En su nombre

IGNACIO ÁLVAREZ

Pablo tiene 32 años. Es oriundo de Melo y desde el ´97 vive en Montevideo. Se dedica al service de computadoras, y así fue que lo conocí, cuando como tantos de nosotros necesité que alguien me sacara de mi ignorancia informática, instalándome antivirus, actualizándome programas, pirateando juegos y arreglándome la máquina cada vez que se taraba. Un gordo macanudazo; con la sencillez, la viveza y la generosidad de la gente de afuera. Fue un día de diciembre del 2006 que lo llamé por un problema con mi PC, pero no me atendió. Claro, cómo me iba a atender si lo estaban operando de urgencia. Se había sentido mal, y cuando los médicos decidieron abrirlo, se encontraron "con un cáncer más grande que una casa", según me contó días después. Cáncer de colon a los 28 años. Y para peor, con metástasis en los ganglios.

Iván es mi amigo del alma. Tiene mi edad (37), y con él hicimos el liceo juntos. Me acuerdo que la primera pelea la tuve con él: pero no como contrincante sino como aliado, frente a dos matoncitos que nos habían metido el peso porque no los dejamos pasar primero por la puerta que daba al patio. Cortamos pa` la salida, y bajamos a la rambla a arreglar las cosas a las piñas, cortejados por decenas de compañeros que nos seguían. No pasó a mayores; sólo metimos algunas manos y recibimos otras. Pero golpes duros fueron los que nos dio la vida años después, cuando nuestras madres murieron de cáncer. La mía a los 48 años; la de él, el año pasado. Y su padre, Jorge, convive con un cáncer de próstata desde hace 12 años.

Clarita trabaja conmigo en la Radio. Lejos de lo que su status y su apellido puedan hacer pensar, es una tipa súper sencilla, de la planta, canchera, simpatiquísima, hermosa, ¡y con un rostro de piedra para cantar cumbias al aire en Sarandí! Pero a fin del 2007 dejó de cantar, cuando después de un estudio de rutina, a los 27 años, su médico le dijo que tenía cáncer de mama.

Cuánto dolor, cuántas lágrimas, cuánta injusticia. Pero por suerte Pablo y Clarita hoy están muy bien, aunque sin bajar la guardia. Adela vivió años con el cáncer a cuestas y pudo conocer a Julia, su primera nieta. Y Jorge, ya viudo, la va llevando con un espíritu encomiable. Aunque con eso no alcanza, y los cuatro agradecen los beneficios de un aparato que no existe en Uruguay porque el gobierno no permite su importación: el ya famoso PET (Tomografía por Emisión de Positrones). Una tecnología que no es mágica, pero que los oncólogos más destacados del mundo valoran como imprescindible para detectar los tumores malignos a través de imágenes.

A Jorge le permitió detectar un tumor de 5 cm. por 2,9 cm. en el recto, que sin embargo no había sido diagnosticado por una batería de tomografías, resonancias, colonoscopías, etc. "Si el PSA te da menos de 4, creés que sacaste la grande. Pero el PET me descubrió un tumor que no es hormono-dependiente", explica indignado.

A Adela, su esposa, el PET le permitió determinar qué tenía y definir una quimioterapia, en momentos en que sus médicos ya no sabían qué hacer.

A Pablo, el PET que se hizo en San Pablo le dio la mala noticia de que los ganglios inflamados a los que los oncólogos no le daban importancia, contenían células cancerígenas activas. Pero gracias a eso inició rápidamente un tratamiento, y suspira aliviado porque "me ahorré una operación y un año de pruebas"

A Clarita la intervinieron en enero de 2008 en Nueva York: "Clarita is cancer free", dijo la enfermera. Pero el médico, más cauto, le explicó que antes de cantar victoria había que hacer "el examen definitivo". El PET dio perfecto, cuenta eufórica: "Imaginate el festejo por tener la tranquilidad de saber que no quedaba nada". Y volvió a cantar cumbias.

Por suerte mucho se ha escrito sobre el PET en los últimos meses, aunque nada parece hacer cambiar la decisión del gobierno de prohibir su importación por parte de privados -como lo viene haciendo desde el año 2006-, mientras se espera que el Estado construya el suyo para fin de año, en medio de acusaciones de favorecer a un fabricante en detrimento de otro. Las autoridades esgrimen todo tipo de argumentos: desde que sus beneficios son relativos (¿y entonces para qué el Estado está invirtiendo 20 millones de dólares en uno?); que la sustancia radiactiva a inyectarse tiene una vida útil muy corta (si se traslada de Buenos Aires a Rosario, que son cuatro horas de viaje, ¿por qué no podría traerse de Buenos Aires a Montevideo en media hora?); que en Uruguay no hay personal capacitado para manipularlo (no parece una misión imposible y algún día hay que empezar, ¿no?); que los privados no dan la seguridad ni las garantías necesarias (¿y acaso no está el MSP para controlarlo, como ocurre con tantas sustancias radiactivas?); que el PET público va a ser suficiente para la población uruguaya (no es lo que dicen las estadísticas internacionales, que recomiendan un PET cada millón de habitantes); que los estudios hechos en el Hospital de Clínicas van a permitir un uso masivo, independientemente del poder adquisitivo del paciente (¿y mientras tanto sólo se lo pueden hacer los "ricos" que tienen tres mil dólares para viajar al exterior?); que el Estado debe liderar los procesos de introducción de tecnología médica (no es lo que ocurrió con el acelerador lineal, el resonador magnético, la tomografía computada de cuerpo entero, y tantos otros avances que fueron traídos al Uruguay por parte del sector privado, dentro del cual figura la clínica de Tabaré Vázquez).

Es curioso, un Presidente oncólogo que ha declarado que "es educando y en la prevención que vamos a vencer a esta enfermedad", y que contó que "hace como 20 años concurrí a un congreso en Viena de la asociación de energía atómica. Ahí un técnico de la OMS dijo algo que me abrió enormemente la cabeza: definió a los países como oncológicamente desarrollados y oncológicamente subdesarrollados. Yo decía, caramba, debe tener algún parámetro para medirlo así. Y este hombre dio los parámetros: los países oncológicamente desarrollados son los que primero diagnostican al cáncer en etapas más tempranas, tienen tasas de curación más altas, y gastan menos dinero para curar a más gente. Los subdesarrollados son los que detectamos el cáncer en etapas más tardías, curamos menos y gastamos más."

Este es el mismo Presidente que cuando le solicité una entrevista para hablar exclusivamente del PET, le pidió a su secretaria que me enviara el siguiente mail:

Sr. Ignacio Alvarez:

Con referencia a lo que conversáramos hace unos días, le transcribo por indicación del Dr. Tabaré Vázquez un párrafo de la publicación llamada "Manual Práctico de Oncología Clínica del Hospital Sirio Libanés 2008" publicada con el apoyo de Roche, que en su página 4 dice:

"....El PET-TC puede ser útil en pacientes en estadio III (Radio/Clin N Am 42:1113,2004), sin embargo, no tiene valor en pacientes en estadios precoces cuya tasa de verdaderos positivos es muy baja y la tasa de falsos positivos es del orden del 10% (J Clin Oncol 24 (185):10s2006, abstr 530). Todas las pacientes deben tener la determinación de los receptores hormonales (RH) de estrógeno y progesterona y del HER-2 (aplicable solamente al componente invasivo) antes del inicio del tratamiento. No existe indicación para realización de CEA y CA 15-3 en estadios I y II."

Más allá del lenguaje críptico de los médicos, el mail del Presidente suena a relativización de los efectos del PET. Y lo dicen prestigiosos médicos del Hospital Sirio Libanés. Claro que ese es también el mismo hospital donde se atendieron Pablo, Jorge y Adela, y el mismo que en su página web informa que "entre los equipos responsables por la rapidez y precisión de los exámenes está el PET/CT que, con circuito de coincidencia y corrección de atenuación, permite realizar estudios minuciosos con emisores de positrones".

Como sea, a través de esta columna le agradezco al Presidente la información suministrada, y le reitero mi intención de hablar en profundidad sobre el tema. En el nombre de Pablo, de Clarita, de Jorge y de Adela, que desde arriba y junto a mi madre, me atrevo a creer que también lo deben esperar, así como todos los uruguayos, de los que el cáncer es la segunda causa de muerte.

igalvar71@hotmail.com

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