GABRIELA VAZ
Es la única posibilidad de lograr un embarazo para muchas mujeres y por eso va en aumento, si bien cuesta alrededor de U$S 5.000. Hay cerca de 200 uruguayos nacidos por ovodonación.
Luego de una cesárea y nueve meses que transcurrieron sin complicaciones, la flamante y primeriza parturienta mira feliz y detenidamente a su hijo. Entusiasmada, constata que tiene la misma nariz del padre y se pregunta si alguna vez tendrá un parecido a ella, aunque tiene claro que, de existir, no será físico. Si bien la mitad de los genes de su bebé, ese que acaba de parir y que tanto había deseado, corresponden a su marido, el otro 50% pertenecen a una mujer que no conoce y nunca conocerá. Pero hacia ella sólo siente gratitud. Tras años de búsqueda e intentos frustrados, y aún después de la menopausia, logró concebir a su hijo y mucho le debe a la decisión de esa donante anónima que le entregó uno de sus óvulos para que pudiera conseguirlo.
Decenas de historias como ésta se cuentan hoy en Uruguay. La ovodonación es una técnica de fertilización in vitro cada vez más extendida en el país, a la que recurren entre el 15 y el 20% de las parejas con problemas de esterilidad. Al menos dos centenares de niños uruguayos han nacido por este método, que para algunos comprende cuestionamientos filosóficos; que tiene implicancias éticas, biológicas y psicológicas; y que pide a gritos un marco legal que se hace esperar.
TODO POR UNA CÉLULA. Si un hombre y una mujer sanos mantienen relaciones sexuales sin protección, la posibilidad de lograr un embarazo es de 20%. Si esta pareja repite el coito a lo largo de meses, ese porcentaje se incrementa. Por eso, si no llega a la concepción tras un año de intentos, hay que sospechar un factor de esterilidad. Se estima que entre un 10 y un 15% de las parejas entran en ese grupo.
Muchas de ellas encuentran soluciones en técnicas de fertilización in vitro, en las cuales se selecciona un espermatozoide y un óvulo de los integrantes de la pareja y en un laboratorio se logra el embrión que luego será implantado en el útero. Pero a veces, la calidad de esos gametos no es buena y hay que recurrir a donantes. Mientras la donación de esperma existe en el país hace ya dos décadas, la de óvulos es más reciente, aunque algunas clínicas de reproducción asistida ase-guran implementarla desde hace ocho años. Y todas aseguran que cada vez se utiliza más. "Es `la` solución para mujeres que antes no podían lograr un embarazo bajo ninguna circunstancia", indica Gerardo Bossano, especialista del Centro de Esterilidad Montevideo (CEM) que funciona en la Clínica del Parque.
Entre esas mujeres, están aquellas que tienen una mala calidad ovocitaria por su edad, pobre respuesta a la ovogénesis (se han expuesto a varios tratamientos de fertilización in vitro sin resultados positivos) o falla ovárica prematura.
Este último fue el diagnóstico que recibió Anabel en 2002, cuando con 28 años dejó de menstruar. Tres años después, decidida a ser mamá, supo que su única alternativa estaba en la ovodonación. "Para mí era el último recurso pero tuve que aceptarlo. Fue un duelo grande: aceptar que tu hijo no va a tener ni tu pelo, ni tus dientes ni tu color de piel. También tuve miedo de no reconocerlo como mío. Además, sometés a tu pareja a tener un hijo con alguien que no sabés quién es". Una vez superadas esas resistencias, Anabel aceptó realizarse el procedimiento. Hizo dos intentos que fracasaron y probará el tercero.
La tasa de éxito de esta técnica es alta: ronda el 50%. Incluso el médico Roberto Suárez, quien dirige junto a Carlos Duarte el Centro Iberoamericano de Reproducción Asistida (CIRA), asegura que en esa clínica el porcentaje positivo llega al 70%. Es que, paradójicamente, hay más posibilidades de lograr un embarazo si el embrión implantado se originó con óvulos ajenos que si se produjo con los propios. La edad es otro factor importante, recuerda Juan Rodríguez Buzzi, del Centro de Reproducción Humana del Interior (Cerhin), quien establece un tope de 46 años para la receptora. "Los casos son siempre difíciles, pero hay más posibilidades de éxito en pacientes jóvenes, por eso hay que consultar cuanto antes".
DONAR O VENDER. El manejo de las donantes es un capítulo aparte en estos procedimientos, sobre todo por el dilema ético que supone "comprar" óvulos y por las motivaciones que puede tener la dadora.
Algunas clínicas han solucionado estas cuestiones creando un sistema mixto: si una pareja de bajos recursos necesita una fertilización in vitro por "factor masculino" (la esterilidad está en el hombre), se le ofrece a la mujer que done óvulos a cambio de que otra pareja -que sí tiene posibilidades económicas y recibirá esos óvulos- pague por su tratamiento. Tanto en la clínica del CIRA como en la del Cerhin es de la única manera que se aceptan ovodonaciones. La pareja receptora debe abonar entonces alrededor de 4.000 dólares y la donante sólo sus gastos de medicación.
En el CEM, en cambio, se utilizan "donantes puras", a las que se les paga 500 dólares como compensación por viáticos y horas laborales perdidas. "Los óvulos no se compran", aclaran en la clínica. Según indica el médico Guillermo Caprario, a cargo del programa de ovodonación del centro, en cinco años se presentaron 128 donantes. Se trata de mujeres que se acercan voluntariamente, en general madres y que conocen el procedimiento por el "boca a boca", cuenta la psicóloga María Sol Doria, encargada de entrevistar tanto a las dadoras como a las parejas receptoras.
En todos los centros, las donantes (que nunca se conocen con las receptoras) deben ser menores de 30 años y pasar por exámenes clínicos y psicológicos para descartar tanto enfermedades hereditarias como desequilibrios emocionales. Además, señalan, deben tener la "capacidad" para comprender el tratamiento al que serán sometidas.
La idea de que se trata de una mujer sin escrúpulos cuyo único fin es hacer un negocio con sus óvulos es uno de los principales prejuicios que debe combatir la psicóloga Doria, ya que los miedos más frecuentes de las parejas receptoras se centran en la figura de la donante. Para desmitificar, la terapeuta pide a las dadoras que escriban algo que les gustaría que lea quien reciba sus óvulos. "Mi satisfacción es poder darles la alegría de completar su familia", "me gusta creer que más que donantes de óvulos somos donantes de sueños", "me agrada saber que gracias a mí una pareja será un poquito más feliz", son fragmentos de algunas de esas misivas.
A lo largo de muchos años de trabajo -once que se dedica a temas de infertilidad- Doria ha descubierto patrones en estas mujeres. "Para muchas donar tiene un valor de reparación de algo relacionado con su historia. Son madres y sus hijos son lo más importante. Lo económico pesa, pero no es lo primordial", explica. De hecho, cuando se detecta que el único motivo por el que se presenta es el dinero, es rechazada. Debe haber un fin altruista. Tampoco se aceptan cuando se encuentran trastornos de personalidad, conductas adictivas o pasa por un mal momento vital. "Si me dice que su padre se murió hace 20 días, le desaconsejo donar".
FANTASÍAS. También las receptoras pueden ser rechazadas. En general se trata de parejas que han debido elaborar diferentes duelos desde que se enteraron de su esterilidad. Una vez que se opta por la ovodonación, la mujer debe renunciar también a que el hijo tenga su herencia genética. "Una canción de Serrat dice `a menudo los hijos se nos parecen` y es verdad que uno tiene un deseo narcisista y ve al hijo como una prolongación. Pero muchas veces el parecido se construye. ¿Cuál es el valor de lo genético? Es algo que trabajamos con las parejas", dice Doria. Esa falta de consanguinidad -que se contempla intentando que las donantes se parezcan a las receptoras- hace que a veces circule entre las madres la idea de que el niño no las querrá o que a ellas mismas les costará desarrollar un sentimiento maternal. Pero nada de eso sucede. "El apego no lo genera la sangre. Esa es una fantasía universal", apunta la psicóloga, quien atiende a niños nacidos por este método y no ha encontrado dificultades en los vínculos.
Desde el punto de vista legal, si bien existe un gran vacío (ver recuadro), hay coincidencia en que la donante no genera ningún tipo de derechos ni deberes sobre "el producto de la donación de ovocitos" (así lo definen algunos instructivos). Para el abogado Juan Fagúndez, es tan claro como para las clínicas. "Lo que se dona es una célula. Todo lo que se genere a partir de esa donación no tiene ningún vínculo con el donante primario. Sin óvulo no hay niño, pero sin útero tampoco".
El proyecto de ley que presentó el senador y médico Alberto Cid establece que sólo ese niño, una vez que llegue a la mayoría de edad, y previa resolución de un juez, podría si lo desea conocer la identidad de la donante, que aún así continuaría eximida de toda responsabilidad.
Anabel y su marido gastaron alrededor de 8.000 dólares en sus dos intentos de ovodonación, y ahora juntan dinero para una tercera vez. "Debería tener cobertura del Fondo Nacional de Recursos. Mucha gente no tiene posibilidades y la esterilidad es una enfermedad que no tiene asistencia de Salud Pública". Mientras, ellos también averiguaron sus posibilidades de adopción en el Inau. "No sólo por el costo económico, sino por el emocional".
¿Registros? "Acá nadie sabe nada"
Desde hace 12 años, un proyecto de ley sobre técnicas de reproducción humana asistida duerme en el Parlamento. El documento, presentado por el médico y senador de Asamblea Uruguay Alberto Cid, logró media sanción de sus 22 artículos en la legislatura pasada, pero no tuvo tiempo de aprobarse en Diputados. Por eso volverá a probar suerte en breve, con algunos cambios y el acuerdo del subsecretario de Salud Pública, Miguel Fernández Galeano. "La idea es regular estas técnicas, que ahora constituyen una amenaza, por llamarlo de alguna forma, en caso de que se desvirtúe su utilización", señala Cid.
Entre otras cosas, el proyecto pretende evitar situaciones como el vientre de alquiler, el comercio de gametos, o técnicas que puedan llevar a una "reducción embrionaria", que en la práctica no es otra cosa que un aborto. Se produce cuando, debido a una multigestación que compromete la viabilidad de los embriones o hay riesgo sanitario para la madre, los médicos eliminan embriones del útero.
El documento también contempla la necesidad de un registro nacional de donantes. "No se pueden utilizar los espermatozoides u óvulos donados más allá de determinado número de reproducciones, sino se empiezan a generar hermanos y eso debe tener un límite, que está establecido en seis procedimientos", explica el legislador.
Hace un par de años, el Poder Ejecutivo aprobó un decreto cuyo objetivo era que los centros que trabajan con células y tejidos humanos reportaran en detalle todos sus procedimientos al Ministerio de Salud Pública, pero, según aseguran desde las clínicas, no se está cumpliendo. "El MSP no ha tomado cartas en el asunto. No llevan registros. Yo puedo tener 6.000 embriones congelados, y nadie sabe nada", acota el médico del CERHIN Juan Rodríguez Buzzi.
TESTIMONIOS
Gerardo Bossano
MÉDICO, CLÍNICA DEL CEM.
"Hay una demanda cada vez más creciente y a veces la receptora tiene que esperar un poco para que aparezca una donante con las características adecuadas. Nunca son esperas mayores a dos o tres meses. Pero tampoco es que la pareja llega y se realiza el tratamiento enseguida. Hay que coordinar los períodos de receptora y donante".
Juan Rodríguez Buzzi
MÉDICO, CLÍNICA DEL CERHIN
"Generalmente se evita que una mujer done más de una vez. La consanguinidad está acotada por la cantidad de habitantes que hay en Uruguay. Si fuéramos 50 millones, no habría problema (...) Muchas donantes se cuestionan que su óvulo `puede estar en cualquier lado`. A los hombres se les plantea menos".
Roberto Suárez
MÉDICO, CLÍNICA DEL CIRA
"Sería muy importante la existencia de una ley que regule estos tratamientos. No tengo dudas de que el marco legal que nos daría sería más amplio del que manejan hoy los centros de reproducción, pues todos nos conducimos con el código de ética del Sindicato Médico y en forma muy estricta, que hacen que nuestro accionar sea muy acotado".
María Sol Doria
PSICÓLOGA
"¿Cuál es el valor de lo genético? Es algo que trabajamos con las parejas. La mujer renuncia al parecido en la fisonomía (...) ¿Deseo un embarazo, deseo que mis genes se reproduzcan o deseo un hijo? El deseo de un embarazo puede ser muy narcisista; se necesita exhibir una barriga. En ese caso se desaconseja (la ovorrecepción)".
Las cifras
500 Dólares se le paga a una mujer que dona sus óvulos en el CEM, como compensación por viáticos.
30 Dólares se le paga a un hombre que dona su esperma en Fertilab, también como compensación.
6.000 Dólares puede costar un tratamiento de ovodonación en la clínica del CEM. En CIRA, son 4.000.
Proponen adopción prenatal
Una de las ventajas de la congelación de óvulos es que evita el dilema ético que genera el mismo tratamiento pero con embriones, que tiene como uno de sus principales opositores a la Iglesia Católica. De hecho, el sacerdote Omar Franca, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica, sostiene que, "en sentido estricto", no hay por qué pensar en una oposición radical aún a la venta de óvulos. "En principio no hay por qué decir que sería contrario a la ética comprar sangre, óvulos, piel o vender una córnea. Claro, siempre está el riesgo de explotación de los más pobres. Y por eso es que generalmente las leyes se oponen a la venta de partes del cuerpo humano y se habla de que los tejidos sean donados y no vendidos".
En cuanto a los embriones, Franca sostiene que se trata de "individuos de la especie humana", y dado que en este momento hay muchos congelados, recomienda que puedan ser adoptados antes que destruidos. "En lugar de descongelarlos y matarlos es preferible posibilitar la adopción prenatal. Los embriones no se pueden donar, porque los seres humanos no se pueden donar, se pueden encomendar", concluye el sacerdote.
Congelar óvulos por $ 25 mil
Dos años atrás, el Centro Iberoamericano de Reproducción Asistida (CIRA) se convirtió en el primer centro en Uruguay -"y uno de los pocos de América Latina", apunta su codirector, Roberto Suárez- que ofrece la posibilidad de congelar óvulos, bajo una técnica llamada "vitrificación", más compleja que el congelamiento pero con mejores resultados. Aún así, hasta el momento no se han producido embarazos de óvulos congelados (de hecho, en el mundo todavía hay pocos niños nacidos de esta técnica, mientras que de embriones congelados ya se cuentan por miles).
Quienes adoptan esta decisión suelen ser: pacientes que serán sometidas a un tratamiento oncológico que pueda destruir su tejido ovárico, pacientes que por razones éticas o religiosas prefieran congelar óvulos y no embriones, pacientes que en un ciclo de fertilización in vitro tienen una producción de ovocitos importante en número, y mujeres jóvenes que deseen postergar su maternidad para luego de los 35 años y quieran conservar su calidad ovocitaria.
Actualmente, en el CIRA hay óvulos congelados de ocho pacientes. El costo de esa elección es de 25.000 pesos.