MARTÍN FABLET
No estoy tan seguro que nuestra sociedad sea sexista. Es más, no sabría cómo definirla, ya que somos tan pocos y tan diferentes. El problema es siempre el mismo, la escala, esa casi muletilla que no permite definirnos ni tampoco funcionar económicamente.
Necesitamos crecer demográficamente, y si esto no es posible por la vía reproductiva, importemos a los jubilados japoneses. A partir de allí los estudios serían decididamente más precisos y la economía vería un anhelado repunte.
Pero volviendo a lo sexista e intolerante que podría ser nuestra sociedad, un parámetro interesante a considerar son los juguetes con los que juegan nuestros niños. Juguetes que regalamos nosotros, los grandes. Se dice que hay chiches para nenes y chiches para nenas. Si bien existe un tímido movimiento que pretende cambiar esa tendencia, los resultados son muy magros. Hasta los dos años, los juguetes son los mismos para niños y niñas, aborrecibles peluches, hipnóticos móviles, etc. Pasada esta edad, los purretes reconocen perfectamente lo que son juguetes para niños y para niñas. Algunos analistas entienden que es importante atender al tipo de chiche o juego, ya que probablemente influyan en el desarrollo de valores, hábitos y conductas en la edad adulta.
Las muñecas y los juguetes relacionados con la maternidad son los preferidos por las nenas. La pelota de fútbol y los soldaditos son los preferidos por los nenes. Afortunadamente está creciendo una franja de juguetes que podrían definirse como unisex. Los Legos (en mis tiempos, el Rasti), los que permiten jugar a los doctores (de todas maneras se puede jugar sin nada), y en especial los ordenadores. Todos ellos pueden ser compartidos por ambos sexos sin generar la angustia del tío machista o la decepción de la madrina feminista.
Aunque parezca insólito, la neutralidad que pretenden ostentar estos juegos unisex es mejor percibida por los adultos que por sus naturales usuarios. Probablemente seamos nosotros los que forzamos ese estereotipo deseado. "El nene me sale machito sí o sí".
Sería muy hipócrita de mi parte si dijera que no tengo inconveniente en regalar a un hijo mío una muñeca Barbie. Quizás sea una tara propia de un ginófobo. Los especialistas insisten y recomiendan regalar considerando a todos los juguetes como neutros, sin un sexo predeterminado. Especialmente insisten en el hecho de que es muy beneficioso que los niños jueguen con muñecas, con bebitos plásticos y otros juegos simbólicos relacionados con la vida hogareña. Supongo que lo que se busca es educar al niño en lo que será un futuro reparto de tareas, o que niños y niñas jueguen juntos. Para muchos padres esta opción es inadmisible, jamás permitirían que sus hijos pequeños se pinten los labios o gusten de bailar en puntitas con tutú. También están aquellos que fomentan juegos violentos, logrando que sus hijos canalicen toda su agresividad. Ninguna de estas actitudes son prudentes para un correcto proceso educativo. Si estamos en sintonía con las nuevas tendencias, busquemos juguetes unisex y no nos compliquemos la vida.
¿Didácticos? El Turbo Heather es un hipotético juguete que pretende parodiar este problema. Se trata de un potente auto a control remoto con una gran muñeca incrustada en el techo. De esta manera tanto nenes como nenas pueden disfrutar de sus prestaciones. Si no, véanlo en YouTube.
Por otro lado, Maite Romero, pedagoga del Instituto Tecnológico del Juguete (AIJU), instalado en España, dice que se debería erradicar el concepto del juguete que enseña, dado que al final todos lo hacen a su manera. Algunos fomentan el desarrollo motriz, mientras otros promueven las habilidades sociales y otros la imaginación.
Es importante que el niño no se vuelva un espectador de la sofisticación del juguete, ya que es ahí donde no hay aporte alguno por falta de interacción. El chiche se vuelve la vedette absoluta.
Pablo Neruda gustaba de guardar sus juguetes, y mostrarlos orgullosamente. Decía que no podría vivir si ellos. "El hombre que no juega perdió para siempre al niño que lleva dentro", sostenía el poeta.