Droga en boca de todos

La campaña electoral puso el tema sobre la mesa. Que hay que encerrar a los adictos, que hay que legalizar la marihuana, que la inseguridad es por la pasta base. Quienes trabajan día a día en las trincheras discrepan y explican cómo se trabaja en los centros que ningún candidato visitó.

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El País

C. NOTARGIOVANNI | M. HERRERA

Con apoyo familiar se obtienen mejores resultados, pero la mayoría "desaparece". Si se consigue la internación, consideran que se "sacaron el problema de encima".

El periodista lo apura con el micrófono y las luces: "Legalizar la marihuana, ¿sí o no? ¿Qué hacer con los consumidores de drogas?" Cautela, piden a los precandidatos y medios de comunicación desde los diferentes equipos multidisciplinarios que abordan a diario esa problemática. Autoridades, médicos y terapeutas de la Junta Nacional de Drogas, del Portal Amarillo, del Departamento de Prevención de Adicciones del INAU, así como del Centro de Tra- tamiento de Adicciones El Jagüel, del Dispositivo de Asesoramiento y Diagnóstico para Jueces y Menores, y del Módulo de Rehabilitación del Comcar, son contundentes: no se puede simplificar a mínimas expresiones el tema adicciones. No se puede hablar sin ningún rigor científico, "sueltos de cuerpo", se señala.

La respuesta al consumo abusivo no se encuentra ni en la legalización de la marihuana ni en la detención o internación compulsiva, como se ha escuchado en esta campaña electoral, dicen los profesionales. Todos quienes están a cargo de centros públicos relacionados a adicciones están dispuestos a recibir a integrantes de los partidos políticos, conversar con ellos, debatir y trasladar experiencias que, en muchos casos, resultan buenas, según relatan.

Hasta ahora, ningún precandidato de ningún sector, oficialista o de oposición, ha solicitado recorrer el Portal Amarillo, el centro El Jagüel de Maldonado, u otros de los dispositivos de asistencia. "Tenemos ganas de llamar a todos los candidatos", dice la directora ejecutiva del Portal Amarillo, Susana Grunbaum. "Por ejemplo, no logro transmitir la idea de la importancia que tiene el ambulatorio. Pero no solamente por la cantidad de camas disponibles o no, sino porque la internación no es la solución para la gran mayoría. Hay personas que están 10 o 15 días muy bien durante la internación, pero cuando salen nada cambió", agrega.

"El encierro no cura", concuerda la psicóloga Pilar Igoa, coordinadora del Dispositivo de Asesoramiento y Diagnóstico del Poder Judicial, ubicado en el Hospital Maciel. "En algunos casos de jóvenes con un consumo importante, debe preservársele la salud y quizás deba estar un tiempo internado. Pero se sabe que eso no cura, sino que hay que trabajar en sus vínculos con la familia, referentes, amigos", agrega.

"Cada persona tiene una historia de vida atrás que lo condiciona a determinadas cosas. Y con encerrar no hacemos nada. Debemos trabajar para que ese joven logre comprender en su totalidad el daño que se está provocando", indica la médica psiquiatra Victoria Pinelli, directora del departamento de prevención del INAU (ver recuadro).

Por su parte, el secretario general de la Junta Nacional de Drogas, Milton Romani, señala que es la primera vez que Uruguay tiene servicios públicos de tratamiento de adicciones. "Ahora se trata de que todo el sistema de salud, público y privado, en los tres niveles (de atención), se sume al esfuerzo. Pero las experiencias en cuanto a conformación de equipos multidisciplinarios, capacitación, innovación de herramientas sobre la marcha, motivación de los diversos técnicos, son un gran logro. En el subsector privado tenemos un debe. El mutualismo avanza, pero muy lentamente. Mezquina y torpemente, diría, porque la modalidad interdisciplinaria -que combina diferentes abordajes y no somete sólo a la internación psiquiátrica- es muchísimo más barata y eficiente. Invito a los parlamentarios, de todos los partidos, a que conozcan de cerca todas estas experiencias. Desgraciadamente en campaña electoral se hablan tantas cosas tontas que me da vergüenza ajena", enfatiza.

Desde todos los escenarios temen la "banalización" de una realidad dura. Es cierto que la mayoría de las veces, el tema llega a la luz pública de la mano de un acto de violencia, y por eso genera alarma y críticas. Pero, además de esos casos, indican los expertos, existen otros miles de jóvenes y adultos -de todas las esferas socioculturales- que tienen problemas con el alcohol, los psicofármacos y las drogas ilegales.

"Nos manejamos con la idea de causa única. Porque le tenemos que dar una explicación rápida y concreta a algo que no explicamos (delitos). No vivíamos en una sociedad impoluta y bella, a la que vino la pasta base y se pudrió todo. Es al revés: se pudrió todo y allí se coló la pasta base, que empeora las cosas y tiene un impacto demoledor en la convivencia. Pero también el alcohol hace estragos, aunque su nivel de integración sea tan grande que no se percibe como tal. La violencia doméstica es uno de los delitos más frecuentes asociados al consumo de alcohol (no digo que sea la causa). No le quito gravedad ni implicancia a las drogas ilegales. Sólo digo que al César lo que es del César, y a la pasta base lo suyo, que con eso tenemos bastante. Además, la vulgarización de la problemática ha creado una especie de coartada para los pibes chorros. El que delinquió, delinquió. Si además consume, tenemos un problema sanitario para intervenir. Pero no generemos una especie de atenuante: `Ah, pobrecillo, como se drogaba no tenía más remedio que afanar`. No. De la misma manera que no se puede justificar la venta de drogas por la indigencia. El que vende pasta base es un hijo de puta que atenta contra sus hermanos de pobreza. Punto", afirma Milton Romani (ver entrevista en página 3).

EL PORTAL. En el día de hoy, 15 uruguayos golpearán las puertas del Portal Amarillo en busca de ayuda. El 85% será del sexo masculino, mayoritariamente entre 20 y 24 años y usuario de pasta base. Horas más, horas menos -según la demanda y el momento en el que llega- serán atendidos e ingresados a uno de los grupos disponibles que están coordinados por equipos multidisciplinarios, integrados por un staff de 55 profesionales entre médicos, psiquiatras de adultos, adolescentes y niños, psicólogos, trabajadores sociales, encargados de los talleres, enfermeros, administrativos y maestras.

Una vez realizado el diagnóstico, los profesionales definirán a qué dispositivo será derivado: internación, hospital diurno o ambulatorio. La capacidad de las camas (20 en total, y 35 en un futuro próximo) está casi colmada, aunque no completa. ¿Cómo se trabaja con 20 camas y 100 pacientes por semana? La internación representa un medio protegido para que el paciente no tenga el acceso a drogas, pero el verdadero tratamiento es desde el equipo multidisciplinario en el ambulatorio, indica la directora ejecutiva del Portal, Susana Grunbaum. "Se deben dar herramientas a la persona para que no consuma afuera", agrega la médica psiquiatra Eva Migues.

El psicólogo Miguel Silva, supervisor del equipo técnico, lo explica: "No es un problema de sustancias, sino de vínculos. Si se tiene una relación tóxica -ya sea con drogas ilegales, legales, con el juego, Internet o la comida-, primero existieron matrices vinculares, en la familia, el barrio o el entorno, entre otros, que no funcionaron bien. Eso hace que el paciente no tenga las habilidades básicas como para relacionarse sanamente con la gente. El desafío clínico es, desde una propuesta interdisciplinaria, brindar a los usuarios herramientas de inserción social. Por eso las propuestas de internación -que de por sí resultan desvinculantes- son justamente el talón de Aquiles de los tratamientos. Es una realidad ficticia, que luego también produce síndrome de abstinencia cuando la persona vuelve a su entorno social".

En el primer cuatrimestre del año, 600 pacientes realizaron 1.486 consultas. De ellos, 86 fueron internados. Si se mantiene esa tendencia, se superará ampliamente el número de consultas registrado en 2008: 5.200.

Los encuentros grupales y talleres varios constituyen el núcleo del tratamiento, que básicamente consiste en brindar herramientas y educar en nuevas formas de vincularse.

Maldonado. Idéntico enfoque terapéutico tiene el equipo multidisciplinario del Centro de Tratamiento de Adicciones El Jagüel, destinado a los residentes fernandinos con carné de asistencia y que no estén cumpliendo pena de prisión. Para la modalidad de internación cuentan con una casa con 20 camas que se ampliará a 30 no bien terminen las obras ya comenzadas. Además poseen dos camas de desintoxicación, disponibles en el Hospital de Maldonado, y para el formato ambulatorio cuentan con policlínicas en Piriápolis, Pan de Azúcar, Maldonado y San Carlos. Desde agosto del año pasado, El Jagüel ha alojado a 90 internados.

La mayoría de los usuarios llega a través de Salud Pública, especialmente de los Grupos R (de rescate) operativos en el Hospital de Maldonado. El 80% pertenece al género masculino, tiene entre 14 y 23 años y dejó el liceo en primer o segundo año. Como sucede en el resto de los dispositivos, el consumo de pasta base es lo que motiva la consulta, pero la adicción está asociada a otras sustancias, como marihuana, cocaína y alcohol.

Los talleres constituyen una parte importante del tratamiento, al igual que la terapia grupal y/o individual. Los hay de musicoterapia, cocina, inglés y portugués. También reciben la visita de un grupo de poetas que se acercan a leerles y que les regalaron una biblioteca. En verano hacen paseos, como visitar el tambo Lapataia, andar en canoa por La Barra o subir al bote banana. "Los muchachos comentaban que hacía años que no disfrutaban sin la droga; porque antes no podían divertirse sin ella", explica la directora técnica del Centro, psiquiatra Alicia Muñoz. El Jagüel funciona gracias a un convenio entre el INAU, el MSP (Asse) y la Intendencia de Maldonado.

Curación. Se debe pensar, dicen los expertos, que se trata de una enfermedad crónica con recaídas. "En una sociedad como la actual, no hay bicho humano que no tenga algún consumo problemático de algo. El tema es que en una adicción instalada, el tipo de vínculo que se establece con la sustancia y con el entorno adquiere dimensiones superlativas", dice el psicólogo Silva. Por eso no se habla de curación sino de porcentaje de pacientes que continúan en abstinencia y funcionando en forma adecuada en lo social y familiar. De una pesquisa que se realizó el año pasado, telefoneando a 100 personas que habían pasado por el Portal, el 52% continuaba sin consumir sustancias. "Lo interesante es que las familias señalaban que se llevaban mejor con el paciente", aclara Susana Grunbaum. "El pronóstico futuro y los plazos de los tratamientos son mucho más favorables y cortos cuando se puede trabajar también con la familia, cuando ésta se involucra en forma comprometida. Pero es muy difícil, incluso que vengan a la visita", señala Juan Triaca, psiquiatra y director técnico del ambulatorio y centro diurno.

"Es triste pero desaparecen. Y nos es muy difícil para el equipo multidisciplinario convocarlos. Cuando siente que les sacaste el problema, la familia no quiere saber más nada", se lamenta la doctora Migues.

Aislados del resto, presos del Comcar reciben tratamiento

Una de las poblaciones más afectadas por el consumo de sustancias legales e ilegales es la carcelaria, y a ella apunta un ambicioso proyecto que se ha puesto en marcha en el Comcar, a cargo de un equipo multidisciplinario integrado por médicos, psiquiatras, psicólogos, enfermeros y asistentes sociales.

El dispositivo tiene ocho meses de vida, durante los cuales se ha logrado por primera vez que el sistema penitenciario cuente con un módulo donde convive un núcleo reducido de presos en tratamiento por consumo de drogas. La idea macro es llevar la experiencia, transcurridos dos años, a toda la población carcelaria del Uruguay.

"Ha bajado muchísimo el promedio de edad de los presos: 25 años. Pensamos que un paso central para abordar el tema de la rehabilitación es trabajar en drogas. Es central dado que hemos visto que las causas que han llevado por este camino a esta población casi adolescente tiene que ver mucho con las pautas de consumo. Antes se veía alcohol y cocaína, y ahora se observa bastante más la pasta base y la marihuana, y en forma más masiva. Eso lleva a un deterioro más rápido. Hay muchos jóvenes con un nivel de deterioro físico irreversible", dice Luis González, coordinador del proyecto y psicólogo de la Dirección Nacional de Cárceles.

"Nos tomamos un buen tiempo en seleccionar el equipo y entrenarlo porque consideramos que era fundamental para no fracasar, como (pasó con) dispositivos anteriores cuyos grupos habían sido improvisados y carecían de la capacitación necesaria. Una vez formado, nos tomamos otro buen tiempo también para la selección de los jóvenes entre 18 y 32 años que serían parte del proyecto piloto", agrega el experto.

Luego de ocho meses de trabajo y capacitación del grupo, desde hace 30 días los presos elegidos conviven en un módulo chico del Comcar. "Por medio de entrevistas, fuimos seleccionando a quienes realmente tenían problemas con las drogas y querían rehabilitarse, e investigamos sobre sus redes y apoyos afuera del penal. Porque además de trabajar con los internos, también lo hacemos con sus familias. El proceso no sólo implica el tratamiento, sino también su seguimiento. Porque muchas de estas personas cuando vuelven al núcleo central de la cárcel recaen. Es fundamental, para luego sistematizar y ampliar el dispositivo a todas las cárceles, ver qué vida tienen estos jóvenes luego de que egresan del equipo".

Según González, básicamente se trabaja con consumidores de marihuana, pasta base y psicofármacos. "El que se observa más es el que en la jerga carcelaria se denomina `canica`, una pelotita en la que mezclan todo tipo de psico-fármacos y lo toman como cualquier cosa".

La justicia tiene adonde derivar

Es fácil sospechar que la droga no está ausente de la problemática que llega a los juzgados de menores. Para esos casos se creó hace seis meses el DAD, Dispositivo de Asesoramiento y Diagnóstico del Poder Judicial, resultado de un convenio entre la Suprema Corte de Justicia, la Junta Nacional de Drogas, el MSP y el INAU. El DAD funciona en el Hospital Maciel.

Los niños y adolescentes menores de 18 años llegan por derivación de un juez especializado, ya sea en familia o en adolescencia. Entonces el equipo de profesionales del DAD hace el diagnóstico y la posterior coordinación con los demás centros de tratamiento, tanto públicos como privados.

"Tenemos el perfil de funcionamiento de cada centro y de acuerdo a la situación de cada chiquilín vamos viendo qué lugar se adapta mejor para su tratamiento", explica la psicóloga Pilar Igoa, coordinadora del dispositivo. "En esto influyen las edades (no todos reciben a menores), el sexo, si tuvo conflicto con la Justicia, si además del tema del consumo tiene una patología psiquiátrica, etc.", agrega. Que un juez derive a un menor al dispositivo no implica necesariamente que éste haya violado la ley. Muchas veces son las propias familias las que se acercan a un Juzgado a pedir ayuda porque no saben qué hacer. Es también en estos casos que el magistrado puede pedir intervención del DAD. La mayoría de las consultas corresponden a varones, que en general son policonsumidores de sustancias como alcohol, marihuana, tabaco y, la que predomina: el bazoco, mezcla de marihuana y pasta base.

El DAD no atiende emergencias. Los cuadros de abstinencia son derivados de inmediato. Al momento no han tenido dificultades para coordinar consultas o internaciones en los demás centros. Tampoco les ha pasado que no haya lugares disponibles, aunque el principal inconveniente es la derivación de menores de 14 años. "Porque hay muy poco lugares", señala Igoa. El equipo multidisciplinario está integrado por un psiquiatra infantil, dos psicólogos, dos educadores y una licenciada en trabajo social.

Atención a menores

Todos los menores de 18 años del Uruguay que tengan un uso problemático de drogas pueden consultar en el Departamento de Prevención de Adicción del INAU, que desde noviembre del año pasado cuenta con una residencia de internación en San José, y un hogar diurno (funciona desde 1998, pero sin esas prestaciones).

Allí también se trabaja bajo distintas modalidades de atención según el cuadro y el perfil del usuario. Quienes no tienen una familia que pueda continentarlo tienen la posibilidad de ser internados en el residencial, donde hay espacio para 20 personas. Hasta el martes había 13 internados provenientes de los departamentos de Canelones, Soriano y Montevideo.

Aquellos que sí cuentan con referentes familiares son atendidos en la modalidad ambulatoria o de hogar diurno. También en este caso la pasta base es la droga que motiva la consulta, aunque casi siempre está asociada al consumo de otras sustancias. Un equipo multidisciplinario evalúa la mejor modalidad para abordar el problema. "Lo que siempre tenemos en cuenta es que el joven quiera hacerlo. Si pedimos internación y él se niega, tratamos de conservar un vínculo de forma de dejarle las puertas abiertas para poder trabajar. Entonces podemos proponerle empezar con un ambulatorio y después ver cómo sigue. La idea es que quede vinculado. Trabajamos con niveles de baja exigencia para poder captarlos mejor", explica la psiquiatra Victoria Pinelli, directora del departamento.

Bajo esta óptica, el éxito del tratamiento se mide más por los vínculos que por la abstinencia. Esto implica recomponer los lazos dañados por el consumo y la inserción escolar y/o laboral. "Lograr sólo que no consuma pero sin conseguir que estudie, que trabaje, que se inserte, lo consideramos un fracaso", señala.

El policlínico registra unos 340 ingresos nuevos por año. En algunos casos se hace una derivación con otros centros con los que tienen convenio, como Manantiales o Renacer.

Las cifras

65% De los uruguayos entre 12 y 65 años declararon haber consumido alcohol en los últimos 12 meses. El 50% lo consume habitualmente.

0,8% De toda la población han experimentado con pasta base. En las zonas de prevalencia en Montevideo (periferia y noreste) alcanza al 8%.

34,7% Dijo haber consumido tabaco en los últimos 12 meses. Es la segunda droga más consumida por los uruguayos; 14 cigarros p/día promedio.

22% De la población ha consumido tranquilizantes/hipnóticos/antidepresivos alguna vez en su vida.Mujeres consumen el doble que los hombres.

4% De la población entre 12 y 65 años declaró haber consumido cocaína en alguna oportunidad; el doble que en un estudio de 2001.

El dato

Para pedir ayuda

Portal Amarillo. Servicio telefónico: 309 1020, de 8 a 22 horas.

Centro de tratamiento El Jagüel (Maldonado). Servicio telefónico: (042) 490134.

Departamento de Prevención de Adicciones del INAU. Servicio tele-fónico: 203 7195.

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