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Cada 12 días se mata o se intenta matar a una mujer en Uruguay por violencia doméstica. | "Si le pego a alguien en la calle o en una cancha de fútbol, voy preso. Si le pego a mi mujer, no es para tanto", critica el abogado Bautista Duhagón al Poder Judicial.
CATERINA NOTARGIOVANNI | GABRIELA VAZ
La casa es antigua. Tiene amplias habitaciones y un patio grande, necesario para la cantidad de gente que vive allí. Cada cuarto, poblado de cuchetas, es compartido por dos o tres mujeres con sus respectivos hijos, y aunque apenas parece quedar espacio libre, todos encuentran lugar para personalizar un pedacito de pared, donde abundan los dibujos hechos por niños. Por eso no es raro que, al caer la tarde, el bullicio sea importante. Pero nadie se ve molesto; la convivencia es tranquila. Un verdadero bálsamo, de hecho, aunque para ningún habitante de esa casa fue fácil hallar la paz. No es fácil abandonar el infierno.
Sandra, de 27 años, da fe de ello. Ni siquiera el día que su pareja intentó matarla reunió el valor suficiente para agarrar a sus cuatro hijos (de 3, 4, 6 y 8 años) y huir, alejándose de una vez de la tortura permanente a la que era sometida, física y psicológica. El "click" para pedir ayuda se hizo de repente, un día que le pidió a una vecina que llame al 911, pero cuando la Policía llegó y le preguntó si quería hacer la denuncia, ella se negó. Entonces el agente le dijo: "¿Pero qué vas a esperar? ¿Que llegue el día en que venga cualquiera y te encuentre muerta y con tus hijos llorándote?". "Fue eso lo que me hizo un `click`. Me lo imaginé y ta, me quedé con esa angustia. Después, una vez que me lastimó feo, me salió sangre, me animé a llamar al 911 y denunciarlo", relata sentada en una de las habitaciones del Hogar Desafío, un refugio perteneciente al Centro por la Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodih), organización con convenio con el Instituto del Niño y el Adolescente en Uruguay (INAU) para atender a mujeres víctimas de la violencia doméstica cuando hay niños de por medio.
Con 21 años, cara de niña, ojos claros, dientes cariados y también al amparo del refugio, Adriana cuenta su historia de violencia con una inesperada sonrisa y gran afabilidad. Llegó al refugio hace casi un año y medio, embarazada de tres meses y con dos pequeños de 3 y 5 años, los hijos que tuvo con su pareja, de la misma edad que ella y del mismo barrio, Malvín Norte. Confiesa que siempre tuvieron una relación violenta, pero que el tenor fue aumentando hasta el punto que cualquier excusa era válida para la agresión. "Todo le daba celos: si iba al almacén, era porque tenía algo con el del almacén; si iba al liceo, era porque me gustaba alguien; si iba al médico, él decía que me iba a otro lado".
En su caso, dice, la violencia fue mucho más psicológica que física, aunque no estuvo exenta de golpes. Dejó de salir a la calle, tenía la puerta de su cuarto siempre cerrada y si apenas veía a un hombre se sentía mal. Cuando se dio cuenta de eso fue que pensó en pedir ayuda.
Sandra y Adriana no son sus nombres reales, pero sus historias sí lo son. Tan reales como cotidianas, si bien, por el momento, prometen un final feliz, fuera de las estadísticas más escalofriantes.
MIEDO, GOLPeS Y LEYES. En Uruguay, cada 12 días se mata o se intenta matar a una mujer por violencia doméstica, según los últimos datos disponibles del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior. En el año comprendido entre el 1° de noviembre de 2007 y el 31 de octubre de 2008, 21 mujeres fueron asesinadas en estas circunstancias. Se trata del delito más denunciado después de los hurtos: es el 6% de los delitos totales y el 46% de los delitos contra la persona. Actualmente, hay más denuncias por violencia doméstica que por rapiñas, diferencia que se amplía si se toma en cuenta que la primera tiene más "cifra negra", es decir, más cantidad de casos que no se denuncian. Además, hay episodios de violencia doméstica "encubiertos" en otros delitos como lesiones, amenazas, violaciones, etc.
Instituciones públicas y privadas intentan dar respuesta. El Instituto Nacional de las Mujeres del Ministerio de Desarrollo Social cuenta con varios proyectos que se cristalizarán este año, como una nueva casa de estadía breve para víctimas, soluciones habitacionales, y la centralización de datos en un sistema nacional de información (ver recuadro).
También cuenta con servicios especializados en todo el país que brindan apoyo social, psicológico y legal. El abogado Bautista Duhagón trabaja en Ceprodih asesorando en violencia doméstica. Su labor implica desde hacer las denuncias hasta acompañar a las mujeres a los juzgados, comunicar a la Policía una agresión o un abuso sexual, entre otras cosas, lo que lo convierte en testigo presencial de las situaciones más indignantes, a veces, reconoce, condimentadas por la propia Justicia. Y ejemplifica: "La legislación uruguaya establece que, en casos de violencia doméstica, la mujer puede pedir que el día que va a la audiencia el denunciado no esté presente. Pero nada impide que la esté esperando a media cuadra. Hace poco tuvimos un caso de abuso sexual infantil donde el presunto abusador, media hora antes de que entrara el niño a hacerse la pericia psiquiátrica, estaba en la puerta del Juzgado y le dijo: `Ojo con lo que hablás, que soy tu padre`. Y el gurí no quiso hablar más. Es un mundo muy cruel al que todavía nuestro Poder Judicial lo trata como una especie de delito de `segunda categoría`. Si yo le pego a alguien en la calle o en la cancha de fútbol, voy preso. Ahora, si le pego a mi mujer, no es para tanto".
Además, los tiempos del Poder Judicial no son los tiempos de las víctimas, apunta el abogado. "Si una mujer me avisa que la están siguiendo en el Parque Rodó, la Policía tarda media hora en llegar y la mujer ya está muerta. En Uruguay le dan más importancia a cobrar un cheque que a proteger a una mujer o a un niño. Es triste que lo diga así, pero las estadísticas mandan: hay más de 10.000 denuncias de violencia doméstica por año, y procesados van 20 o 30. La mujer denuncia, pero se da de cara con el sistema que no le responde. Un ejemplo: hace nueves meses, una mujer fue agredida. El hombre la molió a palos, la quemó con una plancha, le rompió algunos dientes... y lo procesan sin prisión. Quedó libre, con orden de no acercarse a ella. Hoy (por el lunes) la citaron en el Juzgado Penal de 5º Turno para ver si en este tiempo estuvo todo bien. Ella les dijo que no, que lo vio para reclamarle dinero por los hijos y él le volvió a pegar, la reventó. El funcionario del Juzgado le recriminó porque fue a ver al hombre, le dijo que se había arriesgado. `Pero escuchame, este tipo está procesado, me faja y todavía ¿yo tengo la culpa?`, le dijo la mujer. ¿Cómo le van a decir eso? A mí me enseñaron que no hay justificación para pegarle a una mujer o un niño. Que en el mismo Poder Judicial le digan que la equivocada es ella... ¿qué mensaje le dan?", pregunta Duhagón. "Creo que hay muchos temas por mejorar. La sensibilidad de los operadores jurídicos es la primera".
También la de la Policía, de acuerdo al relato de Adriana. Pasó tiempo para que reuniera el valor para alejarse de su pareja. "Miraba la puerta y pensaba en irme, pero él siempre estaba ahí. Estaba más paranoico que nunca. Llegaba a pensar que entraban hombres a la casa mientras él dormía. Yo pensaba ¿qué hago? Si salía corriendo con mis dos hijos a upa me agarraba. El miedo me paralizaba". Hasta que un día su suegra, que siempre salía en su defensa, le dio plata para un taxi y se fue a la Comisaría de la Mujer. Llegó con sus hijos, que lloraban porque tenían sueño, y les dijo que no tenía a dónde ir. "Me tomaron los datos y una señora me decía: `Pero usted tiene casa`. No entendía que él me iba a ir a buscar". Después de mucho insistirle, le dio la dirección de Puerta de Entrada, desde donde derivan a los distintos hogares. Los niños lloraban, no querían caminar y Adriana pidió que un patrullero la llevara, eran diez cuadras, pero le dijeron que no estaba disponible. Cuando salió de la comisaría, la patrulla estaba en la puerta y los policías dentro comían. Su suerte cambió en Puerta de Entrada. "Fue como respirar hondo. Me atendieron muy bien". Habló con una psicóloga y llegó a su primer refugio. Lo mejor de ese día fue poder dormir, recuerda. "Antes no podía. Él esperaba que los niños se durmieran para hostigarme".
Tres días después, concurrió al Juzgado y se encontró con su ex pareja. "Me preguntaba por qué le había hecho eso, como si hubiera hecho algo malo. En ese momento tuve mucha confusión, verlo me hizo sentir culpable de vuelta", dice Adriana.
De acuerdo a una encuesta realizada en Montevideo y Canelones en 2003, la violencia en una pareja puede comenzar en cualquier momento, pero es más frecuente en algunos períodos: en el primer año de convivencia (60%) y el noviazgo (20%). El caso de Sandra se salió de la regla. Su marido fue mucho tiempo un hombre "bien, compañero", hasta que estuvo en la cárcel. Luego de un año allí, salió "cambiado", agresivo, cuenta. Le pegaba a los niños por cualquier cosa y cuando Sandra salía en su defensa, le pegaba a ella.
En medio del relato, uno de sus hijos entra a la habitación. "¿No hay problema de que escuche?", se detiene la periodista. "Él la tiene más clara que yo", responde la madre. El niño tiene 4 años. ¿Preguntan por su padre? "No, al contrario. Sólo el de 4, dos por tres, pero después se olvida. Un día me dijo: `¿Vamos a hablar con papá? Le contesté que no y me respondió: `Bueno, ¿y por qué no te buscás otro papá?`. No quiere un novio, quiere un papá".
Pero lo cierto es que ni Sandra ni Adriana tienen ganas de encontrar una nueva pareja por el momento. Sus proyectos a futuro inmediato son encontrar un trabajo que les permita abandonar el Hogar Desafío e iniciar una nueva etapa con sus hijos. Sobre todo, dejar atrás el miedo.
¿Qué le dirían a una mujer que está atravesando lo mismo que ellas pasaron? Ambas coinciden: "Que haga la denuncia, que hay personas que la pueden ayudar, que por no tener trabajo no tenés que aguantar esas cosas. Que se puede. Se puede".
Una situación de violencia doméstica es: que no reconozcan tus derechos; que te maltraten psicológicamente desvalorizándote, insultándote, amenazándote, controlándote o aislándote de tus seres queridos; que te hagan sentir culpable de todo lo que pasa; que te exijan u obliguen a mantener relaciones sexuales; que te maltraten físicamente; que se apropien de tu dinero, tus bienes; que tu pareja no asuma ninguna responsabilidad familiar, tanto en lo económico como con los hijos. De la página de la Intendencia de Montevideo.
Motivos de consulta frecuente en centros de salud de víctimas de violencia doméstica: lesiones "accidentales" reiteradas de entidad variable; quejas somáticas múltiples inespecíficas; fatiga crónica; demanda de calmantes; crisis de angustia y ansiedad; cuadros de intoxicación; autoagresión; desmayos, amnesia; crisis emocionales reiteradas; mal control de enfermedades crónicas. De la Guía Primer Nivel de Atención, del Ministerio de Salud Pública.
Actitud de la consultante: autoestima baja, sentimientos de inutilidad, miedo, desamparo; hostilidad y/o desconfianza; aislamiento social; falta a las citas concertadas; dificultad de reconocer su malestar psicológico; no explicita su situación de violencia; si concurre la pareja, permanece en el consultorio en actitud de control. De la Guía Primer Nivel de Atención. MSP.
Líneas gratuitas de ayuda: 0800 4141 y *4141 desde los celulares.
En tu piel. Más de 40 mujeres uruguayas conocidas se pusieron, durante un día, en la piel de sus congéneres víctimas de violencia doméstica. Se dejaron fotografiar en esa situación y, a partir del lunes 16, esas imágenes se exhibirán en el atrio de la Intendencia de Montevideo. La campaña, llamada "En tu piel" e inspirada en una realizada en España, fue organizada por Sacromonte Producciones en conjunto con la ONG Mujeres de Negro. María Julia Muñoz, Daisy Tourné, Marina Arismendi, Victoria Rodríguez, Silvia Novarese, Patricia Wolf, Laetitia D`Arenberg, Karina Vignola, Malena Muyala, Cristina Morán, son algunas de las protagonistas de las fotografías tomadas por Daniel Maidana. La idea es impactar en la población con imágenes estremecedoras, como parte de los actos por el Mes de las Mujeres.
Ceprodih es una de las organizaciones que tiene convenio con el INAU para atender mujeres víctimas de violencia doméstica, siempre que haya niños de por medio. Tiene dos hogares. La atención que da a las familias implica un abordaje integral: alojamiento, alimentación, cobertura de salud, educación, asesoramiento jurídico y acompañamiento durante los procesos judiciales. También se capacita a las mujeres para su inserción laboral, ya que es la única manera de que se sostengan una vez que dejan el hogar, en áreas como gastronomía, informática, serigrafía o costura. "Procuramos por todos los medios que la mujer salga adelante lo antes posible, ya sea a través de la inserción laboral o de microemprendimientos productivos", dice Adriana Abraham, directora de Ceprodih. La organización tiene 10 años de funcionamiento, y en 2007 fue seleccionada por la Cepal entre 1.500 proyectos como experiencia social innovadora en América Latina y el Caribe. Entre los dos hogares, el centro aloja a 40 madres y 90 niños, y cada mes pasan o viven en esos refugios entre 80 y 100 mujeres y de 200 a 300 niños, según contó el abogado de la institución, Bautista Duhagón.
Cuando están solas, cuando están en el punto de la saturación y cuando lo único que quieren es conocer la salida y alcanzarla cuanto antes; en esa condición acuden la mayoría de las mujeres que se deciden a llamar al 0800 4141. "Generalmente dicen que se quieren divorciar, que (el agresor) se vaya o que quieren que les den un susto", cuenta Ana Nocetti, a cargo del servicio de ayuda telefónica, y fundadora integrante del Plenario de Mujeres del Uruguay (Plemuu).
No hay un perfil socioeconómico de la mujer víctima de violencia doméstica, dice Nocetti. Llegan "de todo tipo y especie". "Es un mito que la violencia es de los pobres. La diferencia puede estar en la trascendencia que tiene hacia afuera y la sofisticación que pueda tener la violencia".
El 0800 4141 es atendido por personas en formación continua, que reciben un promedio de 450 llamadas mensuales (aumentó significativamente los últimos dos meses de 2008). De las 5.359 llamadas atendidas el año pasado, el 79,48% planteó una problemática de violencia en la pareja y el 17,63%, de violencia familiar. La gran mayoría (68,7%) llaman pidiendo asesoramiento.
Nocetti revela que últimamente llaman muchos hombres, pidiendo ayuda para una mujer conocida. Pero el servicio sólo atiende al agredido.
En 2007 y 2008, la cantidad de denuncias sobre violencia doméstica se dispararon. En algunos departamentos, el salto de una cifra a otra es pasmoso. Un ejemplo radical se ve en Río Negro. De acuerdo a datos del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad, allí se pasó de 82 denuncias en 2005 a 842 en 2007. En Soriano, de 164 a 922 en el mismo período, y en Artigas de 39 a 354. Montevideo se ha mantenido estable: hubo 2.785 denuncias en 2005 y la cifra apenas disminuyó dos años después: 2.377.
Atento a las cifras, el Instituto Nacional de las Mujeres (INM) del Ministerio de Desarrollo Social realizó un llamado para completar los Servicios Especializados en Atención a Mujeres en Situación de Violencia Doméstica que dispone en el país. Desde hace un tiempo, existen estos servicios en Montevideo, Canelones, Cerro Largo y Artigas, y hace unos meses abrieron nuevos en Florida, Lavalleja y Río Negro. Con los llamados se intentará cubrir todo el país. En ellos se brinda asistencia psicológica, social y legal a mujeres.
A su vez, se comenzó a diseñar un sistema nacional de información, tal como prevé el Plan de Lucha contra la Violencia Doméstica, incluido en la Ley 17.514, que regula en la temática. "La idea es que todas las instituciones públicas y privadas, y organizaciones sociales, que están dando respuesta en el tema logren un sistema común de información, para centralizar datos. Esto surgiría a partir de un Consejo Nacional Consultivo", explica la licenciada en Trabajo Social Karina Ruiz, responsable del Programa de Violencia basada en Género del INM.
También este año, el instituto dispondrá de una casa de estadía breve para mujeres en situación de violencia doméstica y, mediante un convenio con el Ministerio de Vivienda, se iniciará un proyecto piloto para dar soluciones habitacionales en Montevideo, Canelones y Salto.
5.358 Cantidad de llamadas atendidas en el 0800 4141 durante 2008, mil más que en 2007, según dijo Ana Nocetti, a cargo del servicio.
46% De los delitos "contra la persona" que se denuncian corresponden a violencia doméstica. Además, representa el 6% de los delitos totales.
60% Mujeres que ubicaron el inicio de la violencia doméstica en el primer año de convivencia, en una encuesta de 2003 en Montevideo y Canelones.
80 Entre 80 y 100 mujeres pasan cada mes por los hogares para víctimas de violencia doméstica de Ceprodih. Los niños, son entre 200 y 300 por mes.
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