EL PAÍS DE MADRID | G. BELINCHÓN
Al menos siete películas, ya estrenadas o prontas a salir en 2008, sientan posición sobre el conflicto bélico en Irak. Mientras en Estados Unidos los medios de comunicación son acusados de no ser tan incisivos como en los tiempos de Vietnam, la industria cinematográfica intenta cubrir esa falencia, narrando los horrores de una guerra que divide al país norteamericano.
Caín le dijo a su hermano: "Salgamos al campo". Y aconteció que, estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Para que luego digan que la prostitución es la profesión más vieja del mundo, Abel cultivaba la tierra. Caín era ganadero, y desde el día que le dio un arrebato de celos por el amor de Dios, también maestro armero: escogió un objeto contundente -de la quijada de burro no hay ni un apunte en estos versículos del Génesis; Sansón fue quien mató con ese hueso por primera vez- y asesinó a su hermano. Así que la violencia y el homicidio comienzan pronto sus respectivas carreras de éxito en la vida del hombre; en concreto, en el capítulo cuarto de la Biblia. La guerra, como multiplicación exponencial de estos triunfos humanos, aparece inmediatamente después. Cualquier manifestación artística ha reflejado desde su inicio la plasticidad de la lucha, mitificando o desacralizando aquello de "sangre, sudor y lágrimas". Y el cine no iba a ser menos.
Así que cuando el presidente George W. Bush decidió escamotear información y se lanzó en 2003 a la guerra de Irak con argumentos falsos, sólo lograba prorrogar el puñetazo moral a la sociedad estadounidense.
Hasta ahora han muerto más de 3.800 soldados estadounidenses y cerca de 185.000 regresaron heridos. Mientras que los medios de comunicación americanos no han estado tan incisivos como en los tiempos de Vietnam, la maquinaria fílmica ya ha despertado de su letargo: tras balbuceos como Regreso al infierno y estupendos documentales como Al descubierto: guerra en Irak, Bagdad ER o Fahrenheit 9/11, la guerra desembarca en los próximos Oscar con títulos que se estrenan estos días en Estados Unidos y Europa.
Al frente de los films, hay directores que se lían a tortas ideológicas contra su presidente, como Brian de Palma. "Los films van a parar la guerra", soltó el cineasta en la presentación de su película Redacted, una especie de documental sobre el conflicto bélico iraquí.
Desde un lugar más sutil, Robert Redford dirige y actúa en Lions for Lams (Leones por corderos). "No trata sobre la guerra. Quiero ir más allá. Lo que me atrajo del guión fue preguntarme qué factores subconscientes nos llevan a los estadounidenses una y otra vez al mismo lugar", aseguró Redford. Y añadió: "Esta película es mi forma de pedir perdón por lo que nuestro país hizo en los últimos seis años".
El actor, con 71 años y siete temporadas sin dirigir, disfruta metiendo mano en las trampas de tahúres que usan los chacales de Washington. Su guerra no es Irak, sino la de Afganistán, pero Leones por corderos (se estrena en Estados Unidos el 9 de noviembre), juega a los paralelismos entre ambos conflictos por el patriotismo sucio y el intento de sacar ganancias con la muerte.
Redford se reserva el papel de un profesor universitario que insufla genuino espíritu patriótico a sus alumnos, mientras que un senador republicano (Tom Cruise, con el Oscar llamando a su puerta) con ínfulas presidenciales intenta venderle una exclusiva que cambiará el destino de la contienda a una veterana periodista (Meryl Streep). Todo para demostrar, palabra de Redford, que "las decisiones de un norteamericano tienen un profundo impacto en la vida de cada uno de sus compatriotas y en el mundo".
DIRECTO. Al contrario que el cirujano Redford, al boxeador De Palma le va más el chapapotismo, el enfangarse en la mierda para que salpique al espectador. Diferentes métodos igual de respetables. Basada en hechos reales, su Redacted (estreno el 16 de noviembre) arranca con la violación, en marzo de 2006, de una adolescente iraquí por unos soldados norteamericanos que al acabar mataron a la chica, a su hermana de cinco años y a sus padres. "Uno sólo espera que estas imágenes indignen al público lo suficiente como para motivar a sus legisladores a votar contra este conflicto bélico", dice De Palma (León de Plata a la mejor dirección en el último certamen de Venecia con esta mezcla de ficción y documental), y desde luego ha sabido hurgar en la herida.
En un tono parecido, el británico Nick Broomfield presentó en el pasado festival de San Sebastián (estreno en diciembre) La batalla de Hadiza, recreación de la explosión de rabia de unos marines tras sufrir su convoy, en noviembre de 2005, un ataque en la ciudad que da título al largometraje. El resultado de la refriega fue: soldados muertos: 1, inocentes asesinados: 24. En Donostia, donde La batalla de Hadiza ganó la Concha de Plata a la mejor dirección, el cineasta comentó: "Oímos hablar todos los días de los insurgentes, aunque no tenemos ni idea de quiénes son o cómo han llegado a hacer las cosas que hacen". Desgraciadamente, la película de Broomfield pasa de aleccionadora a adoctrinadora en muchos fragmentos.
Todo lo contrario que Paul Haggis con En el valle de Elah. El director de Crash apuesta por otro hecho real. Un contundente Tommy Lee Jones es un veterano de Vietnam que investiga la muerte de su hijo tras su retorno del campo de batalla. En Hollywood la igualan a El regreso; la última secuencia subraya los paralelismos morales.
En el valle de Elah se estrenará a comienzos de un 2008 volcado en la guerra. Le acompañarán Grace is gone, ganadora del premio del público en Sundance, en la que un soberbio John Cusack debe explicar a sus hijas que su madre, militar, ha muerto en Irak.
La guerra de Charlie Wilson, tendrá por protagonista a Tom Hanks, quien interpreta a un congresista demócrata que en su esfuerzo por derrotar a los soviéticos en Afganistán acabó armando a muyahidin, en un film dirigido por Mike Nichols y escrito por Aaron Sorvin.
A mediados de 2008 se vendrá Stop Loss (que se puede traducir como "alto a las bajas"), una película de Kimberly Peirce sobre las deserciones tras la crueldad del conflicto en Irak.
El periodista Guillermo Altares escribe en su libro Esto es un infierno: "El buen cine bélico nos hace comprender que la guerra trae siempre el viento siniestro de la desolación, nos ha hecho odiar a los verdugos y compadecer a las víctimas... nos intenta explicar cómo se puede sentir el horror del conflicto y consigue que se nos cuelen en el alma destellos de esa terrible sensación".
Pues en eso está Hollywood.
Cineasta "culpable" de muertes
Los medios de prensa estadounidenses no son indiferentes frente a la proliferación de películas sobre la guerra de Irak, y ya han generado las más polémicas reacciones.
Uno de los grandes blancos ha sido Redacted, el film de Brian de Palma que, según su director, intenta denunciar, tanto los excesos de la guerra como la censura de los medios de comunicación sobre el tema. "A diferencia de lo ocurrido en Vietnam, ahora los grandes medios no informan la realidad", opinó De Palma en el Festival de Venecia, donde su película ganó el León de Plata a la Mejor Dirección.
La respuesta no se hizo esperar. Bill O`Reilly, periodista de FOX News, llegó a responsabilizar directamente al cineasta de futuras muertes de soldados norteamericanos: "Imagínense a los musulmanes que vean cómo se viola a una joven musulmana. Si al menos uno de esos jóvenes mata a un americano, será culpa de Brian de Palma", dijo en referencia a una escena del film.
Incluso desde la CNN, un medio no afín a Bush, el periodista Glenn Bleck agradeció a De Palma, en un tono irónico, su contribución a que "Al Qaeda aumente el número de reclutamientos al final del año".
Igual hay medios que defienden el film. Richard Corliss, de Time, opinó que Redacted es "una llamada a la vergüenza nacional" y una "medalla de honor" para De Palma.