MIGUEL BARDESIO
Lo que hicimos fue defender nuestra seguridad cuando la Policía no lo hace". Así explica la fiscal penal Mirtha Guianze el motivo que la llevó a negociar con un grupo de ladrones la devolución de dos celulares a cambio de un par de championes que los delincuentes habían dejado en su casa.
El caso derivó en una polémica política y el diputado Daniel García Pintos acusa a Guianze de dar "un mal ejemplo" en tiempos de sensación de inseguridad e incluso que su conducta podría configurar un delito. Pero a la vez, el episodio revela una tendencia social cada vez más extendida: una especie de cultura de "recuperación por mano propia" en la que las mismas víctimas buscan rehacerse de lo hurtado, sobre todo cuando el robo incluye el teléfono celular.
La historia que relata Guianze, en cambio, no es así. A mediados de mayo, dos ladrones ingresaron a la casa de la fiscal en Las Piedras mientras ella dormía. Recuerda que entre sueños vio "sombras" en el placard de su cuarto y luego escuchó los gritos de su hija. Eso la despertó y corrió para ahuyentar a los delincuentes, que salieron pero olvidaron unos championes en la puerta. Seguramente, se habían descalzado para caminar por la vivienda con discreción. Lo único que se llevaron ("al menos que me haya dado cuenta hasta ahora") fue su celular y otro de su esposo.
"Lo primero que hice fue llamar a la Policía", continúa Guianze. Una vez con los efectivos en la casa, empezó la negociación. Llamó ella a su teléfono móvil para acordar el intercambio. El celular de la fiscal es un Nokia 1100, cuyo precio no supera los 500 pesos, pero sobre todo le preocupaba la información guardada. "Tengo los números de magistrados, de peritos y de miembros de la Inteligencia y no quería que eso cayera en manos de los ladrones".
El trato consistió en que su hijo iría a la entrada de un asentamiento en Las Piedras para la entrega. Varios efectivos acompañaron al joven y el plan era que esperarían ocultos hasta el momento del intercambio para apresar a los delincuentes. Sin embargo, los policías actuaron a destiempo y alumbraron con un foco al hijo de la fiscal, lo dejaron en evidencia y los ladrones escaparon. "El accionar policial fue muy ineficiente. Incluso, podrían haberlo matado a mi hijo", se queja Guianze.
Pero lo que ocurrió después fue incluso peor, según ella. "La Policía se mandó mudar y los que quedamos expuestos fuimos nosotros", relata. Tras el frustrado intento, los ladrones llamaron a Guianze, le reprocharon que haya recurrido a la Policía y la amenazaron. "`Doña, le vamos a prender fuego la casa`, me decían. Entonces, mi hijo tomó el teléfono y arregló que dejaran los celulares en un kiosco acá en Ruta 5 a cambio de los championes". Este segundo canje se realizó sin intervención policial.
La fiscal se mostró indignada por el revuelo político de su caso y apuntó a García Pintos. "Es un disparate lo que dice, que transé con ladrones y que no hice la denuncia; la hice. Tengo acá la constancia, pero no quiero responderle ahora a García Pintos. Lo haré por escrito y en el momento en que tenga que hacerlo", dice en referencia a la investigación que iniciaría el Fiscal de Corte, Rafael Ubiría sobre el caso.
En su rol de Fiscal Penal, Guianze se ha encargado de múltiples denuncias contra contra ex militares por crímenes de la dictadura y algunos de ellos terminaron en procesamientos con prisión.
Por lo pronto, declara que sigue "trabajando" y que no tiene miedo, a pesar de que después de aquella noche de mayo, sufrió otros dos intentos de robo, tanto a ella como a vecinos porque comparte el terreno con otras seis casas. "Hace un par de noches también. Sentimos que caminaban por los techos y llamamos a la Policía. Vinieron, se pararon enfrente y los delincuentes se fueron. Es decir, acá hemos llamado muchas veces, hemos dicho que le roban a todo el mundo, pero esto no tiene arreglo. Yo no le veo arreglo", asegura la fiscal. Y añade que en esos casos actúa como vecina y nunca informó a a los efectivos de su cargo. "No digo que soy fiscal. No corresponde que me traten distinto porque tenga un cargo", dice.
Pero reconoce que por su profesión, la seguridad de su casa es especialmente delicada. "A veces, puedo tener carpetas o información de algún proceso y ¿qué pasa si me la roban?", comenta. "A mí me han hurtado 57.000 veces, pero siempre cosas afuera: bicicletas o garrafas. Es la primera vez que entran a mi casa y hasta revisaron mi cuarto".
Guianze añade que al otro día del robo y el "error policial", se comunicó con el fiscal de la Policía. Éste le envió dos agentes, quienes le reconocieron que se realizó "un procedimiento mal hecho", según ella. En esa repartición tal vez investiguen el accionar de los efectivos, pero Guianze asegura que piensa "dejarlo así".
Y en la mudanza, ¿no pensó? "He vivido en Las Piedras desde el año 1962 y no me pienso ir".
VULNERABLES. Más allá de las derivaciones del caso en particular, el episodio pone sobre el tapete el polémico recurso de la negociación con delincuentes. Por falta de confianza en la Policía o por creencia de que la vía tradicional (denuncia, investigación y juicio) es ineficaz para la recuperación de lo hurtado, cada vez más uruguayos apelan al acuerdo directo con ladrones.
El empuje se apoya sobre todo en el boom de los celulares (se calcula que hay al menos dos millones de aparatos en el país) que dejan abierta la posibilidad de diálogo entre víctima y victimario. La misma fiscal Guianze lo dice: "Me ha tocado en varios turnos. Casi siempre con los celulares pasa que la víctima llama y se hace un acuerdo, como una celada (trampa) para atraparlos, pero en mi caso salió mal".
Claro que ella se refiere a las situaciones en que la persona recurre a la Policía y la maniobra se hace bajo la supervisión de los agentes. Pero en otros incontables sucesos, el perjudicado recurre al diálogo directo.
A Claudia, una montevideana de 47 años, también le robaron el celular. Salía de una estación de servicio de Peñarol en su moto y otro vehículo pasó a toda velocidad y le llevó la cartera. De vuelta en su casa, llamó a su mismo número y reproduce ahora parte del diálogo: "Yo sé que hay un ser humano ahí del otro lado y quiero conectarme con ese ser. Sólo te pido que me devuelvas los documentos, soy una persona de trabajo, humilde, quedate con todo lo demás, sólo los documentos, que los necesito", le dijo al ladrón.
Y la respuesta fue: "Está bien, pero dejame el celular con línea, no lo denuncies". El pacto implicaba que el ladrón se comprometía a arrojar la cédula y tarjetas de crédito en un terreno baldío cercano a la casa de Claudia. Era de madrugada y allá salió la mujer, a esperar. Pero un policía la encontró en la calle sola y a semejante hora por lo que se acercó a ver si precisaba algo. Esto provocó la huida del ladrón que venía en su moto a efectuar la entrega.
La Policía, en sus manuales de seguridad ciudadana, sólo recomienda la negociación en casos de violencia. Esto es: rapiña, violación o copamientos, o sea, delitos que puedan derivar en cosas peores, entonces allí, cara a cara con el delincuente, "evalúe la posibilidad de negociar" para minimizar el daño de un homicidio, por ejemplo.
El comisario Elbio Barboza, director de las escuelas de seguridad de Canelones, aconseja realizar siempre la denuncia por más mínimo que sea el hurto. "Tenemos que empezar a combatir el delito desde abajo, pero si no nos enteramos, es imposible". Él mismo ha participado de casos exitosos de recuperación de celulares cuando la víctima coordina con las autoridades.
Para el psicólogo Robert Parrado, especialista en seguridad, la "transa" de la víctima por sí sola responde a dos motivos: "Uno: la creencia de que se puede solucionar los problemas sin ayuda de nadie, y segundo: algún nivel de desconfianza en el sistema". Añade que la víctima-negociadora debería, a priori, "tener una personalidad que no mide mucho los riesgos, porque se está enfrentando a una persona desconocida y peligrosa".
Según una encuesta de 2007 del Observatorio Montevideo de Inclusión Social, el 56% de los capitalinos dijo "desconfiar" de la Policía, un guarismo que crece en los barrios más empobrecidos. La propia ministra del Interior, Daisy Tourné, reconoció al asumir en 2006 que la "gente no confía" y que revertir esto era uno de sus principales desafíos.
Otro indicador: el 40% de las personas que sufren un delito, no radica la denuncia, según una encuesta de victimización realizada en 2007 en Montevideo y Canelones y por el Ministerio del Interior. La mayoría de estos casos corresponde a hurtos "de cuantía menor", aunque también hay un margen grande de casos de violencia doméstica, donde juega el temor o "las amenazas para no acudir a la Policía", sintetizó el sociólogo Javier Donnangelo, experto en seguridad.
Aún en estos casos de delitos "pequeños", para Donnangelo la negociación por cuenta propia de la víctima se da en "casos aislados".
¿Cuántos son los robos "menores"? Según los números del Observatorio de Violencia y Criminalidad, hubo 99.842 hurtos en 2007, un 2% menos que el año anterior. Pero la cifra no discrimina entre robos "grandes" o "chicos". Otro dato puede dar idea de la magnitud del "pequeño robo": de enero a junio, la Dirección Nacional de Identificación Civil renovó 5.336 cédulas de identidad denunciadas como hurtadas. En todo 2007, fueron 10.124.
No quiere decir que todos esos delitos conduzcan siempre a la negociación, pero hay más chances, en especial cuando entre lo hurtado está el celular, un aparatito que va casi siempre junto a la cédula en la cartera o maletín.
Luciano Posada, experto en investigaciones policiales, asegura que las víctimas negociadoras "piensan que pueden lograr un gesto de compasión en el delincuente. Generalmente, no lo logran y pierden también el dinero del rescate".
SISTEMA. El abogado penalista Juan Fagúndez considera que el sistema, en general, no le deja a la víctima más opción que empezar la "recuperación por cuenta propia".
"En la mayoría de los casos de hurtos, podrá terminar el delincuente preso, pero las cosas no aparecen porque generalmente ya fueron traficadas antes". Es decir que "no hay resarcimiento a la víctima y si uno pregunta a todos los que sufrieron un robo: `¿qué querés?, ¿que el ladrón vaya preso o recuperar las cosas?` Para mí, la mayoría va a preferir la devolución, siempre que no haya habido violencia", añade.
La Justicia, en cambio, está pensada principalmente para castigar al responsable. Y la devolución de lo robado "es apenas un atenuante genérico", dice el catedrático de Derecho Penal Miguel Langón. Esto significa que si el delincuente está dispuesto al reintegro, igual marcharía preso.
La recuperación de lo hurtado recae sobre la investigación policial. En 2004 (últimos datos disponibles) los hurtos representaron pérdidas de 370 millones de pesos y de ese monto, la Policía logró recobrar poco más de 100 millones. O sea que unos 13 millones de dólares fueron hurtados y no pudieron reintegrarse, más o menos lo mismo que sacarse el Cinco de Oro acumulado unas 15 veces.
Sin embargo, hay indicadores de que el trabajo policial ha mejorado en los últimos años. El número de personas remitidas a la Justicia por delitos vinculados con estupefacientes fue de 764 personas, el más alto en los últimos 20 años. "Mucha gente tiene una idea equivocada del trabajo policial", opina Donnangelo. "Viene de años y va a ser difícil de cambiar".
¿ES DELITO? Según el Código Penal, adquirir algo robado configura el delito de "receptación". Pero, ¿qué ocurre cuando uno compra algo que es suyo? El Código, que data de 1934, no da una respuesta específica por lo que se debe interpretar. Para Juan Fagúndez no existe la falta porque "uno compra o canjea algo que es de su propiedad".
A la fiscal Guianze, en particular, la acusan porque según el Código, es obligación de magistrados y policías denunciar si se enteran de un delito. Ella se defiende en que efectivamente lo denunció.
"Ella actuó como ciudadana y no como funcionaria", asegura Langón. "Imagine qué pasa con un secuestro de un hijo por ejemplo. Si el padre negocia y paga rescate, ¿hay ahí delito? Es una locura pensar eso. Ahora, si conviene que lo haga un juez o un fiscal, es opinable".
"Lo ideal sería una Justicia que compense a la víctima
Miguel Langón, catedrático de Derecho Penal, opina que la existencia de hecho de negociación entre víctimas y victimarios debería llevar a repensar el sistema penal con miras a conseguir la "indemnización de la víctima y solucionar el conflicto social".
"A esto le llamamos reprivatización de los conflictos. Pongamos que un empleado roba en la empresa, el dueño no va a querer que el chico vaya preso, sino recuperar el dinero y echarlo sin indemnización. Entonces se hace un acuerdo entre los dos y se termina el proceso, el delito no queda impune, la víctima recupera lo robado y además, solucionamos el conflicto. Y al delincuente no lo reventamos en la cárcel. Porque esta cosa tan dura de mandar a la gente presa y hacer un juicio, ¿para qué sirve? Si lo que me interesa a mí solucionar es el conflicto social", asegura Langón.
Estos mismos sistemas se están empleando en varios países del mundo para los delitos menores. Langón concuerda con la idea de dotar a policías y fiscales con la posibilidad de negociar con los delincuentes si confiesan o dan información, algo prohibido hoy por la legislación.
Asimismo, propone que podría pensarse en un "seguro ciudadano" que indemnice a las víctimas de delitos. ¿Por qué tiene que ser aleatorio que si a mí me dan un marronazo y me roban, llevo todo el perjuicio? Creo que la sociedad debe hacerse cargo", dice y cita a Australia y Gran Bretaña, que han adoptado este seguro.
Recomprando en Piedras Blancas
A Sebastián le desvalijaron la casa hace dos años. Entre las pertenencias hurtadas, se hallaban unos 200 discos musicales, tal vez lo que más le dolió. Días después, hizo lo que repiten muchos uruguayos: fue a la feria de Piedras Blancas y allí "recompró" varios de sus discos, muchos únicos en el país porque fueron traídos desde el exterior. También en Tristán Narvaja halló otros. "No dije que eran míos porque no tenía cómo comprobarlo y me iba a ganar un lío", relata.
Robert no tuvo la misma suerte. Le llevaron su moto (una Suzuki Z550) a mediados de mayo y desde entonces ofrece una recompensa de 500 dólares por su paradero. Varios de sus amigos fueron a Piedras Blancas, pero no dieron con la moto. "Preguntando, preguntando, llegaron a una moto que era parecida, pero no la mía", cuenta Robert. Él formuló la denuncia policial, pero aún no tiene novedades.
Como estos dos casos, muchos uruguayos víctimas de robos acuden el domingo siguiente a la feria de Piedras Blancas a ver si logran ubicar lo hurtado. Una fuente policial estimó que esa feria tiene "mucha fama que es irreal. La delincuencia está, pero el tráfico de lo robado, en su mayoría, no se da por ahí".
Según estimaciones de la Intendencia, que administra la feria, hay unos 3.200 vendedores pero la mitad no está registrado. El abogado Miguel Castellán, de la Asociación de Feriantes del Uruguay, criticó la gestión de la IMM, "es muy tolerante con la informalidad" y casi no controla.
Robert asegura que no es que los objetos robados se coloquen en exhibición, "hay que preguntar, recorrer".
Las cifras
56% De los montevideanos dijo que desconfiaba de la Policía, según un sondeo realizado en 2007.
40% De las víctimas de delitos no denuncia. A menudo, se trata de hurtos menores o violencia doméstica.
5.336 Cantidad de cédulas denunciadas por robo entre enero y junio. En 2007, sumaron 10.124.
13 Millones de dólares es el valor de lo hurtado en 2004 y que no logró ser recuperado por la policía.
El Dato
"Por ley, La policía está impedida de negociar"
Las películas policiales, en general estadounidenses, muestran a menudo a policías o abogados que negocian con delincuentes a cambio de información, por ejemplo. Esto, en Uruguay, está prohibido por ley, según dijo el experto en investigaciones Luciano Posada.
Las únicas excepciones se dan cuando los efectivos se encuentran con un secuestro, una toma de rehenes o circunstancias de violencia doméstica. Allí, "lo que se busca no es un intercambio de favores, como un contrato de compra-venta, sino para destrabar un conflicto, pacificar una situación violenta", añade Posada.
El experto asegura que la "policía uruguaya realiza más negociaciones de lo que la gente piensa, pese a que no se existe ningún aprendizaje curricular en la materia. Cuando llegan a un caso de violencia familiar, en una persecución o en la entrada de fincas de delincuentes", ejemplifica.
¿Qué recomienda a la víctima con posibilidad de negociar?
"Lo que ha dado buenos resultados es el aviso a Dirección de Investigaciones cuyos policías especializados montan un operativo contingente".