MARÍA INÉS LORENZO
De las 396 bibliotecas uruguayas, la mitad no cuenta con computadoras y casi el 70% no tiene conexión alguna a Internet. Una realidad de atraso en comparación a otras partes del mundo y también una oportunidad desaprovechada: cerca de un millón de uruguayos son internautas pero no pueden consultar ni libros o catálogos on line de las bibliotecas criollas. Ni siquiera están interconectadas entre sí, y mucho menos con otros países, perdiendo así la posibilidad de difundir digitalmente las creaciones de los autores uruguayos.
A grosso modo, este fue el cuadro de situación descripto por el director de la Biblioteca Nacional, el escritor Tomás de Mattos, quien, en calidad de "paciente que cuenta una historia y no como experto", aclara, se refirió a las necesidades informáticas de las bibliotecas uruguayas, sus carencias y limitaciones y algunos avances encauzados.
En el marco de la Tercera Semana de la Ciencia y la Tecnología, De Mattos dio una charla en la que llamó a acelerar el proceso de digitalización de las bibliotecas, lo que traería beneficios por todos lados, incluido el económico. Un libro digital costará al usuario 24 veces más barato que la versión impresa, ejemplifica De Mattos.
¿La traba? Los enredos de siempre en los procesos estatales. Hace ya más de un año que se está redactando una Ley Nacional de Bibliotecas para poder facilitar la catalogación informática, pero hasta el momento esas líneas siguen en veremos.
DIGITALIZAR. Una de las necesidades de las bibliotecas refiere a la ausencia de un manejo digitalizado de la información sobre los tipos de libros y diferentes escritores. Tales datos, por ejemplo, no están registrados en catálogos electrónicos, los impide consultar, ni siquiera dentro de las propias bibliotecas, los materiales disponibles, como diarios, revistas, investigaciones o libros, explica De Mattos. Hay que recurrir a la vieja fichita.
La Biblioteca Nacional trabaja desde hace más de un año para poder incorporar un software para la gestión del material, pero hasta el momento se ha topado con carencias técnicas de todo tipo y color. De ahí que el escritor resalte la importancia de acelerar los procesos de digitalización dentro de las bibliotecas. Si ello sucediera, por ejemplo, ya en unos pocos meses se podrían poner al alcance de las personas más de 20.000 ejemplares diferentes de literatura uruguaya comprendidos entre el año 1990 hasta la fecha, textos que ya están prontos para colgarse en la Web.
"La idea es poder democratizar la información para que llegue a todos los sectores sociales y económicos y difundir más la lectura. La informática es una herramienta fundamental para capacitar al hombre y por tanto, no podemos permanecer ajena a él", opina De Mattos. "Además, tanto las computadoras como los equipos digitales que se necesitan son accesibles de financiar si se ofrecen planes con fundamentos técnicos serios", agrega.
En el resto del globo, más del 30% de los libros ya se presentan e incluso se venden en soportes y formatos electrónicos. En Uruguay, en cambio, no sucede nada de eso. De hecho, el 48% de las bibliotecas carece de programas tecnológicos para clasificar libros y demás pu-blicaciones, según el último censo realizado por la Asociación de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica (ABINIA).
Pero ojo, introducir distintas plataformas tecnológicas en las bibliotecas no implica sacar de circulación 130.000 documentos que descansan en los estantes de la Biblioteca Nacional ni los otros miles que hay en el resto de las bibliotecas del país. El proyecto no es sustituir, sino complementar.
SIN PIRATAS. Un desafío siguiente será el establecimiento de un software para que las bibliotecas puedan funcionar en red, ya que de nada sirve que tengan una, dos o tres computadoras si no hay conectividad y manejo de la información coordinado entre las 396 bibliotecas del país, expresa el director. Tampoco tiene mucha gracia sin un acceso a los materiales y libros de autores uruguayos desde el exterior, agrega. "Es importante que las bibliotecas estén interconectadas con otras de distintos países porque le permite a los uruguayos acceder a los textos de autores internacionales que ellos desean en forma más económica y eficaz". A su vez, beneficia a los escritores nacionales porque miles de otros países podrán leer sus obras.
Además de computadoras y acceso a Internet, las bibliotecas también necesitan un software especial para preservar los derechos de autor. "Si bien la idea es que las publicaciones se difundan aquí y en el mundo, hace falta incorporar soportes digitales que permitan controlar que no se pirateen los materiales", explica De Mattos. De esa manera, se podrá acceder y consultar todos los libros y documentos que deseen, pero no los van a poder copiar ni guardar en la computadora así como tampoco imprimir, según la idea que proyecta el director.
EL DATO
Falta tecnología y personal
De 396 bibliotecas que hay en Uruguay, el 63% (253) está en el interior del país y el 37% (143) en Montevideo, según el censo de la Asociación de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica.
Se distinguen dos tipos de bibliotecas: las públicas, que son las que están bajo la órbita del Estado; y las populares, es decir, aquellas privadas que tienen acceso indiscriminado a todas las personas.
Además de problemas tecnológicos, las bibliotecas públicas nacionales carecen de personas idóneas para desempeñar su tarea. Según el censo, el 70% de los bibliotecas no cuentan con personal con una formación adecuada a su tarea.
En la Biblioteca Nacional, la más grande, hay 130.000 documentos (libros, revistas y periódicos) para la consulta. "El avance que ha tenido Internet hicieron que cambiaran las concepciones de las bibliotecas, sobre todo la de la Biblioteca Nacional. Antes se entendía como un lugar de última consulta dedicada a la preservación y recopilación de materiales. Actualmente, sin embargo, ha tomado otra dimensión. Ya se habla de una comunicación digital de bibliotecas regionales e internacionales", señala Tomás de Mattos.
¿Muere el texto o se convierte?
Mientras en Uruguay se está en veremos con la digitalización de las bibliotecas, en el mundo se ha pasado a otra discusión: ¿el libro tal como lo conocemos morirá con el desarrollo de la tecnología?"
A lo largo de la historia, varias veces se ha preparado el velorio del texto impreso, pero la reciente aparición de nuevos aparatos digitales de lectura hace que algunos ya hablen de lo "inevitable". Otros, en cambio, consideran que el libro sobrevivirá -eso sí, transformado-, al tiempo que surgirán nuevos soportes e incluso nuevos géneros literarios.
Ya se profetizó la muerte del libro cuando nació, en el siglo IX, y especialmente a finales del XIX con la aparición de los periódicos, pero ahí sigue y el número de ejemplares que se edita cada año se ha duplicado en las dos últimas décadas.
Este es uno de los datos con el que defiende la vigencia del libro en papel el ex presidente del Consejo Superior de Bibliotecas de Francia, Michel Melot, uno de los expertos internacionales que de forma más vehemente defiende su continuidad y que asegura que es "inalcanzable" en lo que se refiere al "placer" que añade a la lectura. "No conozco a nadie que se haya leído un libro entero en una pantalla", añadió con rotundidad Melot.
En el extremo opuesto están los representantes de la librería virtual Amazom, que lanzaron el último ingenio electrónico que pretende acabar con el libro impreso y revolucionar el mundo literario. El Kindle está agotado en estos momentos, pero cuesta 399 dólares, permite almacenar hasta 200 libros y elegir entre una oferta de 100.000 títulos (en su inmensa mayoría en inglés) y tiene conexión inalámbrica a Internet. Es una pantalla del tamaño de un libro y que reproduce el ejercicio de pasar páginas; pueden descargarse libros, pero también revistas y diarios.
El editor de la página web de literatura Dosdoce.com, Javier Celaya, dijo que la muerte del libro se producirá aunque "no será inmediata ni a corto plazo" y llegará un momento en el que "leeremos y escribiremos en pantalla más que en papel impreso". "El papel es una tecnología del siglo pasado" y el avance del soporte electrónico es imparable en las editoriales, que, aunque tarde, "se han dado cuenta de que no hay marcha atrás".
Los nuevos soportes, como Kindle o como el Sony-Reader -que acaba de firmar un acuerdo con la cadena de librerías Borders para que digitalice 25.000 libros- han abaratado sus precios y se pueden conseguir novedades por 10 dólares, lo que responde a una de las principales quejas de los lectores: el libro impreso es caro frente a su competidor digital.
Pero mientras todos estos cambios se afianzan, ahí sigue el libro impreso, a pesar de que Marshall McLuhan profetizó su muerte dándole además una fecha precisa: 1980. (EFE)