NEWSWEEK | NUEVA YORK
Luego de décadas de crecimiento constante, las adopciones internacionales comenzaron a disminuir. La mejoría económica de los países de origen de los niños, así como la lucha contra la venta de bebés, son sólo algunas de las razones para explicar este cambio.
En el caso de Anna Porras y Miquel Milian, la peor parte es la espera. En 2005, cuando el matrimonio español descubrió que no podía tener un hijo biológico, lo aceptó de la mejor manera y decidió adoptar. Pero, ¿dónde? Había una lista de espera de nueve años para huérfanos españoles, por lo que Porras, quien es profesora de idiomas, y Milian, quien dirige una empresa que produce luminosos, resolvieron hacer la búsqueda en el exterior. Habían escuchado que adoptar en China era relativamente fácil, aunque sólo para parejas casadas. Por lo tanto, se casaron, cumplieron todos los trámites necesarios a fines de 2006 y esperaron con ansiedad.
Sin embargo, las normas fueron cambiadas. Beijing anunció que una pareja debe estar casada durante dos años para poder adoptar. "Quedamos destruidos", indica Porras. Próxima escala: Kazajistán, donde la espera habitual oscila entre los ocho y los veinte meses. Si todo sale bien, a mediados del corriente año se llevarán a España un hijo o una hija.
Después de décadas de crecimiento sin cesar, las adopciones internacionales comenzaron a detenerse. Como consecuencia de la creciente riqueza, declinación de la tasa de nacimientos y resurgimiento del orgullo nacional, muchas naciones en vías de desarrollo están menos dispuestas a que sus huérfanos sean llevados al exterior. No sólo esos países ahora pueden cuidar de esos niños, también los escándalos sobre venta de bebés que han tenido repercusión internacional les asustaron e indujeron a hacer las normas más estrictas.
Países tan diversos como Corea del Sur, Rusia, Kenya y Brasil ahora desalientan las adopciones por parte de extranjeros. Debido a ello, estas adopciones declinaron 10% en los cinco principales países receptores -Estados Unidos, España, Francia, Italia y Canadá- en comparación con el punto más alto registrado en 2004, cuando se concretaron 45.288 adopciones de niños entre países.
El giro es más dramático en Estados Unidos. Después de haberse casi triplicado entre 1990 y 2004, las adopciones internacionales con ese destino disminuyeron durante tres años consecutivos, de 22.844 en 2004 a 19.411 el año pasado. "Hasta ahora siempre hablamos del inexorable crecimiento de las adopciones entre países", señala el académico especialista en la materia, Peter F. Selman, un demógrafo que se desempeña en la Universidad de Newcastle, en Gran Bretaña. "Alrededor del mundo vemos cada vez más personas que quieren adoptar, mientras hay cada vez menos niños disponibles".
EN CAÍDA. Depende desde donde se mire la situación para saber si se trata de una crisis. En los casos de países como Rusia y China, la declinante disponibilidad de niños representa niveles de vida en ascenso y una mayor capacidad para cuidarlos.
Sin embargo, la necesidad de adopciones de un país a otro -que comenzó después de la Segunda Guerra Mundial para proteger a niños huérfanos o abandonados durante esa conflagración- continúa con vitalidad en muchas zonas del mundo que no están prosperando, especialmente en África, donde habría 43.8 millones de huérfanos.
Ahora, la maraña de restricciones nacionales es acompañada por un contrato internacional: la Convención de La Haya sobre Adopciones Entre Países, diseñada para alentar la adopción en el propio país en lugar del exterior y para terminar con el tráfico internacional de bebés. El temor de muchos expertos, especialmente en Occidente, es que esas normas pueden resultar tan rigurosas e indiscriminadas al extremo de cortar las adopciones internacionales, que eran una vía de escape para niños en regiones convulsionadas.
La disponibilidad se está reduciendo en países que tradicionalmente proveyeron la mayoría de los niños para adopciones. El número de niños chinos adoptados por las cinco principales naciones receptoras disminuyó de 14.493 en 2005 a 10.743 en 2006.
En Rusia, desde 2004, el número cayó de 5.829 a 2.781. "La sociedad rusa nuevamente está de pie tanto moral como económicamente", sostiene la legisladora Elena Afanasyeva. "Ahora, podemos cuidar de nuestros huérfanos".
En China, el número de solicitudes de adopciones excede la capacidad de dicho país para procesarlas. Como consecuencia, las autoridades se han vuelto más exigentes en cuanto a quiénes pueden hacerlo, y excluyen a solicitantes que sean solteros, obesos, tomen antidepresivos y tengan más de 50 años, entre otras restricciones.
Otras naciones proveedoras han implementado nuevas limitaciones para disuadir a los extranjeros. Sudáfrica ahora les exige que permanezcan por lo menos cinco años allí antes de poder adoptar, mientras Tanzania tiene un período de tres años. Rusia suspendió de manera temporaria su programa de adopciones internacionales, el año pasado, en parte, en respuesta a los informes de que 14 niños rusos fueron asesinados por sus padres adoptivos extranjeros desde la década de los `90.
En Corea del Sur, que ha enviado al exterior a 150.000 niños desde el final de la Guerra de Corea, no sólo la economía en auge ha cambiado las actitudes sociales sobre los huérfanos. Con una tasa de solo 1.1 nacimientos por mujer, el país necesita de su gente. En el verano pasado, manifestantes se congregaron en el centro de Seúl con carteles que proclamaban: "¡Los bebés coreanos no son de exportación!"
Hoy, Seúl ofrece exoneraciones impositivas, incentivos financieros y hasta días adicionales de licencia a familias locales que adopten huérfanos. La medida parece dar resultado: el año pasado fue la primera vez desde la Guerra de Corea que más niños de Corea del Sur fueron adoptados por familias de esa nacionalidad (1.388) que del exterior (1.265).
ABUSOS. Las reacciones adversas a las adopciones por parte de extranjeros son, en parte, una respuesta a las denuncias de redes agresivas ilegales, en las cuales intermediarios inescrupulosos cobran a promitentes padres montos exorbitantes, mientras timan a familias desesperadas para que les entreguen los niños. Los abusos unieron a defensores de los derechos humanos y llevaron a la creación de la Convención de La Haya, destinada a restablecer el orden, la transparencia y la decencia en el proceso de adopción. Los países signatarios se comprometen a ilegalizar la adopción con lucro, a favorecer las adopciones internas por sobre las internacionales, a analizar cuidadosamente a las parejas que se postulan y a mantener estrictos controles sobre los trabajadores sociales, las agencias de adopción y la Justicia de Menores. Los países ya no pueden dejar ir a un menor a una familia extranjera sin el consentimiento oficial de los padres. "El negocio de vender bebés se terminó", afirma Rolando Morales, el legislador de Guatemala que lideró la lucha para limpiar el proceso de adopción en su país. Si bien numerosos países apoyaron de inmediato la Convención cuando fue redactada en la década de los `90, en cambio se han mostrado mucho más lentos para aplicarla.
Ningún país puede ratificar la Convención sin haber establecido primero una autoridad central que supervise las adopciones.
Teniendo en cuenta que 72 países se incorporaron a la Convención, el impulso parece estar del lado de la nueva regulación.
"Si la burocracia puede terminar el tráfico y la mala elección, asegurará un futuro a las adopciones entre países, las que de otra manera se encaminaban hacia el colapso", indica el académico Selman.
Las cifras
143 Son los millones de huérfanos que hay en el mundo, de acuerdo con las últimas estimaciones realizadas por Unicef.
45.000 Es el número aproximado de niños en el mundo que son adoptados cada año por parejas de otros países.
35.000 Es el monto en dólares que han pagado extranjeros en Guatemala para obtener un niño abandonado en ese país.
10% Es lo que ha descendido el número de adopciones internacionales en los cinco principales países receptores desde 2004.
81 Niños del exterior adoptados por familias de Estados Unidos, cuyos adoptantes luego entregaron a agencias de menores, en 2006.
Hijos, pero con mucha devolución
A largo plazo, la Convención de La Haya puede prevenir abusos. Pero, a corto plazo, imponer estándares más estrictos, analizar a los niños y a sus eventuales padres con más detenimiento, puede significar permanencias más extensas en los orfelinatos para muchos niños.
El tratado sólo se aplica a los países que lo han ratificado. Los que no lo han hecho, tienen libertad para seguir actuando como siempre, hasta con los que lo han firmado.
Sigue habiendo defectos en el sistema que ni siquiera el mejor tratado puede eliminar. Los orfelinatos en todo el mundo están desbordados por niños con serios problemas físicos o de mayor edad, quienes, con frecuencia, tienen profundas cicatrices físicas o emocionales. "Todos quieren a un bebé perfecto, pero no al niño de 4 años que tiene Sida", afirma el demógrafo Selman.
Algunos padres adoptivos luchan por conseguir tratamientos eficaces para las enfermedades de sus hijos. Otros intentan desprenderse de ellos. El Departamento de Salud y Recursos Humanos, de Estados Unidos, descubrió en fecha reciente que, en 2006, 81 niños adoptados en el exterior fueron entregados a agencias que cuidan menores en 14 estados.
Limitaciones, tabúes y corrupción
"Hubo numerosos escándalos, con graves acusaciones de tráfico de bebés y malas combinaciones entre niños y sus eventuales padres adoptivos", indica el académico y demógrafo, Peter Selman, de la Universidad de Newcastle, Gran Bretaña, al explicar la disminución del número de adopciones internacionales ocurrida en los últimos tres años. "Asimismo, existe cierto resentimiento y los viejos tabúes siguen fuertes. En muchos países en vías de desarrollo se mantiene la idea contraria a que sus hijos sean criados por estadounidenses o franceses. Además, hay países que consideran que pueden valerse por sus propios medios".
Selman señala que la gran caída de adopciones de un país a otro en 2006 y 2007 obedeció a las restricciones impuestas por China. "No sabemos si el descenso es temporario o si el número volverá a crecer en el futuro. Corea del Sur empezó a enviar niños al exterior después de una guerra devastadora. Ahora, es un país rico, con una de las tasas de nacimientos más bajas del mundo. La tasa también es baja en China. Muchos países que envían niños al exterior tienen menos hijos por mujer que los países receptores".
Si bien estima que la necesidad de adopciones es infinita, reconoce que "la mayoría sentimos que los niños son criados mejor en su país de nacimiento y deseamos que llegue el momento en que la adopción de un país a otro no sea la única vía para que un niño encuentre familia".
Revela otros fenómenos como "un gran movimiento de niños entre hermanos y otros parientes, así como padrastros y madrastras. Muchas adopciones internacionales provienen de India y son realizadas por indios que residen en Estados Unidos y otras naciones. El concepto que debe prevalecer es que una adopción entre países sólo debe llevarse a cabo si es en el mejor interés del niño. Para que ello ocurra, los gobiernos de los dos países deben trabajar en conjunto para poner fin a la corrupción que ha dañado la imagen de todos los participantes".
"Nos piden bebés que se parezcan a Zahara"
En la absoluta mayoría de los casos, las adopciones internacionales resultan exitosas. Las parejas que están desesperadas por adoptar enfrentan una situación frustrante porque las fuentes de provisión de niños se reducen.
Algunas se encaminan hacia África, donde el Sida, la inestabilidad política y la violencia étnica han desgarrado a las familias.
En Kenya, las autoridades señalan que la sublevación reciente redujo las adopciones locales, debido a que los padres se preguntan sobre el origen étnico de cada bebé.
Adopciones realizadas por estrellas como Madonna y Angelina Jolie, sin duda, han hecho crecer el perfil del continente. "Nuestros teléfonos suenan sin cesar con llamadas de familias que dicen que quieren un bebé que se parezca a Zahara", indica Cheryl Carter-Shotts, fundadora de Estadounidenses por Adopciones Africanas, al referirse al niño etíope adoptado por Jolie en 2005.
A favor y en contra de llevarse a los niños
Las adopciones interraciales todavía suscitan preocupación en algunos ámbitos. Unicef ha defendido la necesidad de mantener a los niños huérfanos en sus propios países.
Muchas naciones africanas tienden a desconfiar de los extranjeros que aparecen para arrebatarles a sus pequeños.
Nadie sugiere que las adopciones internacionales resolverán los problemas del mundo. Pero mientras las sociedades no se muestran capaces o dispuestas a atender a las víctimas de sus familias fracturadas, las adopciones desde el exterior cumplirán una importante función, salvando a menores de la omisión, el abandono, y una niñez entre paredes grises.
"Deseo que parejas del exterior lleven a estos bebés a algún lugar bello y bueno, donde haya hogares cálidos y con amor", dice Olga Dereviagina, quien cuida a pequeños en la sala de enfermedades infecciosas del Hospital Tushinsky, de Moscú.