LIL BETTINA CHOUHY
En París, silenciosamente y a los ochenta y cuatro años, murió Marcel Marceau.
Sus restos reposarán en el mítico cementerio de Perre Lachaise. "Francia pierde a uno de sus más eminentes embajadores" declaró el presidente Nicolas Sarkozy.
Múltiples voces se alzaron para homenajearlo y lamentar su muerte. Gran artista de la pantomima, héroe de la resistencia, personalidad única en el mundo del espectáculo.
No hace mucho, en el 2005, declaró en Buenos Aires: "no le temo a la muerte, ¿por qué habría de hacerlo? Al contrario, quiero morir de pie en un escenario, tantas veces lo he hecho y me he vuelto a levantar para saludar al público. Sé que algún día moriré, pero también sé que mi arte prevalecerá. ¿No es esto un milagro?"
Sobriamente, su asistente dio la noticia, sin explicaciones sobre los detalles de su partida.
Alumno del gran Dullen, padre de la pantomima moderna y de Jan Louis Barrault, sus grandes inspiradores fueron Buster Keaton y Charles Chaplin. "La pantomima llega más que la palabra, esa es la fuerza de Chaplin y Keaton, son personajes ricos en su silencio."
En 1967, en el aeropuerto de Orly, se cruzó de casualidad con Charlot. Antes de saludarlo con lágrimas en los ojos, le siguió los pasos al gran cómico y humildemente le dio las gracias.
Para beneficio de muchos, en la década del 50 y del 60 su obra pudo verse en la televisión. El norteamericano Mel Brooks lo incluyó en Una película muda que los entendidos recuerdan como una de las grandes bromas del cine, porque él era el único personaje con texto, y que con los ojos muy abiertos decía: "¡No!".
Como lo sabemos bien, los que tuvimos el privilegio de verlo en el escenario del Teatro Solís, ese era su verdadero territorio. Su famoso personaje Bip se ha quedado para siempre en nuestra retina y en nuestro corazón.
Cara blanca, sombrero de copa raído con una flor, pantalones anchos, la camiseta marinera; era todo poesía.
En un minuto pasaba del amor al odio, de David a Goliat, de la felicidad a la tristeza, de la vejez a la muerte.
"Las palabras no son necesarias para expresar lo que sentimos; hay que dar cuerpos además de palabras. El teatro se ha alejado demasiado de lo físico. Cuento cosas simples y devuelvo a los espectadores un héroe en el que cualquiera se puede identificar."
Cargados de contenido social, sus gestos nunca eludían el compromiso con la ética. Así como fue un héroe de la resistencia, este francés nacido en Estrasburgo recorrió el mundo con su mensaje de paz, de bondad, de respeto por el otro.
Creó escuelas, marcó caminos, cubierto de condecoraciones, premios y títulos pero no escapó al destino de muchos talentosos: su escuela de mimodrama en París se cerró hace dos años por falta de financiación.
En este mundo donde el grito ensordecedor y el gesto basto se muestran como las únicas alternativas de comunicación con el gran público, aparecen la margarita de su sombrero y el gesto sutil y encantador de sus manos como armas eficaces de reivindicación de la poesía y la bondad que existen en el mundo.
Más de una vez dijo que quería a éste, nuestro país.
Como decía Andreiev, el amor, como las lágrimas, aspira a ser recíproco. Y lo fue.
"Entra en nuestra casa con paso de ladrón y con el terrible descaro del claro de luna," dijo alguna vez de él Jean Cocteau.
En mi casa seguirá entrando así.