JUAN ANDRÉS ELHORDOY
Es justo y necesario mirar el vaso en todas sus dimensiones. Con el reciente ajuste de precios de combustibles, ¿quedó medio lleno o medio vacío? Por un lado, el gobierno rebajó el impuesto a las naftas y benefició a sus consumidores. Por el otro, aumentó fuertemente el gasoil y golpeó a los sectores productivos. Son dos realidades que operan bajo la misma lógica. Y que generan sentimientos encontrados.
El gobierno viene marcando las tarifas en beneficio de los nafteros y en detrimento de los gasoleros. Todo para que el país no tenga excedente de nafta o faltante de gasoil. Del petróleo se produce 1,3 litros de gasoil por cada litro de nafta. Y en Uruguay la relación es 2 a 1. Poco se ha dicho que ese desajuste responde básicamente al alto consumo del sector productivo, especialmente de la agricultura y los servicios de transporte. La incidencia de los coches particulares es cada vez menor.
Con relación a los anuncios de la semana, conviene ir por partes. El litro de SUPRA 95 sigue costando $ 30,40 al público. Este número hace invisible un cambio sustancial para Ancap. El precio que cobra antes de su distribución creció 25% (14,78 a 18,51). Al mismo tiempo, el Imesi bajó 24% (15,62 a 11,89), lo que representa un sacrificio fiscal de alrededor de U$S 40 millones. Una cosa compensó la otra. Esto permitió que se hayan cumplido más de tres años con precios casi congelados. En ese período, los valores de las naftas subieron alrededor de 2%.
Otra vez el ajuste más fuerte se registró en el gasoil. Aumentó más de $ 3 por litro, o sea, casi 12%. Se explica por tres factores que operan simultáneamente: 1) el precio Ancap creció algo menos de 10%; 2) subió el aporte al fideicomiso del transporte de pasajeros que se ubica en $ 1,91; 3) el IVA creció.
Contrastando con la primera idea del gasoil productivo, este producto en el surtidor acumula un aumento del 57% en tres años. La mayoría de las empresas sufren un impacto menor. Se instrumentó un fideicomiso para el transporte de pasajeros que compensa los altos precios y se amplió la porción del IVA que puede ser descontado por empresas de distintos sectores (no todos).
Pese a lo antedicho, el gasoil pegó fuerte en la producción. El agro, los servicios de transporte y la industria pusieron el grito en el cielo. Aunque ya surgieron voces de alarma sobre remarques de precios por este aumento, resta esperar la evolución de los hechos para conocer el verdadero impacto en la economía.
Las comparaciones son odiosas, pero necesarias. En Argentina, el esquema de subsidios a los combustibles explica los precios sensiblemente más bajos que acá. Hoy el gasoil argentino ronda los 0,80 dólares, frente a 1,12 del brasileño y a 1,33 el producido por Ancap. Otro llamado de atención para la Dirección de Aduanas por el seguro contrabando que ingresa al país.
Tal como fue adelantado en estas páginas el 3 de noviembre, en la comarca el gasoil está recalentado. A paso firme, está cerca de llegar al 1 a 1 con las naftas, tal como ocurre en las principales economías del mundo. Nada más que en estos países, la venta de autos diesel sigue creciendo, debido a mejores rendimientos de combustibles, la calidad de los nuevos motores y un menor impacto ambiental.