"Señor, lo que usted tiene es un virus". ¿Cuántas veces salió del consultorio médico con ese diagnóstico, sin tener la más mínima idea de qué quería decir exactamente?
Este año, las bajísimas temperaturas multiplicaron las enfermedades virósicas, especialmente las respiratorias. La vedette, como todos los años, fue la gripe, un virus tan diminuto como resistente y apasionado por las estaciones frías.
Es que desde el resfrío común hasta la influenza más grave, las virosis respiratorias adoran desarrollarse al calor del cuerpo humano. No obstante, la ciencia no ha podido encontrar demasiadas vacunas y fármacos certeros contra ellos, entre otras cosas, porque mutan continuamente.
Ahora bien, ¿qué es un virus? Se trata de organismos con una estructura muy sencilla, compuestos de proteínas y ácidos nucleicos, capaces de reproducirse solo en el seno de células vivas. "Son causantes de múltiples enfermedades que afectan a personas de todas las edades, con una distribución universal", explica el médico Eduardo Savio, director de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina.
Entre sus varios tipos, están los que desatan enfermedades respiratorias, un mal que se manifestó como pocas veces en los consultorios médicos este invierno. "Muchos de los cuadros de este tipo aparecidos fueron catalogados como virales por su forma de inicio: fiebre muy alta, dolores musculares y articulares, resfrío, dolor de garganta. Son todos síntomas de cuadros virales", dice Savio.
El gran problema con estas patologías es que en ocasiones se convierten en el caldo de cultivo perfecto para desarrollar otras enfermedades. Como explica el médico, muchas veces la infección del tracto respiratorio disminuye las defensas locales. Eso puede hacer que la vía aérea se sobreinfecte con bacterias. "Hemos visto muchos cuadros infecciosos, de mayor o menor importancia, bacterianos. Los problemas respiratorios pulmonares, como las neumonías, pueden tener una causa viral o bacteriana. Hoy se ven muchas de la segunda, pero que fueron precedidas por un cuadro viral".
Discriminar entre un virus y una bacteria es fundamental para ejercer un tratamiento efectivo. Sólo cuando el médico sospecha que existe una infección bacteriana es que indica tomar antibióticos. Sin embargo, estos son inútiles ante un virus y no deben tomarse sin receta.
DE CUIDADO. Los niños menores de dos años y los adultos que padezcan enfermedades crónicas pulmonares, cardiovasculares o metabólicas -como el asmático, el insuficiente cardíaco, el insuficiente renal, los que toman corticoides a permanencia- son quienes están más expuestos a adquirir gripe y con potenciales consecuencias graves. Por ello, es imprescindible la vacunación en esos casos, dice Savio.
El médico no olvida tampoco a las personas que trabajan en avícolas. Es que la amenaza de la gripe del pollo sigue latente.
"Si el personal que trabaja en contacto directo con aves está libre de todo signo de gripe, y de repente uno de ellos comienza a sentir algún síntoma, podría ser una señal de que un virus de influenza aviar está afectando a las personas".
MUTANTES. Hasta la actualidad, la única vacuna segura contra virus respiratorios es la que combate la gripe. Y aunque sólo cubre tres tipos de "bichos", son precisamente los tres que tienen más posibilidades de estar circulando en la región durante los meses del otoño e invierno.
En Uruguay, los virus de influenza circulantes son los tipos A y B. "Siempre han estado, a pesar de que año a año aumenta la cobertura con vacunas", dice el docente de Facultad de Medicina.
Lo difícil de luchar contra estos virus radica en que pueden cambiar su composición genética espontáneamente o por presión de algunos de los pocos fármacos antivirales que existen hoy. Es por eso que una vacuna puede atacar un tipo específico de virus, pero se vuelve inútil frente a las mutaciones que este puede adquirir.
Con el objetivo de saber cuáles son los tipos de virus que circulan en un país en determinado momento, muchas naciones cuentan con puestos centinelas en los que se estudian muestras de las infecciones respiratorias de las personas.
"Esas muestras se envían a un centro de referencia en el hemisferio Norte, donde se prepara la vacuna contra influenza que año a año cambia su composición de acuerdo a los tipos circulantes", explica Savio.
Además de las vacunas, que cumplen un papel preventivo, en el caso de la influenza existen fármacos para cuando la enfermedad ya está instalada.
Una nueva generación de medicamentos son los inhibidores de neuramenidasa, que son dos -oseltamivir, por vía oral, y zanamivir, por vía inhalatoria-.
"Son útiles para la gripe cuando se administran muy precozmente, si recién comienzan los síntomas. Acortan la duración de la enfermedad, la vuelven menos sintomática, más breve y el paciente se recupera mejor. Además, al impedir que el virus se multiplique ampliamente en la persona, se evitan también las consecuencias secundarias, como pueden ser la sobreinfección bacteriana o la descompensación de enfermedades crónicas", termina Savio.