LIC. VERÓNICA MASSONNIER
No te olvides, yo fui joven en los años 60". Alguien me dijo esta frase hace algunos años, simbolizando una etapa que marcó a fuego una forma de ser y una identidad. En estas semanas muchos han evocado el mayo del 68 en París con sus rupturas y desafíos, con sus proclamas de "la imaginación al poder". Y algunos analistas destacan que es la primera vez en la historia contemporánea que la juventud tomó conciencia de sí misma como generación. Después de los esfuerzos de reconstrucción de la posguerra, surge con fuerza la conciencia de ser joven, la voluntad imperiosa de disfrutar, los permisos para vivir de la manera más auténtica posible. A partir de esa etapa se reafirma la idealización de todo lo joven, en tanto ser mayor se convirtió en algo devaluado, un estado que es necesario rehuir y postergar a toda costa.
Ahora bien, en paralelo la medicina logra el sueño de aumentar la esperanza de vida hasta límites antes impensables. Algunos estudios muestran que el ser humano ha "ganado una vida más", en el sentido que ha logrado aumentar en varias décadas su expectativa de una existencia plena. Y nos encontramos con la paradoja de que, ahora que "nadie quiere ser mayor", nuestras sociedades tienen cada vez más mayores. Ahora que tenemos varias décadas más por delante, justo son las décadas en las que nos encontramos con un escenario de múltiples dificultades: cada vez es más difícil que los puestos laborales acepten mayores de 45, y la valoración de la "experiencia" no es comparable con la valoración de lo nuevo.
El escenario muestra además que, pese a que hemos luchado por mantener la salud y la belleza a lo largo de un tiempo cada vez más largo, las sociedades continuamos guiándonos por antiguos paradigmas (que ya no se ajustan a la realidad) acerca de los mayores. En verdad, los jóvenes rebeldes de mayo del 68 serán muy pronto "los mayores", y van a envejecer de una manera nueva, creando otro punto de inflexión. Estamos presenciando el proceso de envejecimiento de la misma generación que se creó el culto a la juventud, por lo tanto vamos a estar frente a un modelo de abuelo muy diferente al de las historias de la tradición. Y es posible que estos grupos deban mostrar al mundo que hay que romper con algunos estereotipos acerca de la vejez.
Por eso las generaciones se desdibujan, por eso vamos a comprobar de manera creciente que al avanzar la edad va a continuar la independencia, cierta rebeldía y un mayor individualismo. Por eso tenemos que prepararnos para que los mayores del futuro tengan lugar para su laptop dondequiera que vayan, para generaciones de abuelas que tal vez no se dediquen al tejido, sino a crear su propio blog.
Esta generación de mayores es mucho más reticente a "retirarse" por lo menos de la forma en la que la generación anterior se retiraba, y en cambio se recicla: a medida que envejecen, cada vez más personas se ven más atraídas por comenzar segundas carreras (o actividades) que por abandonar totalmente la fuerza de trabajo. Y algunos países están comenzando a plantearse proyectos que acompasan estos cambios y se preparan para lo nuevo.
En apoyo a esta filosofía de vida, se plantea el nuevo capítulo del "hombre biónico". En este terreno aparecen, de manera incipiente todavía en los países latinoamericanos, pero con importantes perspectivas de futuro, las clínicas para la "puesta a punto": un concepto de la salud que no se limita a curar o prevenir enfermedades, sino que propone recuperar funciones que se van debilitando como resultado natural del paso del tiempo.
La juventud de los años 60 piensa envejecer, pero a su manera.