El otro INAU, el de las buenas noticias

| El universo abarca casi 70 mil niños y adolescentes. Más de 4.500 duermen en sus dependencias. Se dan 200 becas laborales anuales a jóvenes en situación de egreso. Pero hay déficit de personal.

 20090418 360x250
El País

LEONEL GARCÍA

Aproximadamente el 90% de los que acceden a becas quedan insertos dentro del mercado laboral. Educar, contener y fortalecer vínculos son tres de las claves.

Braulio pone a prueba la flexibilidad de sus brazos y piernas. Su compinche Juan José le sigue sus pasos de aprendiz de contorsionista. Es difícil para los educadores del centro Timbúes calmar a una docena de chicos de 12 a 14 años muy activos para dar inicio a la "asamblea", la reunión de conversación de los lunes, en el salón mayor del hogar. Finalmente, se forma "quórum" en ese espacio adolescente del INAU. "Chicos, ¿qué ven en la televisión cuando se nombra el INAU?" Lentamente, las palabras comienzan a fluir. "Fugas", "relajo", "menores robando". "Y, ¿qué les parece a ustedes?" Mario, quien hasta el momento se había mantenido en silencio, deja el cuaderno en el que escribía y dice: "Está mal, nos meten a todos en un hueco así… mal". En un niño, la bronca es inconfundible en su tono de voz. La sigue Jamie: "(El INAU) es un lugar donde hay gente".

Los chicos de la Colonia Berro y sus motines son parte del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay; Braulio, Juan José, Mario y Jamie también. Lo mismo pasa desde los tres meses de vida con Katherine y Amaia, hoy de dos años, quienes juegan en el hogar Creciendo al Sur, en calle Maldonado. Este universo también abarca a Ana Paula, de 17 años, que acaba de recibir un diploma de orientación vocacional y aspira a recibir una beca laboral. Recientemente se les unieron Cielo y Beatriz, dos mellizas de seis meses que hace días se encontraban en situación de calle y hoy duermen en un centro de Tiempo Completo en la calle Propios. Todos ellos integran este mundo de 67.898 menores, según datos de febrero del Sistema de Información Para la Infancia (SIPI) del INAU.

El mundo extra-Interj, ¿es el otro INAU? Ninguno de los distintos responsables del instituto consultados disimulan que esa apreciación -"el otro"- no les causa ninguna gracia. "El INAU es todo", es la invariable respuesta. En cambio prefieren enfatizar en varios conceptos -"contención", "marcos", "promover derechos", "fomentar vínculos con sus referentes, familiares o no"- como la clave para que la mayor parte de ese universo de casi 70 mil menores salga adelante.

Tapes y Agraciada. Mediodía de un viernes. Momento de alegría en la División Atención Integral a la Familia (DAIF) del INAU. Es el último día del taller de inserción laboral y trece jóvenes reciben su diploma. Pasan Gonzalo, Virginia, Ignacio, Jessica, Michael... Cada nombrado recibe el aplauso de sus compañeros y el beso de sus asistentes. Es el fin del inicio de un proceso: conseguir una beca de trabajo.

"Recibimos chicos de entre 16 y 18 años (todavía a esa edad hay gente bajo tutela del instituto) de todo el INAU en situación de posible egreso y que tienen deseos de trabajar; eso es fundamental. Entonces comenzamos un proceso de un mes y medio o dos donde intentamos que los jóvenes piensen en su vida como un proyecto, donde lo laboral y lo educativo se conjunten", dice el psicólogo Alejandro Bouzó, del departamento de Orientación Laboral del DAIF.

Cada año, unas 200 becas laborales por un año, prorrogables por otro, llegan a esa institución. Son para trabajar en distintas dependencias de organismos públicos como UTE, Loterías y Quinielas, Correos, las Intendencias de Montevideo, Soriano y Colonia, y el propio INAU. Se están por suscribir convenios con Antel y la comuna de Salto. Hace unos días se contactaron con la empresa de cosméticos Nuvó con el mismo fin. La adjudicación de becas no excluye al Interj. El año pasado, 50 jóvenes de esa repartición pasaron por Orientación Laboral; treinta obtuvieron cupos laborales.

El 25% de esas becas son para tareas administrativas; un 15% para el rubro gastronomía; jardinería y espacios verdes, 13%; mantenimiento automotriz, 12%; porcentajes menores se reparten entre carpintería, imprenta y otros, según señala Jorge Cohen, director del DAIF. En su adjudicación mucho tienen que ver los estudios y conocimientos que tengan los jóvenes, varios de ellos con experiencia en UTU u otros institutos técnicos. El trabajo es de cuatro horas, de lunes a viernes, y el sueldo nominal es de 3.667 pesos. La contrapartida, no negociable y monitoreada, es que tienen que seguir sus estudios.

Natalia es una de las que comenzará a ser entrevistada para acceder a una beca. Tiene 17 años y desde hace uno y medio vive en el Hogar Aconcagua. Su padre fue internado en un hospital psiquiátrico; no tiene madre. Terminó cuarto de liceo y está haciendo segundo año de administración de empresas en la UTU. Le gustaría ir a la Facultad de Economía y vivir con su novio cuando cumpla la mayoría de edad. "En este curso nos enseñaron derechos laborales, cómo tiene que ser la conducta en el trabajo, cómo hacer un currículum. A mí me gustaría conseguir un empleo en lo que me gusta, los números, la administración, ¡dar órdenes", ríe.

De acuerdo con Bouzó, cerca del 90% de los chicos del INAU que pasan por ese proceso de becas quedan insertos en el mercado laboral. Hacer un seguimiento de esa inserción por rubros es difícil. El psicólogo, empero, señala que lo más habitual es que se desempeñen en las áreas de servicio (como gastronomía, hotelería y supermercados), mantenimiento, industrial, rural (como lechería y apicultura) o incluso emprendimientos propios de jardinería. Más allá de que algunos jóvenes hayan comenzado estudios universitarios, los profesionales son muy pocos. No todos consiguen becas. El año pasado, 386 adolescentes comenzaron el proceso en el DAIF; unos 25 o 30 consiguieron trabajo en el sector privado y dejaron el taller; otros, simplemente lo abandonaron. "No todos llegan, para muchos lo laboral no es lo suyo", concluye Bouzó.

Inicio. La beca laboral es un final del camino. Pero hay casi tantos finales como menores en el INAU (adopción, reinserción familiar, ingreso en hogares sustitutos, cumplir la mayoría de edad, deserción lisa y llana, y un largo etcétera). Pasa lo mismo con los comienzos.

Propios y Uriarte de Herrera. Mediodía de martes en el Centro de Preescolares 4. Hace 15 días que Leticia, de cinco años, vive en ese hogar de Tiempo Completo, uno de los 31 que hay en Montevideo, por decisión judicial. Su madre padece de esquizofrenia y está internada. Su hermana María (23) la visita por segunda vez y juega con ella. "Yo veo que ahora vive como niña, viste como niña, está peinada como una niña. En su casa veía cosas que no tenía que ver, no podía ser que pensara que no tenía qué comer. Ahora me estaba mostrando unos dibujitos, cosa que en casa de mamá no pasaba". Leticia comparte el hogar con otros 44 niños de 0 a 5 años; 35 son bebés, muchos de ellos abandonados al nacer en el propio hospital. María, que fue criada por su abuela paterna, todavía no pensó qué pasará en el futuro.

En ese centro hay servicio médico, psicológico y educativo junto con el espacio de juegos y locomoción para enviar a los niños de paseo o a sus escuelas. También hay un policía que cumple el servicio 222. "Es necesario -dice el director Walter Phoyú-, hay familias y familias". No todos los parientes de los pequeños internos, sobre todo aquellos derivados por la justicia, aceptan su separación con serenidad.

Un hogar de Tiempo Completo significa que los menores viven ahí todo el año. En el país, ya sea en locales del INAU u otros centros en convenio con el instituto, hay 4.643 niños y adolescentes en esa situación, según el SIPI. Es un número variable, como todos los de la institución. Cielo y Beatriz son recién llegadas. Pero Santiago, de nueve meses y que parece haber concentrado en sus ojazos enormes todo el color castaño del mundo, está cerca de volver con su mamá.

"El internado es el último recurso y se trata que sea por el mínimo tiempo posible", dice Mónica Nicolazzi, directora de ese departamento. El mínimo tiempo posible puede durar meses o años, dependiendo que la familia biológica, u otra sustituta, reúna las condiciones para hacerse cargo del menor. De hecho, en un caso de adopción, esta semana el instituto reveló que el tiempo de espera de una familia interesada puede superar los cuatro años.

Apelar a las palabras "asilo" u "orfanato" es algo que a esta funcionaria le duele en el alma. "Esos términos no toman en cuenta la singularidad del ser, y ese no es nuestro proyecto de trabajo. Queremos darle al niño -y los niños del INAU son parte del capital social de este país- su singularidad de persona y ofrecerle herramientas para el desarrollo de su identidad", sostiene.

Entre el inicio y el fin del camino, psicólogos, educadores y asistentes sociales deberán apuntalar el desarrollo de niños y adolescentes en distintos grados de vulnerabilidad, provenientes de distintos contextos críticos. De ser posible, fomentarán el vínculo con su entorno familiar biológico y con su comunidad. Y al mismo tiempo, proporcionarles una barrera contra el estigma alimentado desde el exterior -cada vez menor, pero lejos de estar extinto- de ser un chico del INAU, como antes lo fue ser del Iname, y más atrás en el tiempo, del Consejo del Niño (ver nota aparte).

Contextos. El entorno hace al centro. Un tobogán "atrapaniños" gobierna el hall de entrada de Creciendo al Sur, un centro de Tiempo Parcial en Maldonado y Zelmar Michelini. Es uno de los nueve locales de Primera Infancia de esa dependencia del INAU que funcionan en Montevideo, y atiende a 58 chiquitos de entre tres meses y cuatro años. Amplio y limpio, el centro no difiere en su aspecto al de una guardería privada. Tiene salón de psicomotricidad, comedor, colchonetas para la siesta y juegos por doquier. Abre de lunes a viernes, de 8 a 17 horas.

"Los niños vienen de ambientes heterogéneos, pero de contextos socioeconómicos bajos. Muchos viven con sus familias en refugios o en pensiones", dice Esther Guerra, directora de Tiempo Parcial. La idea es que mientras los pequeños están cuidados y educados, viviendo y jugando como tales, sus familiares puedan trabajar o busquen empleo. En el centro hay baños para que sus madres higienicen a sus hijos. Otro chico recorre a toda velocidad el patio tras un andador; vive en un refugio cercano, encerrado casi todo el tiempo, y gasta todas sus energías en esas nueve horas junto a sus pares.

Igual espíritu pero diferente situación rodea al centro Timbúes, ubicado en la calle del mismo nombre y Aparicio Saravia. Funciona donde antes estaba el salón comunal de la llamada Comunidad San Vicente, otrora zona de influencia del padre Cacho. Es un lugar donde a las carencias de todo tipo se le suma la abundancia de la "lata" (pasta base) en las cercanías. Dentro del local, que atiende a 75 menores de 6 a 15 años, de 8 a 20 horas, de lunes a viernes, no hay problemas con drogas, dice la responsable, la educadora social Cecilia Aguilar. "Pero hay chicos de la zona a quienes el entorno les puede", reconoce.

En un lugar donde la demanda supera con creces a la oferta, la acción educativa debe extenderse. Además del apoyo (y el fomento) escolar y liceal, la alimentación, los paseos y actividades como las "asambleas", los responsables debieron añadirle otros proyectos. Uno es la mediación en la resolución de conflictos; otro es lo que llaman "circulación social" y pone énfasis en aprender a moverse en la ciudad, estudiando mapas y líneas de ómnibus. "Es que acá la gente suele moverse en no más de tres cuadras a la redonda", dice Aguilar. "Así, muchos gurises conocieron con nosotros la rambla o el Centro". Esa circulación social, añade, será tan fundamental como el liceo o la UTU para que salgan adelante.

Es hora del almuerzo en Creciendo al Sur y uno de los protagonistas es Damián (18), ayudante de cocina. En septiembre obtuvo una de las becas laborales del DAIF. Con timidez, cuenta que tiene tercero de liceo terminado y que quiere estudiar gastronomía. Ahora en la última etapa de su recorrido por INAU, prepara arroz con arvejas, jamón y huevo para quienes están iniciando su vida en ese universo, mucho más interesados en la plasticina o el arenero.

El difícil combate contra un "estigma"

El DAIF les recuerda a todos quienes terminan el taller de inserción laboral que incluyan el certificado que constata su participación en el mismo en su currículum. No está pensado para las becas sino para el sector privado. Es una especie de "salvoconducto" para posibles empleadores reticentes de contratar a chicos del INAU.

El director Jorge Cohen, psicólogo de profesión, reconoce que haber pasado por el INAU puede ser un obstáculo, agravado por la difusión de hechos delictivos con menores como protagonistas. "Es la parte más perversa. Hay que tomar en cuenta que para muchos chicos en situación de vulnerabilidad, ser parte de `los malos` es atractivo. Además, da más prensa". Para él, pertenecer al INAU no tiene que ser algo que se oculte, "y la clave, de nuestro lado, es poner énfasis en lo educativo". Alejandro Bouzó agrega: "La cuestión es contenerlos, reunirlos y mostrarles jóvenes con sus mismas inquietudes, con ganas de salir adelante, con diferencias que reconozcan y en las que se reconozcan. Y dejar algo bien en claro: si estás más preparado vas a tener más armas".

Mónica Nicolazzi, directora de Tiempo Completo, también apunta a las herramientas educativas y la sociabilización para fortalecer al menor. "Muchos jóvenes dicen sentirse orgullosos de ser parte del INAU, tal vez porque la alternativa era la calle". De cualquier manera, agrega, el fin de la estigmatización depende de dos partes: el que busca integrarse y el que tiene la posibilidad de integrar. "Generalmente, somos los grandes (el resto de la sociedad) los que ponemos la diferencia".

Tiempo atrás, los chicos que son atendidos en el centro Creciendo al Sur" asistieron a una obra de teatro infantil. Había varios grupos de niños aguardando entrar; ellos fueron los últimos. "Que los del INAU esperen", había gritado una de las boleteras. En esa dependencia, los mayores tienen cuatro años; afortunadamente, no llegaron a entender lo que esa mujer quiso decir.

La mayoría en centros CAIF

A través de los centros CAIF (Centro de Atención a la Infancia y la Familia) se atiende a 42.810 niños y adolescentes, según datos del SIPI de febrero de este año. Es la mayor población dentro del instituto, un 63% del total.

En el Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil (Interj), la población más problemática del INAU, había 344 menores a febrero de este año. De ellos, 165 están en privación de libertad. El resto está en un régimen de "semi-libertad" o de "libertad vigilada".

Por distintos motivos (discapacidad física o psíquica, infractores que cumplen condena o monitoreo) hay 1.259 jóvenes de 18 años o mayores bajo la órbita del INAU. Por el contrario, la gran mayoría (58.628) tiene 12 años o menos.

El lunes pasado, el INAU informó que el tiempo de espera para adoptar a un niño pequeño es de entre cuatro y cuatro años y medio. Sesenta fueron entregados el año pasado; en lo que va de 2009, solamente cinco.

Necesidad urgente de personal

A la hora de señalar una carencia para cumplir su tarea, los funcionarios coincidieron: el escaso personal disponible, más allá de recientes ingresos. Carlos Salaberry, secretario general del gremio del INAU, indica que hoy el instituto tiene aproximadamente 4.100 trabajadores, población que califica de "insuficiente y envejecida".

Si bien los responsables reconocen una mejora -el año pasado había 3.700 funcionarios-, agregan que aún falta. Jorge Cohen, del DAIF, dice que su división está en "alerta naranja" en materia de recursos humanos (33 trabajadores para todas las tareas, que van más allá de la orientación laboral); Esther Guerra, directora de Tiempo Parcial, apunta que sólo ingresaron recientemente ahí cuatro funcionarios sociales a través de un llamado, "porque la paga no es grande y genera poco interés"; Mónica Nicolazzi, de Tiempo Completo, habla de un déficit de casi 100 personas en su área; Salaberry pone como ejemplo la existencia de sólo cuatro inspectores de trabajo infantil y espectáculos públicos "para todo el país".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar