¿Nada personal?

IGNACIO ÁLVAREZ

Hoy de mañana, en la Radio, Gerardo Sotelo se acercó a hacerme una curiosa pregunta: "¿A vos Daisy Tourné te da entrevistas?" Mi carcajada debe haber atravesado la aislación acústica del estudio: desde 2007 que la Ministra no me da entrevistas. Quise llevarla varias veces a "Pan y circo", el programa que conducía en Canal 10, pero sus asesores sistemáticamente alegaban que no podía por problemas de agenda. Hasta que les ofrecí que ellos fijaran la fecha, y la verdad cayó por su propio peso: la multimediática ministra, que había recorrido cuanto medio de comunicación se lo propuso, no quería ir a mi programa que era el periodístico más visto del momento, con una audiencia promedio de 120 mil telespectadores.

Pero por lo visto no soy el único. De hecho, la pregunta de Gerardo surgió porque esta semana, desde el entorno de la Ministra le hicieron llegar el mensaje de que no iría a su programa "Dicho y hecho". Y aquí debo ser claro: puedo entender que algunos de mis comentarios en radio Sarandí hayan molestado a la Ministra en varias oportunidades, o que el sarcasmo de ciertos personajes humorísticos de "Las cosas en su sitio" la hayan irritado (como si ella no fuera sarcástica y hasta ofensiva con algunas de sus declaraciones públicas). Pero me consta que Sotelo tiene un estilo mucho más sobrio -aunque igualmente independiente-, por lo que no me queda otra que concluir que para Daisy Tourné y sus asesores, hay una suerte de lista negra integrada por periodistas críticos que ella siente que no la quieren. Y no es la única.

Sin ir más lejos, María Julia Muñoz llegó a hablar de un "eje del mal", conformado por periodistas que se reunían a conspirar contra el gobierno. Y lo dijo días después de que la revista oficialista Caras y Caretas publicara que un grupo de periodistas, entre los que me encontraba yo, nos reuníamos los jueves al mediodía a comer buseca mientras complotábamos contra el gobierno del Frente Amplio (por si hace falta, aclaro que por aquellos tiempos dedicaba los mediodías de los jueves a reunirme con los compañeros de Zona Urbana en Canal 10, para evaluar el programa pasado y planificar el siguiente; y que lejos de la buseca pedíamos panchos o chivitos a La Pasiva).

Menudo problema el de discriminar a los periodistas según le caigan mejor o peor al gobernante de turno. Porque si es un buen periodista, tarde o temprano va a terminar incomodándolo, por más simpático que le caiga. Como le pasó hace 15 días a la propia Daisy Tourné con Joel Rosemberg, en su programa de Océano FM del que la Ministra se confesaba fan: "Usted parece vocero de la oposición", le dijo en un momento.

Es que de eso se trata, Ministra: no de ser de la oposición, sino de confrontar las opiniones del gobernante con los argumentos de la oposición. Y viceversa. ¡Es un recurso tan viejo como el periodismo! Pinchar al entrevistado, evitar que se escape por la tangente, poner a prueba la fortaleza de sus razonamientos, contrastar los datos que brinda con los de sus adversarios; pero siempre con apertura de espíritu y sin prejuicios que flechen la cancha en ningún sentido. En definitiva, buscar esa utopía de la verdad última de las cosas; inasible por definición, pero a la que los periodistas intentamos aproximarnos, para que la gente se haga una composición lo más completa posible de lo que está pasando a su alrededor. Porque ellos son los destinatarios de nuestro trabajo: del suyo, Ministra, y del mío. De la misma forma en que cuando se niega a ir a un programa no sólo castiga al periodista, sino sobretodo al público que elige esa propuesta para informarse. Público al que usted debe rendir cuentas, porque es el que la votó y/o a quien gobierna.

Claro que no está obligada a ir a ningún medio, y tiene el derecho de elegir a quien quiera para hacer sus declaraciones. Pero no parece muy democrático que excluya a los más críticos, y menos cuando se trata de notorios referentes en los medios de comunicación. (En momentos de entregar esta columna me entero que tampoco hace declaraciones a este diario).

Yo no puedo hablar por todos los demás, pero de mi parte y de los periodistas que conozco bien, no hay nada personal ni interesado cuando criticamos a alguien. A mí no me importa a quién estoy perjudicando o favoreciendo con la información que estoy dando o con el análisis que estoy haciendo. Porque mi único objetivo es ser leal con mi conciencia y con la gente que me escucha. En su momento les tocó a los ñoquis de la Intendencia colorada de Canelones, o a los jerarcas blancos y colorados del Correo, y ahora al Intendente De los Santos o a Juan Carlos Bengoa. Me da lo mismo que sean blancos, colorados o frenteamplistas, así como me indigna de la misma forma que, sean quienes sean, se burlen de nosotros y curren con nuestro dinero. Sé que ese es el sentir de muchos uruguayos, aunque también conozco a algunos que se rasgan las vestiduras cuando advierten una chanchada en tiendas ajenas, pero barren debajo de la alfombra si se trata de un compañero.

Por supuesto que hay medios y periodistas corruptos que buscan manipular la información deliberadamente para favorecer a unos o perjudicar a otros, pisoteando su compromiso con la gente. Tabaré Vázquez tiró el gato sobre la mesa cuando enumeró a "los medios de oposición". Es un tema delicado, porque todos sabemos que hay medios alineados con partidos de la oposición, así como también hay medios alineados con el oficialismo. Pero ni eso quiere decir que operen políticamente, y a su vez, dentro de cada uno de esos medios hay periodistas que pueden o quieren trabajar con más o menos libertad e independencia. Y también hay medios independientes con mejores o peores periodistas. (Miren que muchas veces lo que es leído como intencionalidad política puede ser una burrada fruto de la ignorancia, y lo que es interpretado como "manija" puede ser una mera búsqueda del rating).

El punto es que criticar al gobierno de turno no significa necesariamente ser de oposición. Es más, en alguna medida todo periodismo debe ser "de oposición", en el sentido que se opone al poder. Un poder que siempre va a procurar ocultar sus falencias para ensalzar sus virtudes, mientras en la otra punta los periodistas nos las ingeniaremos para desnudar sus inconsistencias y mostrar la realidad, o lo más parecido a ella. igalva71@hotmail.com

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