Domingo 16.09.2007, 23:22 hs. | Montevideo, Uruguay
 
INICIOCONTACTOMI PERFILPUBLICIDADEL PAIS MOVILEL PAIS LEIDOFAVORITOSPAG INICIO
BUSCAR
en
en internet
BUSCADOR AVANZADO
Domingo  | enviar nota |  | imprimir nota |  | agrandar texto |  | achicar texto |
el futuro está aquí
Esta aburrida modernidad

MARTÍN FABLET

Todo cambia, sí todo cambia y la tecnología, además, lo hace a un ritmo frenético. Los pobres vejetes como uno, vamos perdiendo el ómnibus cada vez mas seguido. En cambio, los presumidos jóvenes, siempre al día, valoran ante todo la utilidad, la funcionalidad y el pragmatismo. La tecnología tiene la virtud de combinarlo todo a fin de otorgar a la información un valor agregado sumamente preciado.

Hoy es imposible mantenerse aislado, desconectado. Todos tenemos nuestros propios protocolos. Estas inimaginables formas de comunicación están siendo útiles tanto para obtener información sobre los mercados bursátiles como también para intercambiar sexo y pasión.

El mensaje debe ser breve y conciso, a modo de slogan, nada de discursos elaborados. Las palabras se han vuelto como los costes en una empresa, a menor cantidad y mismo resultado, la inversión se vuelve atractiva, aunque en este caso sea por pura satisfacción carnal.

Hoy nadie escribe cartas de amor, diríamos que es algo como terraja, y menos aún utilizando un lenguaje elaborado, barroco, que se detenga en los matices o en construir grandes metáforas. No hay tiempo.

Hoy se valora una espontaneidad pueril sin aderezos. Escribir mensajes de amor o sexo en un teléfono celular no me genera atractivo alguno, ni al escribirlo ni al recibirlo, al menos desde el punto de vista meramente lingüístico.

Un "Ke llvs psto?" "H lgo y b7s", como texto amoroso, pienso que jamás pasarán a la historia. El mensaje, despojado de toda retórica, de todo lo superfluo e innecesario, ha perdido su carga de seducción su encanto y va mucho más directo, como un misil al blanco.

Enviados a bocajarro pueden resultar procaces y hasta provocadores. No hace falta ceremonial ni sello previo, basta pulsar un botón y enviarlo, sin posibilidad de rectificación.

En un instante nuestras ansias y deseos fantasiosos, nuestros ardores y secretos más íntimos, vuelan hasta un satélite, atravesando la atmósfera, y regresan hasta la tierra para vibrar en el bolsillo de algún gordo trasero.

El romanticismo de las viejas cartas permitía echarse atrás, rectificar cursilerías, arrepentirse de haberlas escrito o de enviarlas. Mientras le llegaba a la otra persona, a lo mejor daba tiempo a cambiar de enamorada (más aún con nuestro correo). Pero ahora todo transcurre a la velocidad de un orgasmo y al precio de un mango. Me da mucha pena pero sin dudas es un ganga.

Otras Ediciones
TODAS192629
volver arriba
ASISTENCIA AL USUARIO 903 1986
CLASIFICADOS 400 2141 - 131 | SHOPPING EL PAIS 903 1986
REDACCION IMPRESA 902 0115 | REDACCION DIGITAL 902 0115 int 440 | PUBLICIDAD IMPRESA 902 3061 | PUBLICIDAD DIGITAL 900 2338
Zelmar Michelini 1287, piso 4, CP.11100, Montevideo, Uruguay | Copyright © EL PAIS S.A. 1918-2009
Certifica Metric Medición de Tráfico Certifica.com
Powered by ANTELDATA Powered by ANTELDATA
Grupo de Diarios América Miembro de GDA, Grupo de Diarios de America