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Salud
Solitarios se enferman más
El funcionamiento del cuerpo cambia según la persona; la soledad excesiva modifica la actividad de los genes y se es más propenso a virus y bacterias.

NEWSWEEK | NUEVA YORK

Todos sabemos lo que es la tristeza y la aflicción. Para algunos, sentirse solo puede ser físicamente doloroso. Firmes ejemplos de investigaciones recientes han indicado que el problema no está solo en nuestra mente. El aislamiento social crónico está vinculado a las enfermedades del corazón -provoca estrés en la totalidad del sistema cardiovascular- y también puede perjudicar la capacidad para rechazar resfríos y otros virus. Pero, la causa de esas conexiones no es clara. ¿Ocurre que las personas solitarias tienen menos recursos sociales, es decir, que no tienen de quién depender cuando se enferman o es que la sensación de soledad cambia su biología?

El más reciente estudio apunta a la última parte de la pregunta: la soledad realmente cambia el funcionamiento del cuerpo a nivel molecular. La investigación vincula los sentimientos de aislamiento social a una alteración de la actividad de genes específicos, los que sitúan a las personas solas en un riesgo mucho mayor de contraer enfermedades serias.

El estudio, publicado en la última edición de la revista científica, Genome Biology, también apunta a un hecho sorprendente: es la percepción de que la soledad desencadena las condiciones adversas a la salud, sin reparar en el grado de interacción social que realmente tiene una persona. Hasta un individuo que tenga cientos de "amigos" en el sitio de intercambio social Facebook o en el lugar donde trabaja, puede pensar de sí mismo que es solitario.

Por tanto, ¿cómo el hecho de sentirse solitario puede traducirse en repercusiones adversas para la salud? Los investigadores creen que el aislamiento social crónico desata una reacción en cadena biológica que hace que las respuestas inmunológicas normales comiencen a funcionar mal.

Empieza con la perspectiva solitaria que una persona tiene del mundo, en el cual, típicamente, percibe a otras personas como amenazantes. Eso genera interacciones sociales -por ejemplo, ir a una fiesta- mucho más estresantes. "La gente que es crónicamente solitaria tiene una teoría subjetiva del mundo que dice que no se puede confiar en las personas", señala Steven Cole, profesor asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y autor principal de la investigación. "No se trata de que sean hostiles. Simplemente perciben que el mundo es un poco más amenazante".

FALLAS. Esa percepción da señales al cuerpo para que produzca la hormona del estrés denominada cortisol. En un sistema inmunológico sano, cortisol indica a un grupo de genes que cierren la respuesta inflamatoria del cuerpo. Pero, en una persona que tiene estrés crónico o ansiedad como consecuencia de su soledad, ese proceso resulta alterado. Funciona de esta manera: para la mayoría de las personas, un nivel bajo de inflamación es normal. Significa que el cuerpo realiza el mantenimiento general y responde ante amenazas menores y a veces casi imperceptibles. Sin embargo, altos niveles de inflamación son preocupantes. Por ejemplo, en enfermedades autoinmunes el cuerpo ataca a sus propios tejidos y provoca un incremento de la inflamación.

La inflamación también está vinculada al número de amenazas serias a la salud, incluyendo cáncer. Cole y sus colegas descubrieron que las personas solitarias siempre tienen niveles más altos de inflamación, aunque produzcan un nivel apenas superior de cortisol, que es la hormona que supuestamente tendría que anular la respuesta inflamatoria. Cole sostiene que los receptores no responden de manera apropiada, probablemente porque reciben una corriente constante de cortisol. "Si se envía una señal al receptor durante todo el día, éste dejará de escuchar", apunta Cole.

Eso explica los altos niveles de inflamación que los investigadores observaron en individuos crónicos solitarios. Pero, también hallaron otras respuestas inmunológicas defectuosas: las personas solitarias producen menos anticuerpos, que el organismo humano utiliza para individualizar a los patógenos, como son los casos de las bacterias y virus. En cambio, la soledad que deriva en estas condiciones adversas a la salud está ligada a la manera cómo los individuos perciben sus situaciones sociales. "La soledad tiene subjetividad inherente", dice Steven Asher, profesor de psicología de la Universidad Duke, quien no participó del estudio.

ACCIONES. Asher ha dedicado décadas a estudiar la amistad y la soledad. Sostiene que el nivel de interacción social de una persona no necesariamente indica algo sobre su soledad, ya sea en los casos de mujeres como de hombres. "No se puede medir cuántos amigos tiene una persona y si le dan apoyo, aunque la única manera de saber si alguien es solitario, es preguntárselo", indica Asher, quien ha visto a individuos que tienen muchos amigos e informan que son solitarios, mientras del otro lado, quienes tienen pocos amigos, no se sienten así.

Asher, al igual que Cole, descubrió que las personas solitarias tienen tendencia a presentar una perspectiva que se distingue por sus diferencias, en materia de interacciones sociales. "Descubrimos que las personas solitarias, tienen más ansiedad social", dice Asher. "No hay duda, que sienten más estrés y ansiedad".

¿Qué deben hacer mujeres y hombres solitarios si están preocupados por su salud? Los expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard sugieren hablar de terapia. Para quienes quieren abordar la soledad de manera directa, ayudar a otros puede ser una manera fantástica de hacer conexiones sociales esenciales.

Enseñar un tema de su conocimiento en una escuela o hacer cualquier tipo de trabajo voluntario, puede dar beneficios completos y situar a esa persona más cerca de otras que tienen un pensamiento similar.

Hasta un solo, aunque significativo, contacto puede hacer toda la diferencia. Con la finalidad de administrar el estrés que va surgiendo, se pueden tomar algunas medidas básicas de relajación como son la meditación y la respiración pausada.

Más de 200 mil uruguayos solos

Exactamente 216.483 uruguayos viven solos en sus hogares, según el último Censo (2004) realizado por el Instituto Nacional de Estadística. Esa cifra representa aproximadamente el 7% de la población total del país. La mayoría de los solitarios se concentran en las áreas urbanas (198.871), mientras que en las rurales la cifra es mínima (17.612). En cuanto a la relación de géneros resulta muy pareja: mientras 97.529 hombres optan o no tienen más remedio que morar en soledad, el número de mujeres es 118.954.

Las cifras

71.411 Cantidad de uruguayos entre 65 y 79 años que viven solos. Representan la franja etaria más amplia en esa relación.

52.525 Individuos entre 50 y 64 años, y 42.845, entre 30 y 49, viven en hogares unipersonales, según el Censo 2004 del INE.

22.814 Cifra de jóvenes (entre 15 y 29 años) que dejan, por decisión propia o no, sus hogares paternos para vivir solos.



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