemocionales, es un factor de riesgo importante de infarto cardíaco", detalla Pombo.

"Si bien es normal (y frecuente) que las personas experimenten una disminución o pérdida de libido ante situaciones de alerta económica o agobio, no hay que dejarlo pasar, porque eso puede condicionar la futura vida sexual", aconseja la psicóloga. Y asegura que los tratamientos para combatir las disfunciones alcanzan el 80% de eficacia.

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