CHRISTOPHER BODEEN | AP
El aire tiene un aroma picante, los mecheros instalados frente a las viviendas despiden un humo denso y gris. Bienvenidos a Guiyu, poblado al sureste de China, adonde llega el 70% de la basura tecnológica del mundo. Allí se funden cables para recuperar el cobre y se derriten las tarjetas de circuitos de computadoras desechadas a fin de obtener oro.
En harapos, los trabajadores trituran pantallas de viejos televisores para recolectar el vidrio y los componentes electrónicos, arrojando al medio ambiente hasta tres kilos de plomo al día. Los ambientalistas han alertado sobre los peligros para los trabajadores chinos que desmantelan buena parte de los aparatos electrónicos desechados por el mundo. Pero muy poco se ha mejorado.
Un visitante experimenta pronto jaquecas y un sabor metálico en la boca. El agua del subsuelo está contaminada y no es apta al consumo humano. La cantidad de plomo en los sedimentos del río duplica los límites permitidos en el mundo, de acuerdo con Basel Action Network, un grupo ambientalista.
Y el problema empeora, con la participación de la propia China. El país produce actualmente más de un millón de toneladas de desechos electrónicos al año, dice Jamie Choi, responsable de Greenpeace China en Beijing. Ello se suma a casi cinco millones de televisores, cuatro millones de refrigeradores, cinco millones de lavadoras, 10 millones de teléfonos celulares y cinco millones de computadoras personales que llegan al año a Guiyu.
El negocio se basa sólo en factores económicos. Para Occidente, donde las reglas de seguridad elevan el costo de reciclar los desperdicios, resulta hasta 10 veces más barato exportarlos a países en desarrollo. En China, los pobres que emigran de las zonas rurales están dispuestos a enfrentar los riesgos para la salud a fin de ganar unos cuantos yuanes.
Los acuerdos internacionales y la regulación en Europa han reducido la exportación de electrónicos viejos a China, pero algunos defectos en la legislación -y a veces los sobornos- permiten que muchos aparatos eludan las trabas. Y apenas una pequeña parte vuelve a manos de los fabricantes con el fin de reciclarse.
Así, los expertos estiman que el 70% de los entre 20 y 50 millones de toneladas de desperdicios electrónicos producidos cada año en el mundo es arrojado en China. El resto va principalmente a India y a países africanos. Los desechos llegan a China pese a que el país lo prohibe. Ted Smith, quien estudia esta industria, descubrió que todo lo que hace falta para que la basura pase por las aduanas chinas es un billete de 100 dólares adherido en el interior de cada contenedor.
TÓXICO. Los resultados son evidentes en las calles de Guiyu, donde la industria de desechos electrónicos emplea a unas 150.000 personas. Las partes de computadoras, viejas consolas de juegos, pantallas, celulares y electrónicos de todo tipo, desde los antiguos hasta los casi nuevos, son arrojados en las calles y separados para su desmantelamiento y fusión.
Muchas fundidoras se improvisan en las viviendas. Los mecheros de gas se instalan con una chimenea a fin de despedir los gases tóxicos.
Varios químicos, como mercurio, flúor, bario, cromo y cobalto, causan enfermedades de la piel y respiratorias. Llevaría décadas disipar la contaminación, y los efectos a largo plazo sobre la salud incluyen daños al riñón y al sistema nervioso, y cáncer.
Un reciclaje camuflado
La mayoría de los estadounidenses piensa que ayuda al medio ambiente cuando recicla sus computadoras, televisores o teléfonos celulares usados. Pero lo más probable es que estén fomentando el comercio de desperdicios electrónicos, que pone en peligro a numerosos trabajadores y provoca grave contaminación.
Aunque no hay cifras precisas, los activistas estiman que entre 50 y 80% de los electrónicos para reciclar en Estados Unidos (de 300.000 a 400.000 toneladas al año) terminan en otros países, como China, India o Nigeria. Allí, los trabajadores usan martillos, mecheros de gas y sus propias manos para extraer metales, vidrio y otros compuestos reciclables, exponiéndose a una peligrosa mezcla de químicos tóxicos, que además se vierten en el medio ambiente.
"Esto se recicla, pero en la forma más horrible que pueda uno imaginar", dijo Jim Puckett, de la Basel Action Network, un grupo ambientalista que ha advertido a las autoridades en Hong Kong. "Preservamos nuestro medio ambiente, pero contaminamos el resto del mundo", añadió.
El problema podría empeorar. La mayoría de los 2 millones de toneladas de electrónicos desechados anualmente por los estadounidenses termina en rellenos sanitarios en el país, según la Agencia de Protección Ambiental. Pero un número creciente de estados prohibe llevar esos desperdicios a los rellenos, con lo que la opción es reciclarlos o exportarlos.
Muchos miembros de la industria dicen que sólo exportan equipo usado para su reutilización en los países pobres. Sin embargo, también salen a ultramar los equipos inservibles.