Amores que matan

| El duelo es inevitable y necesario para curar un corazón destrozado. Hasta dos años puede durar la tristeza, pero hay quienes se sanan en unas semanas. Es de los traumas más fuertes que experimenta el ser humano, dicen expertos.

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El País

MAGDALENA HERRERA I GABRIELA VAZ

Noche de nostalgia, celebración, música, parejas decididas a pasarla como nunca y, quizás también, algún corazón roto. Si la estadística sigue sus reglas, hoy, el día en que más personas salen de fiesta, también acarreará lágrimas. De 102 personas que contestaron en 48 horas una encuesta en El País Digital, todas, sin excepción, confesaron que alguna vez, si no más, les habían partido el corazón por amor. ¿Y a quién no?

Algunas investigaciones señalan que de todos los eventos traumáticos que puede atravesar el ser humano, llámese accidentes, muertes, entre otras, el rompimiento con un ser amado sería el que encabezaría la lista de sufrimientos. "Las personas padecen la separación como si fuera una muerte. Muere un estilo de vida, una relación y hay que adaptarse a eso que desapareció; encontrar una salida, acomodarse, cortar con rutinas, hábitos y vivir un duelo de similares características, duración y sintomatología que los duelos de fallecimientos", señala el psicólogo Álvaro Alcuri.

Sí, Patty, de 28 años, administrativa, reconoce que le costó más de un año recuperarse. "De a poco, alejándome de esa persona, evitando verla, dejando de poner en él toda la carga de mis sentimientos, quitándole toda la culpa, porque en definitiva no tiene la culpa de que yo me haya enamorado y depositara en él un papel, una responsabilidad y ciertas expectativas de mi vida. Y para terminar de olvidarlo me enamoré sin querer nuevamente de otra persona".

Daniela Viera, de 21, no sabe si uno termina recuperándose, "porque aunque las cosas y el tiempo pasan, los recuerdos de lo que no pudo ser quedan".

"Amores que matan" no es más que un mito, y es posible la recuperación, señalan los expertos. ¿El tiempo? Dependerá de la persona y el vínculo. "Está relacionado al psiquismo del individuo, y a la libido que se haya depositado en el otro. Es un duelo, un proceso que debe hacerse, durante el cual primero se siente un vacío y luego, de a poco, se recupera esa libido y se la coloca en otros objetos o sujetos. La cosa se torna difícil en los vínculos simbióticos, en los que una persona depositó absolutamente todo en la otra", dice la psicóloga Rita Amaral.

Antropóloga y profesora, la estadounidense Helen Fisher ha dedicado su vida a estudiar el amor, con varios libros que han levantado bastante polémica. Ha afirmado, entre otras cosas, que el amor es "una necesidad fisiológica, un instinto animal y que dura entre 18 meses y tres años".

¿Por qué se dedicó a estudiarlo? "Siempre he considerado que el amor romántico es una de las más curiosas, excitantes y dolorosas experiencias del ser humano. Quise saber por qué la gente vive, canta y mata por amor y muere para vivirlo", indica en una entrevista en la que señala además que el amor romántico es como una droga adictiva. "Tiene todos los síntomas: a medida que el tiempo pasa, uno quiere más y más de la persona deseada. Además, es una adicción muy difícil de controlar. Creo que la mejor forma de hacerlo es afrontarlo como una sustancia adictiva. Cuando alguien ha sido rechazado, lo mejor es deshacerse de todo lo que le recuerde a esa persona, no llamarla ni contactarla nunca más, salir y hacer cosas que la distraigan. Eventualmente, la química cerebral del amor romántico irá amainando, tal y como sucede con el síndrome de cualquier adicción", señala en la misma nota.

NORMALES Y PATOLÓGICOS. Quizás suene fuerte, pero quien quiera deshacerse de los recuerdos del ser amado debe indefectiblemente pasar por un "duelo". Uno normal puede ir desde los dos meses a los dos años, según el terapeuta Alcuri, quien aclara que es un proceso natural, esperable, que hay que vivir.

"No significa que uno deba estar llorando dos años. Soy enemigo de declarar que un duelo es un estado depresivo. Es un estado de tristeza que la persona debe atravesar necesariamente. Esto no puede ser confundido con depresión y, sin embargo, están medicando `a mansalva`. Toda persona en una crisis matrimonial, que ahora hay de todos los colores, acude a un psiquiatra y le recetan antidepresivos y ansiolíticos. Es una burrada. Por supuesto que estas situaciones tienen que abordarse con psicoterapia; hay maneras mucho más humanistas de ayudar a las personas, pero no hay que medicarlos como si fueran enfermos".

El duelo no puede ser negado, coinciden los especialistas, y ni siquiera apurarlo o pretender cortarlo. Eso de "vamos a sacar a fulanita y presentarle a alguien porque está triste, no funciona". "El duelo es como la digestión -aclara Alcuri- y todo proceso debe ser respetado. Negarlo, por el contrario, hace que se prolongue. Cada uno de nosotros tiene sus herramientas para curarnos, rearmarnos y volver a sentir que estamos prontos para una nueva relación".

Claro que cuando ese duelo supera los cuatro años, cuando la persona se queda estancada en una cama, cuando nada logra sacarla del pozo, la situación es completamente diferente. "Si supera los cuatro años, se torna patológico. Se necesita de ayuda psicológica para restituir esa libido", señala Amaral.

En conclusión, existen duelos sanos y patológicos. Incluso, quienes intentan la autoeliminación, entran en una crisis profunda de desvalorización, de pérdida de autoestima, hábitos de trabajo, higiene y socialización. "No quieren ver a nadie. Allí sí hay que intervenir con toda la batería que la medicina tiene para estos casos", indica el psicólogo de parejas Alcuri.

Dice que es piloto, tiene 38 años y prefiere el anonimato, pero su testimonio es significativo: "Han pasado 8 años y aunque funcionalmente estoy más recuperado, adentro queda mucho dolor, mucha tristeza... creo que el tiempo cura hasta un punto, más allá, sólo queda aprender a convivir con nuestras penas".

Rosario, de 32 años, opina que "el corazón es un tema del alma y no se puede encasillar en tiempos lo que se siente. Cuando se rompe el corazón, se muere y el espacio en blanco es infinito".

Lo cierto es que más de una persona ha llegado a la consulta con pensamientos suicidas, luego de crisis afectivas. "Es un problema que se da en la adolescencia, en primer lugar, ya que se siente que esos ideales son los únicos que existen. Vienen y dicen: `Es el amor de mi vida, no puedo vivir sin él o ella`. Y también, se observa en la tercera edad. En las parejas muy mayores, con cincuenta años de convivencia, cuando muere uno, muere el otro porque han formado un vínculo simbiótico, viven a expensas del otro. Se dejan morir, no comen, no hacen nada; es una suerte de suicidio", explica Amaral.

Tristeza ANTICIPADA. Cada persona vive el duelo de manera diferente. Es un reacomodamiento en todas las esferas. Puede ser de dos días o dos años, pero no significa que algunos lo vivan como una festichola y otros como un drama. "Son diferentes, pero el duelo existe", dice Alcuri. Que una persona se separe y al mes esté en pareja, ¿es sano? "Sospecharía de lo triste que está". Por un lado están las personalidades más inmaduras, dependientes, que sufren más y les cuesta rehacerse. Por otro, hay personas que no están muy comprometidas afectivamente. Pero también, lo que se observa mucho, es que existen parejas que ya están distanciadas desde hace tiempo. Muchas hacen el duelo antes de separarse, y luego es como una liberación, al toque sus vidas florecen, tienen nuevas parejas, las ves caminando por la rambla contentos y felices de la mano y de repente vivieron veinte años de calvario. Es muy frecuente".

También prefiere el anonimato, aunque confiesa que tiene 51 años, es empleada y se recuperó luego de 27 años de casados. "Después de 18 años, superamos una crisis por 9 años más, luego nos separamos".

María, de 35 años, trabaja en informática y estuvo 14 años casada con alguien que nunca logró conocer. Se separó, pero durante el matrimonio se fue dando cuenta que la persona no valía la pena. "Me fui desengañando".

HUMILLACIÓN. No es lo mismo dejar a una persona, que ser el abandonado. El orgullo y la vanidad herida del avergonzado y humillado lleva a que le cueste más asimilar el golpe. Ni qué hablar del que fue sorprendido en su buena fe o engañado, asegura Alcuri. "Situaciones asimétricas existen siempre. No son bienes gananciales, son sentimientos".

"Me dejó por otra -cuenta Valeria, de 28 años- aún no he podido recuperarme y ya han pasado cuatro años. Después de esa relación me fue imposible encarar otra. Me quedé super estancada".

La antropóloga Helen Fisher asegura que "la mayoría de la gente se recupera gradualmente de un rechazo amoroso y continúa adelante con su vida. Pero, sea como fuere, nunca nos olvidamos a quien se deshizo de nosotros".

Por el mundo ruedan los corazones destrozados, tanto que en Zagreb, Croacia, abrió un museo "dedicado a exhibir vestigios de relaciones fracasadas". Cualquier persona puede donar objetos, grabaciones de mensajes telefónicos y otros recuerdos de su relación sentimental marchita, o visitar el "legado emocional colectivo" creado con las donaciones de todos los despechados, escribe El Universal, que también narra que en Munich, Alemania, "acaban de abrir un hospital `para corazones rotos` y que se trata de una clínica pensada para atender adolescentes abandonados y dispuestos a cometer una locura".

En Noche de Nostalgia, vale recordar el tema de los Bee Gees How can you mend a broken heart? (¿Cómo puedes reparar un corazón roto?), que fuera número uno durante meses en su momento, en la taquilla mundial. "Por favor, ayúdame a reparar mi corazón roto/ y déjame vivir otra vez/ Puedo aún sentir la brisa/ que cruje a través de los árboles/ y las memorias húmedas de los días que se han ido/No podíamos ver el mañana/Nadie dijo una palabra acerca del dolor".

En busca de fórmulas

¿Alguna vez le rompieron el corazón? El 100% de los lectores que contestó esta pregunta a una encuesta de El País Digital aseguró que sí, al menos una vez en su vida. En las 48 horas que el sondeo permaneció colgado en la página web, 102 personas de todas las edades (entre 20 y 58 años) se animaron a testimoniar, algunos muy escuetamente y otros brindando detalles de situaciones vividas que les dejaron huella.

A la segunda interrogante -¿Cuánto tiempo le costó recuperarse y cómo lo hizo?- las contestaciones fueron dispares: de "un par de semanas" hasta cinco años. Más de uno aseguró: "Todavía no me recupero". Acerca de la mejor manera de superarlo, muchos coincidieron en que la fórmula más acertada es "mantenerse entretenido" con amigos y actividades disfrutables y recurrir a la "mentalización" o "autoterapia".

La enorme mayoría confirmó la premisa de que "el tiempo todo lo cura", aunque no faltó quien echara mano a los psicofármacos.

La última pregunta fue la que generó las posiciones más contundentes. El 64% negó tajantemente que "un clavo saque otro clavo", y muchos argumentaron que, como "el duelo debe ser vivido", si tras una separación, de inmediato se busca una nueva pareja sólo se "clava más el clavo anterior". Sin embargo, esta estrategia sí funcionó para el 27% de los lectores, que aseguraron que fue un nuevo amor quien los sacó del pozo. Apenas un 9% dudó sobre la eficacia de esta táctica y dijo no poder sentar posición al respecto. No hubo distinción de géneros: 55% de las respuestas fueron de mujeres, 45% de hombres.

Las cifras

64% Porcentaje de lectores que contestó "no" a la pregunta de si una nueva relación de pareja ayuda a olvidar la anterior.

20% Porcentaje que contestó "un año", sobre el tiempo que le llevó recuperarse de una separación. Fue la respuesta más frecuente, seguida por "dos años" o más.

Primera pasión puede provocar la misma ansiedad que la cocaína

Los niños también pueden enamorarse y hasta sufrir por un amor no correspondido. Y si bien no será con la misma intensidad de un adulto, este sentimiento nunca debe ser subestimado, explica la psiquiatra infantil Natalia Trenchi. Eso sí, respetar ese sentir no significa aceptar un noviazgo formal o una relación adulta, lo cual sería "absolutamente inadecuado", aclara la especialista, a pesar de que hoy en día las telenovelas insistan con mostrar a chicos que no sobrepasan el metro de altura enfrascados en tormentos amorosos. O peor aún: enseñar como "normal" a pequeños que se "arreglan" y pasan al contacto físico sexualizado, cuando no cuentan con "la madurez cognitiva ni emocional necesaria".

A años luz de los televisivos romances infantiles de hoy, parece quedar el clásico enamoramiento de la maestra de antaño. Trenchi admite que no sabe si eso sigue sucediendo, aunque conoce a muchos adultos que vivieron ese amor imposible en su infancia.

La huella del primer amor es, de hecho, insoslayable. La antropóloga Helen Fischer, especialista en temas amorosos, asegura que la voz o el tacto de aquel amor perdido provocan deseos, necesidad y ansiedad en el cerebro de la misma manera que aquellos adictos a la cocaína. Será por eso que muchos quieren recuperarlo. Aunque, para Trenchi, a esa edad uno se enamora más "del amor", que de la otra persona.

Opinan los lectores

¿Alguna vez le rompieron el corazón?/ ¿Cuánto tiempo le costó recuperarse y cómo lo hizo?/ ¿Un clavo saca otro clavo?

Sí/ Un par de meses. Comencé a frecuentar un "Pare de Sufrir"/ No, lo clava más. Dolores, 35 años.

Sí, hace unos días/Empecé a salir con un amigo de la infancia, decía que nuestra historia era para un libro, que me quería. Se desapareció, por teléfono me dijo que yo no estaba entre sus prioridades y que no era para tanto porque sólo habíamos salido un par de veces. Estoy en tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos/Ayuda a recuperar el autoestima (...) pero sólo saca del paso un rato. Verónica, 29 años.

Siii/ No sé, un año tal vez, estoy en proceso aún (...)/ Jamás! El duelo es bueno, enseña lo inimaginable, se crece, se aprende. Leticia, 25 años.

Sí/Dos años. Todavía no pude recuperarme/Nunca. Pablo, 44 años.

Experimenté desilusión/ Dos meses de autoterapia: no era el hombre adecuado/No, un clavo nunca puede sacar otro clavo. Se necesita una herramienta. Milagros, 53 años.

Varias veces/ Alrededor de un mes, echando mano a una nueva relación/Exactamente. Alejandro, 27.

Sí, él me dejó por otra/ Aún no he podido y ya pasaron cuatro años. Me fue imposible encarar otra relación, me quedé super estancada, por eso decidí viajar y ahora hace cuatro meses que estoy viviendo en Panamá, para cambiar de aire y ver qué tal me va por estos lados/Jamás, eso no sucede, y eso que me han querido presentar muchos clavos. Valeria, 28 años.

Sí, más de una vez/ No sé si uno se recupera, porque aunque el tiempo pasa, los recuerdos de lo que no pudo ser quedan/ No, cuando se hace eso, se tienen dos clavos en vez de uno. Daniela, 21 años.

Sí, claro/Tomo alcohol, busco otra, escribo, tomo alcohol, lo clásico/Por lo general, no siempre. Gabriel, 20 años.

Sí, 14 años con alguien y nunca logré conocerlo/Durante el mismo matrimonio me fui dando cuenta que la persona no valía la pena, me fui desengañando de a poco/ Sí, puede ser (...) María, 35 años.

Roto no, pero golpeado sí/ El tiempo se encarga, pero siempre queda una huella/ El problema está en encontrar el clavo que entre casi exacto en el lugar que dejó el anterior. Gonzalo, 32.

Sí, encontré a mi ex con una amiga en la cama/Año, año y medio/Siii, gracias a Dios hoy tengo un hombre maravilloso a mi lado. Stephanie, 20 años.

Histéricos que "dejan" parejas todo el tiempo

"¿Vos me preguntás por gente que cambia de pareja como quien cambia de calzoncillo?", responde el psicólogo Álvaro Alcuri cuando se le consulta si existen "abandonadores" de pareja compulsivos. Y concede que sí: son aquellos que no superan la etapa adolescente. "Un adolescente no hace enganches muy profundos de pareja. Su propia inmadurez le impide permanecer en un vínculo estable. Se está probando a sí mismo que es atractivo para el sexo opuesto. Hay gente que se comporta así toda su vida. Quienes tienen una personalidad inmadura, adolescente, histérica, necesitan hacerlo sistemáticamente. Alguien así tiende a sentirse más fascinado por el desconocido que lo puede conquistar que por la persona que duerme a su lado y ya conquistó".

La psicóloga Rita Amaral los define más escuetamente: "histéricos". "Mientras no consiguen a ese hombre o esa mujer, van tras ellos. Cuando lo consiguen, no les interesa".

Adictos a los vínculos afectivos

Sufrir por amor es, para algunas personas, una suerte de leit motiv. Lo hacen tan sistemáticamente que, viéndolo de afuera, uno se pregunta si en el fondo ese culebrón eterno no les generará cierto goce o si es que, decididamente, no saben amar de otra manera. Esto último es lo más acertado a la realidad.

A veces se les define como personas que "aman demasiado", pero, menos poéticamente, se trata de seres que viven las relaciones de una forma casi patológica, como una verdadera adicción, en ocasiones apegándose a parejas "nocivas" que de antemano tienen todas las luces rojas prendidas.

Debido a que este comportamiento es más frecuente de lo que se piensa, existen en el mundo grupos de doce pasos para quienes atraviesan ese problema. En Uruguay, hay uno exclusivo para mujeres con más de diez años funcionando. Se llama Adictas a los Vínculos Emocionales y se reúnen en Adeom todos los lunes a las 19.30.

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