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Van tras la pista del Da Vinci

EL PAÍS DE MADRID I ANDREA RIZZI

En las paredes del castillo de Drumlanrig, en Escocia, hubo durante cuatro años un pequeño espacio vacío que dolía al duque de Buccleuch como si se hubiese derrumbado el edificio entero. Hasta el mes de agosto de 2003, allí estaba colgada La Madonna del huso, de Leonardo da Vinci. Dos hombres se la llevaron durante una visita guiada a la colección del duque, y huyeron en un Volkswagen.

El vacío se llenó el mes pasado, cuando la Policía anunció la recuperación de la obra, cuyo valor se estima entre 50 y 80 millones de euros. Cuatro personas fueron puestas a disposición judicial como presuntas responsables del robo.

Caso cerrado. Sin embargo, un detalle pasó inadvertido y dice mucho sobre los robos de arte, un mercado que el FBI evalúa en 4.000 millones de euros al año. Cuando los policías irrumpieron en donde se encontraba la Madonna de Leonardo no había cuatro personas, sino seis. Una de ellas era Mark Dalrymple, jefe de la agencia privada Tyler & Co.

Es el tipo de hombre al que las grandes compañías aseguradoras llaman cuando uno de sus clientes encuentra un vacío donde antes colgaba un cuadro de Da Vinci o de Goya. Él fue tras La Madonna del huso igual que siguió la pista de El columpio, de Goya, robado de la mansión madrileña de Esther Koplowitz en 2001. Con lo que ha recuperado este hombre en 25 años se podría hacer un museo de primera.

DESCONOCIDOS. Dalrymple es técnicamente un art loss adjuster, una figura que ejerce a la vez de tasador y detective especializado en arte. Cuando recibe un encargo de una compañía de seguros visita a la víctima del robo, cuantifica el daño y mueve los contactos que tiene en el mundo del arte. Maniobra en la sombra para identificar quién tiene lo que busca. Una vez que llega hasta el criminal, se presenta como un potencial comprador. En el sector se le considera una auténtica pesadilla para los ladrones. Éstos no se enteran de quién es realmente hasta que llegan la policía.

El mérito se lo suelen llevar las fuerzas del orden, pero su actividad es importante, cuando no decisiva. Un detalle del caso Koplowitz, cuando se robaron 19 pinturas, lo ilustra. Las primeras en ser recuperadas fueron las que Dalrymple había sido encargado de rastrear.

La prensa ni siquiera mencionó su nombre; pero en el mundo del arte, Dalrymple es conocido, y Lloyd`s o Axa Arte Seguros no dudan en recurrir a sus servicios. Las prioridades de las policías del mundo son terrorismo, droga y crímenes de sangre. Así que el trabajo de agencias como Tyler & Co., es vital para las aseguradoras, que prefieren pagar sus tarifas antes que indemnizar a los clientes.

MENOS RIESGO. "La idea del robo para disfrutar de la belleza de una obra está muy lejos de la realidad. Lo normal es toparse con criminales que sólo quieren sacar dinero, a menudo para reinvertirlo en el tráfico de droga o de armas", desmitifica Dalrymple.

A no mucha distancia de su despacho están las oficinas de Julian Radcliffe, director del Art Loss Register (ALR). En 15 años ha recuperado obras de Cézanne, Picasso, Gauguin, Manet, Warhol o Delacroix valoradas en más de 140 millones.

ALR cuenta con una de las bases de datos de obras robadas más amplias del mundo. Incluye 180.000 objetos. Escanean constantemente los catálogos de subastas de medio mundo. Si ven algo que se asemeja a obras que tienen en su base, intervienen. Así han logrado un 60% de sus recuperaciones. Otro 10% procede de controles en ferias de arte y antigüedades o en tiendas. El resto -sobre todo grandes obras- es el fruto de investigaciones. Para una obra maestra, la tasa de recuperación está alrededor del 15%; para las piezas menores, menos.

El robo de arte es el delito con la mejor relación entre riesgo y recompensa, dice Radcliffe. Un criminal involucrado en un tráfico de drogas de 10 millones de euros se enfrenta a muchos años de cárcel. Quien roba arte por un valor equivalente, difícilmente sufrirá la misma condena.

LADRONES IGNORANTES. Según el registro de Radcliffe y su equipo, los cuatro artistas más robados son: Picasso (figuran como robadas o perdidas 671 obras suyas), Miró con 384; Chagall con 350, y Dalí con 292.

Pero esos nombres son sólo la punta de un iceberg cuyo cuerpo está hecho de robos de pequeño y mediano valor. Objetos que ninguna policía del mundo tiene recursos para buscar. Y por los que las compañías de seguros no se molestan en contratar a un investigador. Ahí está el verdadero negocio. Más fáciles de robar, más fáciles de vender, escasas posibilidades de ser perseguidos...

¿Por qué, entonces, meterse en líos robando un Goya? "Eso es ver el tema desde una perspectiva racional", responde Dalrymple. "Esta gente normalmente no tiene mucha cabeza. Roban grandes piezas porque no saben que es casi imposible venderlas. O por acrecentar su prestigio. Incluso porque no saben muy bien lo que se están llevando".

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AL RESCATE. Para encontrar grandes obras maestras se necesitan importantes investigaciones; recuperan un 15%.
PREFERIDO. Picasso es de lo más solicitado por los amigos de lo ajeno.
COMPLEJO. Algunos roban sin saber que venderlas es casi imposible.
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