Dos por tres, expertos "ólogos" de algún lugar del mundo inventan un nuevo término para clasificar grupos humanos que comparten patrones de comportamiento, generalmente propios de su época y que los distancian de sus antecesores. Ahora le llegó el turno a todos los usuarios de páginas web 2.0, es decir, aquellas cuyo contenido es generado por los mismos navegantes y funcionan como "redes sociales": Myspace, YouTube, Facebook o cualquier blog pueden ser un buen ejemplo.
El término acuñado para este grupo no podía ser otro: "la generación 2.0". Si bien no se refiere a un tramo etario en particular -"Una abuelita con un blog también participa y funciona en una lógica distinta a la de sus pares", explica el psicólogo chileno Miguel Arias, estudioso del tema-, el grueso del grupo está conformado por jóvenes, que son los más asiduos consumidores de estas tecnologías. Y de acuerdo a un equipo de investigadores andinos, el uso de esos sitios no sólo está cambiando pautas de comportamiento, sino que está reestructurando el cerebro de esos adolescentes.
COLABORACIÓN Y EMPATÍA. Algo es seguro: el cerebro humano responde con plasticidad al contexto al que está expuesto, por lo que es esperable que se presenten cambios en una cultura muy tecnificada, explica el psicólogo uruguayo Roberto Balaguer. Y estos "jóvenes 2.0" -como los llaman los especialistas chilenos- "están acostumbrados a la cacofonía, a la existencia de múltiples estímulos simultáneos. El silencio los incomoda", apunta. De ahí que esta generación pueda estudiar mientras chatea, ve televisión u oye música, por ejemplo. "Les cuesta leer, concentrarse en una sola cosa, estar sin conexión a algún aparato proveedor de estímulos", dice Balaguer.
Para los especialistas chilenos, la raíz de la modificación es más profunda, pues aseguran que el desarrollo de estas tecnologías está condicionando la forma de actuar del cerebro de manera irreversible, llegando incluso a cambiar la estructura neuronal. "El sistema nervioso central organiza y reorganiza su funcionamiento de acuerdo a la interacción con el medio", dice Arias, director de la consultora chilena Divergente, que estudia el impacto de estas plataformas en la sociedad. "La experiencia 2.0 potencia redes sinápticas a nivel de hemisferio derecho, asociado a la resolución de problemas y a la creatividad, lo que ha sido observado con técnicas de neuroimagen", afirma el especialista.
Así es que los poseedores de este cerebro 2.0 aprecian cosas distintas, "como la colaboración y la participación temática por intereses". Además, aprenden a reconocer el estado anímico de sus pares en sitios tales como un fotolog. En cuanto a estas webs, Balaguer sostiene que cumplen una función de sostén social. "Al pasar por el fotolog de alguien se le reconoce su existencia en el mundo. Cada comentario da cuenta de cuánto es valorado el otro en cuestión. Un fotolog vacío de comentarios es como una fiesta sin gente".
Pero las web 2.0 traen aparejados muchos más cambios. Por ejemplo, en el concepto de intimidad. "El de los jóvenes no es el mismo que el de los mayores. De ahí que sitios como Facebook o Myspace tengan éxito mientras despiertan las sospechas y los temores de los adultos", afirma Balaguer.
¿MÁS LIBRES? Un joven de la generación 2.0 se desenvuelve en el mundo más abierto a relacionarse con nuevas personas sin temor y más dispuesto a trabajar en equipo. Así lo ven los especialistas andinos. "La existencia y la manutención de un fotolog, por ejemplo, requiere de los "posteos" y comentarios de otros. Todas las vivencias que se tienen adquieren un cariz más familiar. Pero esta generación no es colaboradora porque sí, sino que necesita del otro para alimentar sus páginas web", dice Arias.
También en ese punto coincide Balaguer: "En las redes sociales se pone en juego el lema de `dar para recibir`, un tipo de colaboración necesaria para la supervivencia online. Esto es un cambio en relación a la competencia individualista moderna, a pesar de que habitualmente se piensa a la computadora como muy individualista".
Debido a esto es que los especialistas chilenos entienden que el razonamiento de la nueva generación es más sofisticado y abstracto, y no necesitan estímulos tan concretos. "Tienen un mayor poder de decisión porque son más autónomos y libres", aseguran. A Balaguer, en cambio, no le queda tan claro que eso sea así. "Creo que hay más intuición y globalidad que análisis y síntesis. Es parte del cambio en las formas cognitivas de abordar la realidad. Yo no me animaría a decir que son más libres. Creo que tienen muchas, muchas opciones, pero pocas guías y eso puede ser también muy desorientador".
Ahí aparece el exceso de lo "auto": autodesarrollo, automonitoreo, autocontrol. "Refleja libertad pero también cierta orfandad de estas generaciones, sin referentes sólidos, con padres temerosos y reacios a `transmitir línea`".
Es que no todo es color rosa en el mundo 2.0. El mayor riesgo es cuando se empieza a vivir a través de esas aplicaciones, así como la disminución de la tolerancia y la capacidad de manejar la frustración, pues son jóvenes acostumbrados a respuestas inmediatas. Pero más allá de las dificultades, vale recalcar lo bueno: "Creo que dramatizan menos, viven más el presente y valoran los aprendizajes contextualizados", concluye Balaguer.
El Dato
2.0 El término fue creado por las empresas O`Reilly y MediaLive en 2004 para referirse a una segunda generación de Web.
Tecnología que también crea fortunas
Hasta hace poco, Bill Gates era el paradigma del multimillonario ligado a la tecnología. El fundador de Microsoft tardó cerca de una década desde que su empresa nació hasta que puso sus activos en la Bolsa: una década para convertirse en el hombre más rico del mundo; una eternidad.
Hoy, la velocidad de las nuevas tecnologías ligadas a la web 2.0 también aceleró el tiempo en que se crean nuevas fortunas.
Días atrás, dos nuevos miembros se incorporaron a este selecto club. Los fundadores de la red social británica Bebo, Xochi y Michael Birch, vendieron su participación en la compañía a AOL por 377 millones de euros, una fortuna que han logrado acumular en menos de tres años, puesto que fundaron la empresa en 2005.
Los Birch han seguido la estela de los fundadores de Youtube. Chad Hurley, Steve Chan y Jawed Karim se embolsaron 565 millones de euros tras vender su sitio de videos a Google, en octubre de 2006. Apenas había pasado un año y medio desde que crearan esta red social, ya que se fundó en febrero de 2005.
Pero quizá quien ha dado el mayor pelotazo ha sido el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, que con 23 años se ha convertido en el magnate más joven del mundo. Este empresario, ligado como los anteriores a la era del entretenimiento online y a la Internet participativa, fundó hace cuatro años esta comunidad social que aspira a convertirse en líder mundial.
La fortuna de este antiguo alumno de Harvard está valorada en 1.500 millones de dólares (tiene una participación en Facebook del 20%) y ocupa hoy el número 785 del nuevo ranking de la lista Forbes, que fue publicada tres semanas atrás. Fuente: El País de Madrid.
¿En qué modo opera usted?
Las que siguen son algunas características del cerebro 2.0:
Se da más en jóvenes que están siempre conectados a Internet y usando su celular.
Integra ambos hemisferios.
Reorganiza su conducta a partir de la experiencia.
Las emociones adquieren relevancia y es más capaz de empatizar.
Produce, administra y difunde sus propios contenidos. Es emisor y receptor a la vez.
Considera que todas sus acciones virtuales son una forma de participación.
Para funcionar requiere de la inteligencia global y el compartir contenidos.
Valora la colaboración. Es más solidario.
Forma un consumidor más educado y sofisticado. Hace valer sus gustos y derechos.
El cerebro 1.0, en cambio:
Trabaja más con el hemisferio izquierdo.
Cree que los seres humanos no cambian, son rígidos.
Valora lo lógico, así como lo racional.
Se siente más cómodo con un sistema de información vertical. Es pasivo, sólo receptor.
Es más común en los adultos que no generan contenidos en Internet.
Entiende la participación sólo a través de la copresencia y la acción directa.
Valora la retención y memorización de la información.
Es competitivo y más individualista.
Genera un consumidor desinformado y poco exigente.
Le cuesta recibir comentarios positivos y valorar sus logros.
Fuente: El Mercurio.