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EL PERÍODO en secundaria
El trauma del examen "ya fue"
Los docentes creen que hay apatía de los jóvenes respecto a las pruebas: cero nervios y mantienen rutinas aunque ellos lo niegan. Los chicos viven la enseñanza de modo diferente a sus padres.

CATERINA NOTARGIOVANNI

Natalia Márquez (18) está ojerosa, malhumorada y padece terribles jaquecas. Lleva una semana casi sin dormir, no tiene apetito y tiene pesadillas en las que su profesor de matemáticas le reprocha a gritos su falta de estudio.

"Los exámenes me estresan mal, no puedo controlarlo. Para mí es un martirio que empieza a fines de noviembre y no termina hasta dar la última prueba", cuenta esta alumna del liceo Zorrilla. Su aspecto físico confirma que la joven no la está pasando nada bien.

Natalia es una de los miles de estudiantes que por estos días se queman las pestañas para aprobar los últimos exámenes de quinto y sexto de liceo. Pero tiene una particularidad: su caso es una excepción a la regla.

Según docentes de distintos centros, los estudiantes cada vez se estresan menos al enfrentar la evaluación. Y no sólo eso: las largas jornadas de estudio en grupo ya no son tan comunes, son pocos los que se pasan la noche en vela, y casi nadie modifica sus rutinas porque tienen que estudiar. "Aún en tiempos de exámenes muchos chiquilines se levantan a las 11.30 y pocos se abstienen de salir a bailar o al cine", cuenta Francis Giménez, coordinadora de Secundaria en el Colegio Elbio Fernández.

¿Esto significa que los estudiantes actuales se estresan menos que las anteriores generaciones?

Algunos profesores creen que sí, incluso hablan de "apatía general" y de falta de responsabilidad. "Les importa muy poco, no se les nota interés en nada. La apatía es tal que a veces ni registran las fechas de los exámenes o se presentan un día después", cuenta Leticia Figueredo, docente de inglés en el Liceo IBO.

Otros piensan que simplemente se trata de una nueva forma de estructurar el pensamiento que, influida por las tecnologías de la información, han cambiado los modos, los tiempos y la tensión con la que se enfrenta el estudio.

"No se puede decir que no saben. Creo que acá hay un desencuentro entre nuestra generación, que no estamos preparados para las herramientas que ellos usan y el funcionamiento de sus cabezas: el de la imagen, la velocidad, la atención dispersa. Cosas impensables para nosotros. Es un choque cultural", afirma Magdalena Scotti, directora general del colegio Elbio Fernández.

Una tesis doctoral de la psicóloga Coral García (Facultad de Psicología-Ucudal) arrojó como resultado que "los problemas académicos" -referidos a salvar exámenes, salir bien en los escritos, no perder el año- son la segunda causa de preocupación de los adolescentes montevideanos de entre 12 y 18 años que concurren a colegios privados. En dicho estudio, realizado con una muestra de 1.200 jóvenes, concluyó que el "futuro" es lo que más los preocupa (37%), mientras que las cuestiones académicas le quita el sueño al 16% del total. Al menos en el discurso, el éxito académico es importante.

MIRADA DOCENTE. "Hoy por hoy el estrés es poco. Generalmente vienen al examen habiendo estudiado lo mínimo, se confían mucho más que antes y no tienen el dramatismo que le poníamos nosotros, aquel nerviosismo que te venía y por el cual no comías ni dormías…eso ya no se da con tanta frecuencia", cuenta Giménez.

Ese `no ponerse nervioso` del que habla Giménez se manifiesta en que muchos estudiantes se presentan al examen sin prepararlo lo suficiente. "Te encontrás con comentarios como: y sí, para lo que estudié era evidente que iba a perder. O sea que muchas veces hay un fracaso esperado porque ellos saben que no pusieron de su parte", cuenta.

Algo similar observa Mercedes Pérez, orientadora pedagógica del liceo de Canelones, con 28 años de experiencia docente: "No se ven llantos, desmayos ni grandes dramas. En general, no hay conductas angustiantes previas. Lo que se ve es como un seudo `no me importa` que se refleja en el alto nivel de ausentismo a los exámenes", afirma.

"El estrés depende del liceo (si es público o privado), del apoyo familiar y del proyecto de futuro que tenga el adolescente. Antes tenían más o menos claro qué querían para el futuro y por tanto vivían con mayor presión el postergar esa meta. Los gurises de estos tiempos no planifican, no tienen objetivos claros, no saben bien por qué estudian y llegan al examen mal preparados", explica Sebastián Moyano, profesor de matemáticas del ámbito privado y del liceo de Paso Carrasco.

"Le tienen miedo al examen porque no quieren enfrentarse al estrés que supone", dice Leticia Figueredo en base a su experiencia en el IBO.

En opinión Luis Correa, psicólogo y director de ciclo básico del Colegio Maristas, es "injusto" decir que los estudiantes se preocupan menos que antes: "Los exámenes se encaran con estrés. Los jóvenes se angustian, se preocupan y se alegran muchísimo cuando salvan. Ahora, otra cosa es si adoptan la actitud necesaria para solventar esa situación con éxito", expresa.

En el Liceo Francés, famoso por exigente, los estudiantes se muestran responsables pero no estresados: "Como se hace un trabajo sistemático durante todo el año los exámenes se viven con tensión pero no con el estrés del `no me da el tiempo`. En este bachillerato de tiempo completo sí o sí hay que estudiar todo el año. Para cuando llega el día de la evaluación ellos planificaron, estudiaron y hasta repasaron. Quienes lo viven con estrés son aquellos que se dejaron estar durante el año", explica Paola Bagnoli, docente de italiano del Bachillerato Bilingüe.

Baja capacidad de abstracción, falta de preparación para la exigencia sistemática, poca perspectiva sobre el futuro, desconocimiento paterno de las actividades de los hijos, y profesores que no estimulan son otras de las características mencionadas por los docentes.

MIRADA ADOLESCENTE. Del otro lado del pupitre, los estudiantes afirman que la experiencia del examen se vive con tensión.

"A mi me estresan demasiado porque no me dan ganas de estudiar. Sentarte a estudiar en verano, con tus amigos afuera, no me gusta", cuenta Enrico Someto (18), estudiante de 5to científico del IAVA.

"Para el último examen no me puse nervioso porque me había ido bien durante el año, la había seguido y era un repaso nomás. Igual siento nervios en los exámenes, por eso la última noche no duermo", afirma Martín Macedo (19), que cursa 6° de Ingeniería en el mismo liceo.

Sofía Formosa (6° de Derecho, liceo Bauzá), tiene síntomas físicos cuando la ponen a prueba: "El estrés se me ve en que siempre tengo urticaria y en que tengo que tomar pastillas para poder dormir", dice.

"La verdad que paso mucho nervio. Los días de examen estoy muy ansiosa, de mal humor y en la previa tengo problemas para dormir", afirma Elian Stolarsky, alumna de quinto humanístico del Liceo San Felipe.

Carolina Camacho (6° de Economía, Liceo Zorrilla) cuenta que el nerviosismo "depende" del examen, pero que en general le cuesta dormir en período de pruebas.

Algunos, como Cristian Alvernáz (6° de Economía del Bauzá) confiesa estar más allá del estrés: "Me pongo nervioso cuando me dan los resultados, pero no durante el examen. Duermo como nunca y no cambio mis rutinas, el fin de semana anterior salí viernes, sábado y domingo", dice superado.

"Mirá", dice Franco Sierra (liceo N°18): "Tengo claro que haciendo lo mínimo durante el año zafo bien. De última en el examen lo que hago es repasar. Yo le digo a mis amigos: el liceo es una papa". Así nomás.

CABEZAZOS. De las conversaciones con docentes y estudiantes surge una dificultad subyacente que afecta no sólo el modo en que se encaran los exámenes, sino al vínculo entre docentes y alumnos: las nuevas estructuras de pensamiento surgidas con el desarrollo de las tecnologías de la información, especialmente de Internet.

Según todos, este escenario exige un replanteo de las metodologías de enseñanza.

"En estos años se ha avanzado tanto en la reflexión sobre la posmodernidad que tenemos mucha más conciencia de que estamos en otro mundo, que no podemos pedirle a los chiquilines lo mismo que nos exigíamos a nosotros. La cabeza del alumno es otra, y el compromiso con el saber y el aprender también es distinto. Lo mismo pasa con los hábitos y las rutinas", reflexiona Magdalena Scotti, directora del Elbio Fernández.

Luis Correa (Maristas) utilizó una vieja cita para ejemplificar esta situación: "los alumnos son posmodernos y la enseñanza sigue siendo una institución moderna".

Y agrega: "Ese es un gravísimo problema de la educación secundaria. Creo que no se conoce a los adolescentes reales cuando se planifican los cambios y las reformas. No hay reflexión ni investigación suficiente acerca de la formación de las subjetividades contemporáneas".

A modo de ejemplo, Correa recuerda una situación frecuente, la de profesores que trabajan con textos complejos de alto valor intelectual pero que no se adaptan al destinatario.

"Está muy bien que se les dé una cosa de alto nivel a un muchacho de 17 años, pero si no lo puede digerir es lo mismo que nada. Al final genera frustración o enojo", explica. En el otro extremo, dice Correa, están los docentes que por "horror al aburrimiento" del estudiante hacen propuestas educativas que no alcanzan a desafiarlos.

Desde el Consejo de Educación Secundaria se admite este desfazaje. "En lo personal creo que hay un desconocimiento de los adultos en general, y de los docentes, de lo que los chicos traen, de que tienen envases diferentes. Nosotros los tenemos en formato papel, ellos en formato electrónico", afirma Hilda Surraco, inspectora general docente de Educación Secundaria.

"Los cambios tecnológicos modificaron la capacidad de aprender y a largo plazo puede que modifiquen hasta la estructura genética. Un ejemplo, para los adultos el hecho de hacer varias cosas a la vez es considerado imposible. A los alumnos se le sigue pidiendo silencio en la clase, pero estos chicos pueden atender en el medio de caos", dice.

Según Surraco, para las autoridades de la educación este es un tema recurrente: "Secundaria se dio cuenta y está trabajando en consecuencia. Tenemos a las comisiones programáticas, la junta de inspectores y directores. Pero no es la lámpara de Aladino", explica Surraco.

"Lo que me parece", agrega, "es que es medio al tanteo porque toda la generación adulta se crió bajo otros parámetros. Estamos en esta interfase donde, si bien nosotros vemos la capacidad de las nuevas tecnologías y por más que se hagan esfuerzos, quizás sea obra de la generación de ellos completar este proceso. Por más que podamos entenderlos, quizás nos falten elementos para poder adecuar la educación".

Entender, y no juzgar a los estudiantes parecer ser el desafío.

¿Adiós al examen?

CAMBIOS. Desde este año están vigentes cambios para todos los quintos años de secundaria que terminaron con la vieja tradición de rendir exámenes obligatorios en algunas materias. Ahora, cualquier alumno que alcance la calificación 7 obtendrá la promoción sin tener que someterse a evaluación. La nota debe ser el resultado del promedio de la calificación del curso y el promedio de las pruebas especiales, "siempre que ninguno de ellos sea inferior a 5", aclara el artículo 44 de la Reformulación 2006. El mismo indica además que "Si el estudiante no realizó una de las pruebas especiales obligatorias por razones justificadas... se considerará la calificación obtenida como promedio de pruebas". Cuando no existan razones justificadas "el docente deberá dividir entre dos la calificación numérica obtenida".

Un plan similar se está elaborando para los sextos años (tercero de bachillerato), que se empezaría a aplicar el año próximo.

Estas modificaciones también estarán vigentes en aquellos centros educativos privados habilitados por secundaria. Así se dispuso luego de un acuerdo alcanzado la semana pasada entre las autoridades de secundaria y los privados, informó la inspectora general, Hilda Surraco.

El estudiante que llevan dentro

ANDREA BLANQUÉ. "Para mi era jugarme la vida. Estudiaba desde las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche. Eso durante dos meses. Un régimen totalmente carcelario me impuse. Supongo que, viéndolo ahora, tenía un vida muy difícil y el estudio me daba la única compensación en ese momento. Por eso para mí era muy importante estudiar. Sin embargo también era muy angustiante, estaba muy flaca. Pero lo que sí es que dormía como una piedra y después de dar el examen dormía todo el día".

VICTORIA RODRÍGUEZ. "Los días previos, con el clásico "dolor de panza". Me ponía realmente ansiosa y nunca me parecía que realmente sabía. Pero la noche anterior al examen, no sé cómo, me relajaba e iba a dar el examen con seguridad. Bueno, no sé si era "seguridad" o la paz que da el entregarse al destino (risas). Me auto convencía de que había estudiado y que por ende, no me podía ir mal. Y otra cosa, siempre fui media vampiro...mi mejor momento, el de la inspiración, siempre fue y sigue siendo la noche

TABARÉ RIVERO. "Me ponía muy nervioso sí, pero era de los que dejaba todo para último momento. Después me pasaba noches estudiando y tomando café. Me exigía para dar los exámenes, pero más por un tema de presión familiar que porque a mí me interesara mucho (risas). Estudiaba en grupo pero como distraía a todos (me pasaba de charla) me terminaron rajando. Después, estudiando solo, me di cuenta que me concentraba mucho más porque no tenía con quien conversar".

Suerte en pila

CÁBALAS. Más allá de las horas de estudio o de la seguridad con la que se encare un examen, el factor suerte sigue siendo un insumo de cualquier evaluación. ¿Acaso nunca le pasó que le pregunten justo lo que no sabe? Por eso, las cábalas o amuletos de la suerte siguen tan vigentes como antes.

He aquí algunos ejemplos:

"La última noche me estudio todo y al día siguiente no toco ni un libro", cuenta Martina Curbelo, estudiante de 6°Artística del IAVA. Otro ejempo es la medallita de la virgen de los estudiantes, igual a la que muy orgullosa llevaba Karina da Silva (6°Derecho, liceo Bauzá) el día del examen de matemáticas práctico.

"Un calzoncillos azul. Lo uso siempre y hasta ahora me ha dado resultado", dice Cristian Alvernáz (6°Economía, liceo Bauzá) y lo muestra.

Sofía Formosa (6°Derecho, Bauzá) lleva siempre su anillo de quince años, un colgante que le regaló su madre y un muñeco de peluche. Martín Macedo utiliza de cábala "una coquita 600" que lleva consigo para antes, durante y después del examen. "Y no tocas nada el día de la prueba", agrega.

Piedritas, Rosarios, fotografías y estampitas, son otros de los fetiches preferidos.

La cifra

11% Del total de estudiantes de 6to año de la educación pública egresan del liceo a la edad correspondiente, o sea 18 años.

Lo que más les cuesta

Aunque secundaria no tiene estadísticas sobre cuáles son las principales dificultades de los estudiantes en un examen, se sabe que a la mayoría le cuesta terminar a tiempo la instancia evaluatoria.

Además no resulta satisfactorio el nivel con el que los estudiantes desarrollan los ejercicios.

"Hay dos grandes dificultades. En las ciencias les pasa que no pueden terminan los ejercicios. Y en las letras que cuando se expresan lo hacen de modo infantil, sin contundencia, porque muchos escriben como hablan", explica Surraco.

La inspectora Surraco dijo que la decisión de modificar los planes y terminar los exámenes obligatorios, se sustenta en la necesidad de "evitar" que los estudiantes se jueguen todo en una instancia única.

"Se decidió así para poder incorporar todos los ejercicios que el alumno tiene que realizar durante el año, donde el intercambio se desarrolla con otra tranquilidad. Para realmente sumar todo ese esfuerzo que el estudiante realizó y que tenga su resultado, de manera que no termine siendo una ruleta rusa donde se juega todo a suerte y verdad. Porque si ese día estoy bien, llego al examen con tranquilidad, lo puedo desarrollar y salvé el año. Si no capaz que tengo que repetir".

Consultada a propósito de las dificultades en la capacidad de abstracción que, según algunos docentes, tienen los alumnos de hoy, Surraco respondió: "No sé si las técnicas pedagógicas que se usan actualmente favorecen o no la abstracción de los jóvenes. Me parece que es un defecto de la educación propiamente dicha. El exceso de visualización puede conspirar, si no se acompaña por reflexiones críticas, con una disminución de la capacidad de abstracción que se ve en las dificultades para expresarse. Creo que la didáctica ha actuado en contra: la excesiva insistencia en mostrar la imagen asociada al concepto disminuye la capacidad de evolucionar en los conceptos por si mismos".

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