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Mundo
El cable a tierra de Obama
Michelle no sólo lucha por llegar a la Casa Blanca, sino también porque su esposo no pierda los ideales. Tras una vida dura, proporciona calma en la campaña.

NEWSWEEK | NUEVA YORK

A Michelle Obama nunca le gustó llamar la atención. Como estudiante en la Universidad de Princeton, en los `80, le interesaba el cambio social, pero no presentó su candidatura a las elecciones para el gobierno estudiantil. En cambio, dedicó su tiempo libre a dirigir un programa para enseñar a leer y escribir a chicos de los barrios. En Harvard, participó de manifestaciones en reclamo de la admisión de más estudiantes y profesores de las minorías sociales. Pero, contrariamente a lo que hizo otro prominente estudiante de Harvard, quien luego defendió esa causa, ella no tenía inclinación por la oratoria encendida sobre la necesidad de defender la diversidad. "Cuando Barack Obama hablaba, la gente permanecía en silencio y escuchaba", memora el profesor Randall Kennedy. "Michelle tenía un perfil más tranquilo y bajo". Barack ganó unas elecciones en la universidad y Michelle canalizó su energía hacia un objetivo menos glamoroso: incorporar a la Facultad a estudiantes negros. En su caso, la política no tiene su esencia en servir de inspiración, sino en ser práctica, señala Charles Ogletree, quien fue uno de sus profesores. "A ella no le interesaba sacar ventaja".

Ahora, ella no puede darse el lujo de mantener bajo perfil. Convertida en una figura pública, Michelle ha aceptado el papel de aspirante a Primera Dama de Estados Unidos y el escrutinio que ello implica. En la campaña electoral, a veces hace la apertura de los actos y presenta a Barack. Con estilo directo y expresión llana, con un punzante sentido del humor que no es habitual en esposas de políticos, es el complemento del estilo grandilocuente de su marido. Puede ser dura, una actitud que surge, en parte, de querer alcanzar las altas expectativas que su padre estableció para ella. Quiere cambiar al mundo, pero también quiere ganar.

Desde el inicio de la campaña, Michelle dejó en claro que daría su máximo esfuerzo. Pero, no lo hace a expensas de la familia. En reuniones con su marido y asistentes poco antes de que él anunciara su intención de luchar por la candidatura del Partido Demócrata, ella los interrogó sobre los detalles y las preocupaciones prácticas que nada tienen que ver con sus arrolladores temas de "la esperanza" y "el cambio". ¿Qué exigencias plantearía la campaña? ¿De dónde surgiría el dinero? ¿Podrían enfrentar a la maquinaria de los Clinton y ganar o esto iba a ser simplemente por ego? Ella no quería que Barack iniciara un esfuerzo vacío", indica el estratega jefe, David Axelrod.

PREOCUPADA. Ha expresado temor porque la política que conduce a la Presidencia podría terminar eliminando el idealismo de su marido, dejándolo como un político cínico y sin alma. "Michelle siempre ha tenido la posición de decir que no debemos olvidar por lo que luchamos", señala Axelrod.

No participa de las reuniones sobre estrategia, análisis de discursos, ni dedica horas a contactos para reunir fondos. "Odio la recaudación de fondos", afirma. La política la anima. Al igual que su marido, ella dejó de lado una redituable carrera como abogada para dedicarse al servicio público. No tiene sueños secretos de postularse a cargos. Cuando un periodista le dijo en broma que ella podría aspirar a la banca en el Senado que dejaría Obama si fuera elegido Presidente, Michelle hizo un gesto de desagrado y respondió: "No, gracias".

EN FAMILIA. En los estrados, Obama ha presentado a Michelle como "mi roca", la persona que lo mantiene enfocado y pisando la tierra. Ella dice que busca asegurar que él "se mantenga en la realidad". Eso lo hace, en parte, incitándolo a continuar las responsabilidades más mundanas como marido y padre. Insiste en que Barack vuele de retorno a su casa, dondequiera que se encuentre, para asistir a recitales de ballet o conferencias entre padres y docentes. Cuando el matrimonio realiza encuentros políticos en su hogar situado en el Hyde Park de Chicago, Michelle pide a todos que traigan a sus hijos. Para eliminar la distancia entre el padre y las hijas, compró dos laptops, así pueden tener conversaciones de video. En San Valentín (Enamorados), dejó libre la agenda para que él pudiera retornar a Chicago y pasara el día con ella y las chicas.

Su renuencia a sumergirse en los detalles de la campaña no debe confundirse con falta de deseo para triunfar. De naturaleza profundamente competitiva -mientras crecía, Michelle no participó de deportes de equipos porque no podía soportar perder- quiere llegar a la Casa Blanca tanto como él. Desde su ventajosa posición fuera del caos diario, oficia de fuente de calma.

Michelle no elabora cada palabra y a veces su punzante humor que se refiere a su marido, puede caer mal. Admite que no todos consideran que tiene humor, pero tampoco le preocupa. "He sido caricaturizada como una esposa castradora", señala. "Con Barack nos reímos de esos comentarios. ¿Quién puede pensar que domino a Barack Obama? Realmente…"

DESLUMBRADA. En Sidley & Austin -el estudio jurídico - le asignaron la tarea, en 1989, de guiar a un joven socio. Se llamaba Barack Obama. A ella no le impresionaron los chismes sobre el brillante estudiante de Harvard, oriundo de Hawai, a quien ella consideró como "un tipo que sabe hablar bien". Un día, él se acercó y le dijo: "Deberíamos salir". Ella se resistió, porque consideró que era inapropiado. Pero, finalmente aceptó cuando la invitó a una de sus reuniones en el sótano de una iglesia, donde hizo un encendido discurso sobre la necesidad de cerrar la brecha entre lo que llamó "el mundo como es ahora y el mundo como debiera ser".

Quedó impresionada. "Pensé: este tipo es diferente", indica. "Además de ser bueno, gracioso, lindo, tiene seriedad y compromiso". Recuerda que pensó: "Bueno, me gustaría casarme con alguien que tenga un sentimiento tan profundo sobre las cosas". Uno ofreció al otro lo que le había faltado cuando crecía. En el caso de ella, un enfoque con pensamiento libre. En el caso de él, la sensación de estabilidad.

Después que conoció a Barack, Michelle sufrió una crisis que le hizo pensar en su vida. Su padre falleció en 1991 por complicaciones de la esclerosis múltiple que padecía y su mejor amiga, Suzanne Adele, murió de un linfoma. Después del sepelio, Michelle cambió su enfoque de vida.

Al mirar en retrospectiva, dice que comprendió que sin darse cuenta había entrado en el "sendero automático" de una carrera corporativa. "Comencé a pensar que había estudiado en las mejores universidades, pero no tenía idea de lo que quería hacer", señala. "Pensé que tenía un buen título y podía ganar dinero. Pero, ¿qué había aprendido sobre devolverle algo al mundo y encontrar la pasión que me guiara?"

Decidió dejar el estudio para convertirse en guía de jóvenes del barrio donde ella había crecido. Pero, quedó amilanada por el poco dinero y temió que no podría pagar los créditos. Obama la convenció para casarse.

Michelle trabajó en otras obras sociales y señala con humor que cada vez ganaba salarios más bajos. El matrimonio recién pudo salir de las deudas cuando el libro de Barack, La audacia de la esperanza, se convirtió en bestseller en Estados Unidos.

Racismo manifiesto

A los 44 años, Michelle debió superar dudas persistentes e inseguridad respecto de su capacidad, raza y clase social y sobre qué tipo de vida se supone que debería tener.

Michelle se postuló para ingresar a la prestigiosa Universidad de Princeton y fue aceptada. Como centro de estudio de amplia mayoría blanca y de altos ingresos, Princeton no era un ámbito fácil para una joven negra de una de las zonas de bajos ingresos. No había barreras raciales formales y a los estudiantes negros no se los excluía. Pero, algunos estudiantes blancos no disimulaban el hecho de que consideraban a los afroestadounidenses como beneficiarios de las políticas para las minorías, pero que no merecían estar allí.

Michelle sintió esa tensión de manera aguda y la reflejó en su tesis de sociología "Princeton: negros con educación y la comunidad negra". El diario Chicago Sun Times reprodujo algunos pasajes en los que ella escribió que Princeton le dio más conciencia de su raza porque se sintió como una visitante en un campus universitario supuestamente abierto. "No importa las circunstancias en las cuales interactúe con los blancos en Princeton, con frecuencia me parece que, para ellos, siempre seré, primero, negra y segundo, estudiante".

"Joven, negra, y me fue bien; la excepción"

Reconoce que cometió errores en entrevistas. Por ejemplo, dijo en la cadena ABC que tendría que pensar si apoyaría a Hillary Clinton en caso de que ésta lograra la candidatura por el Partido Demócrata. Dice que todavía no ha aprendido que no puede pensar en voz alta.

Michelle Obama se siente a gusto al hablar directamente con los ciudadanos. En los discursos, utiliza su propia vida como respuesta a los que dicen que su marido no está preparado para la Casa Blanca. "La verdad es que se supone que yo no debería estar aquí. Soy una excepción a las estadísticas. Soy una joven negra que creció en el South Side de Chicago. ¿Se suponía que podía ir a la Universidad de Princeton? No. Dijeron que la Facultad de Derecho de Harvard era demasiado para mí. Pero, estudié allí y me fue muy bien".

Siempre recuerda que una niña de 10 años le dijo que si Obama es elegido Presidente, eso significará que ella puede imaginar lo mejor para su vida.

Prioridades si llegara a ser Primera Dama

¿Qué hará si llega a ser Primera Dama? Es una pregunta que le hacen con frecuencia. Afirma que le interesan los problemas que enfrentan las mujeres al tener que hacer un equilibrio entre el trabajo y el hogar, así como poder derribar las barreras que mantienen a los estudiantes de sectores de bajos ingresos fuera de la universidad. "Es infinito lo que se puede hacer. Pero, hasta que no tenga conocimiento de los recursos y el tiempo disponibles, así como de las prioridades, debo decir con franqueza que no sé cuántos de los temas podré enfocar".

Si ganan, lo primero será asegurar que sus hijas se acostumbren a vivir en Washington. Ni ella ni sus hijas se mudaron a la capital cuando Obama fue elegido Senador. "¿Qué necesitarán las chicas? ¿Harán con facilidad la transición a la Casa Blanca, a la vida pública, a un colegio nuevo? Si pierden la perspectiva, estaré allí para asegurar que siempre tengan los pies en la tierra".



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Fotógrafo: William Ferreira.
DISCURSO. Michelle Obama se pone como ejemplo.
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