Entre el pudor y el destape

| Los autores de "Cuerpo vestido. Cuerpo desvestido. Antropología de la ropa interior femenina" aseguran que la fisonomía humana se modifica según leyes de la época.

CATERINA NOTARGIOVANNI

Mujer: dime qué ropa interior usas y te diré quién eres, cuáles son los parámetros de belleza de tu cultura, a qué edad de la historia de la humanidad perteneces, cuál es tu concepto del pudor, qué tan anchas son tus caderas, qué tamaño tienen tus senos y cuáles son las fantasías (y fetiches) sexuales de tu pareja.

Tales asociaciones, aunque de un modo más complejo y riguroso por cierto, cobran sentido cuando se leen las 200 páginas de Cuerpo Vestido. Cuerpo desvestido. Antropología de la ropa interior femenina (Ediciones de la Banda Oriental), de los antropólogos Anabella Loy y Daniel Vidart.

El libro es el resultado de siete meses de investigación que exigió la lectura de decenas de libros y materiales de Internet; así como una encuesta de aproximación al tema que se le realizó a 50 mujeres de entre 20 y 83 años y que incluyó preguntas tales como: ¿Qué le sugiere la palabra lencería? ¿En qué se diferencia ésta de la ropa interior? ¿En qué momentos y para qué se usa lencería? ¿Qué efecto provoca?

"Ahí aparecen una serie de significados muy interesantes que nos permiten después trabajar sobre el tema del erotismo, la femineidad, la transparencia, la sensualidad", explica Loy, integrante de lo que su colega define en broma como "asociación para delinquir". Ambos son amigos desde hace 23 años y, por tanto, se conocen de memoria muy bien.

De arriba a abajo. El libro analiza el cuerpo femenino, su evolución histórica y los correspondientes "adornos" (la vestimenta es uno, pero el tatuaje, el piercing o los implantes quirúrgicos son otros). Piernas, senos, hombros, caderas, piel, cintura, nalgas, vientre y espalda son puestos bajo la lupa de la antropología cultural. Como bien lo explican en su libro "...el cuerpo humano no es, ni lo fue nunca, una expresión de la pura naturaleza. Fue modificado por la gravitación generacional de las costumbres, por las modas y los paradigmas estéticos, económicos, religiosos y sociales imperantes en cada época".

"A lo largo de la historia, el cuerpo de la mujer ha tenido una serie de medidas ideales y siempre se hicieron esfuerzos por disciplinar ese cuerpo", explica Anabella Loy durante la entrevista. Para ilustrar cita un par de ejemplos: "Las romanas usaban una especie de faja de cuero llamada mamillare con la cual apretaban los senos intentando impedir su crecimiento. Después está el tema del tan mentado corsé (que originalmente se llamaba cuerpo, es decir que el cuerpo de la mujer estaba representado simbólicamente por el corsé, que lo modelaba según el ideal vigente) que servía para achicar la cintura y a la vez para destacar caderas y busto".

En la actualidad, y cirugía plástica mediante, las mujeres también pueden moldear su cuerpo, aunque con una dosis mucho menor de sufrimiento.

Pudorosas. La publicación también analiza el concepto de pudor, que en latín significa vergüenza, y que ambos definen como "ave migratoria", en la medida de que varía según las épocas y lugares.

"En la Amazonia, una mujer está vestida si tiene puesto un cinturón de fibras vegetales. Si no lo tiene y es observada, huye despavorida: está desnuda. En el siglo XVIII, los vestidos cubrían el cuerpo femenino hasta los tobillos, pero los senos quedaban al aire. Pero era tabú mostrar los hombros", ilustra Vidart.

Pero hay más ejemplos: en China, antes de la llegada de Mao, era impropio que las mujeres mostraran sus pies; y en las islas Filipinas enseñar el ombligo era una grave ofensa al pudor. En el mundo musulmán el chador cubre parte del rostro de las mujeres y las burkas impuestas por los talibanes de Afganistán ocultan la totalidad del cuerpo.

"Si alguien sorprende a una mujer occidental en estado de desnudez ella se cubrirá con sus manos el pubis y los senos en tanto que una mujer islámica vestida pero con la cabeza descubierta, la esconderá levantando su falda, no importa si quedan al aire sus piernas y su vientre", afirman en el texto. En síntesis, ese incómodo sentimiento llamado pudor no es, para los autores, una cuestión de instinto. En palabras del doctor en filosofía español Fernández Tresguerres citadas en el libro: "no es el pudor el que ha dado vida al vestido, sino el vestido el que ha generado el pudor".

Fetiche. La ropa interior femenina también puede ser objeto de reverencia en la medida en que muchas veces se la dota de poder erótico. Todos hemos visto más de una escena cinematográfica en la que un enamorado le roba un prenda íntima a su amada para tocarla, olerla y guardarla como fetiche.

De esa característica de la lencería también se ocupa el libro, citando un ejemplo por demás elocuente: "... la oferta sexual japonesa incluye la posibilidad de comprar ropa interior usada. Hay adolescentes con su característico traje de marinerita que venden su ropa interior al salir de clase...". Es más, el precio (que oscila entre US$ 350 y US$ 1.735, según la categoría del colegio) aumenta si las prendas están manchadas o conservan olores. Más acá y en la cultura occidental, "el fetichismo antiguo era tener una liga, las cuales no solamente eran regaladas por el galán, sino que incluían leyendas: `esperame siempre`o `esta pierna es un tesoro`", señala Vidart.

Cuerpo vestido... ofrece un retrato minucioso de los modelos del cuerpo femenino, de sus mutaciones a través de la historia, de la influencia de la moda (concretamente la pasarela) y la influencia de los medios de comunicación en los actuales modelos anoréxicos de mujer. El viaje abarca desde la hoja de higuera que habría cubierto a Eva, pasando por el corsé y su evolución al soutien, hasta el actual y diminuto "hilo dental".

En suma, Loy y Vidart se encargan en este libro de vestir y desvestir a la hembra humana con el lente de la antropología.

Accesorios y cuerpos del pasado

"El objetivo del corsé (término que denota refinamiento) era resaltar el pecho y reducir el talle, ensanchar las caderas y enderezar la postura. Más que una prenda, constituía a la vez un artefacto diseñado para modificar artificialmente el cuerpo femenino y un emblema de lujo" (de la página 75).

"Los corsés, como los pies vendados de las chinas, indicaban superioridad social, a la vez que sufrimientos infinitos. La mujer del pueblo, contrariamente, necesitaba su cuerpo entero y autónomo para trabajar... tan elitista era el uso del corsé que requería de otras personas (de servicio) para poder colocarlo". (Pág. 75)

"Si tu vas a los años cincuenta, a Marilyn o Sofía Loren, eran otros cuerpos, más opulentos. Donde hay gordura hay hermosura, decían los abuelos. El hombre, en determinado momento, prefirió unos anchos muslos. Ahora es un hueserío tremendo, pero con las lolas bien grandes". D. Vidart.

Eureka: un soutien

Cuerpo vestido. Cuerpo desvestido. Antropología de la ropa interior femenina se vende a $280. Entre cientos de datos desconocidos, el libro cuenta que el soutien fue una invención "casi casual" de una joven estadounidense de la clase alta llamada Mary Phelps Jacob, quien "diseñó dos triángulos de seda realizados con pañuelos y atados con una cinta, porque se había comprado un vestido escotado para una fiesta y, al probárselo con el corsé, se dio cuenta que éste no quedaba cubierto". La chica patentó su invento en 1913, pero más tarde lo vendió a una compañía.

Además contiene un anexo con una entrevista a Loreley Turielle, diseñadora de ropa interior y creadora de la marca "Srta. Peel".

Frente a la pregunta de cómo expresa la ropa interior los ideales de vida, Turielle responde: "De repente yo hago un montón de bombachitas de colores y es como expresar alegría, es algo que evoca lo primaveral. Es más, hay una línea de bombachitas que la llamamos `caramelo`, con muchos colores; es algo parecido a lo que pasa cuando no necesitás comer algo pero si lo hacés, te genera bienestar. La lencería y los encajes también, expresan algo que no es explícito pero está ahí. Y el ideal es el placer, lo compartas o no... En el fondo querés compartirlo y pasarla bien, ser querida, y disfrutar. Yo creo que eso es lo que se busca todo el tiempo".

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