Cinco años después, las heridas que siguen abiertas

| El 2002 sigue pesando en ahorristas que no cobran y deudores con remates en los talones. Para todos, la sociedad empobreció y costará volver a lo de antes: historias de caída y de recuperación de la peor crisis económica.

2007-07-29 00:00:00 300x300

MIGUEL BARDESIO

Mauricio se quedó sin changas y emigró a Estados Unidos. Héctor esperó cuanto pudo, pero murió el mes pasado sin ver un solo peso de los ahorros que tenía en el Banco Montevideo. Elisa Sánchez, viuda, está bajo amenaza de remate por una deuda de 1.000 dólares que contrajo su esposo en los `90.

Para muchísimos uruguayos, la crisis de 2002 es todavía un recuerdo muy fresco que les dispara el llanto, la ira y la desesperación. Mañana será 30 de julio y se cumplen 5 años del feriado bancario, el inicio de la semana más dura de aquellos tiempos. De ese entonces emergió una sociedad más empobrecida y patológica que aún no se recupera, pese a que los grandes números de la economía mejoraron sustancialmente.

Pero también hay cicatrices. A Valentina Stewart la echaron en 2002 y con el despido puso un local de venta de artículos del hogar de segunda mano. Ahora está por abrir su cuarta sucursal en Punta del Este. Alfredo Cambón se fundió en 2003; tenía un negocio de muebles de jardín. Ya sin trabajo, se hizo vegetariano y empezó a preparar milanesas de soja que vendía primero en su ciudad, Florida. Hoy, tiene una empresa que vende 4.000 bandejas por mes.

El feriado bancario duró hasta que Estados Unidos envió 1.500 millones de dólares que mandó en billetes porque no había un peso desde el Cerro a Bella Unión.

En Estados Unidos está Crimilda Disalvo. Tiene 75 años y se fue en 2004, cuando tuvo que vender su apartamento en el Centro, acorralada por las deudas, viuda y sin ingreso. Crimilda tenía 100.000 dólares en el Banco Montevideo y hasta ahora, nunca le devolvieron un peso. "Lavo pisos, coso, hago cualquier cosa porque los Peirano me robaron todo lo que tenía", dijo la mujer.

Hace un mes, Crimilda se cayó del ómnibus y se lastimó una pierna. Necesita atención, pero está ilegal y no la consigue. "Apenas puedo caminar y no puedo ver a un médico", contó con la voz cortada.

Ella es una de las 1.470 ahorristas del Banco Montevideo cuyos fondos fueron transferidos al Trade & Comerce Bank, una institución financiera fantasma con sede en Islas Caymán. Hasta hoy, ni los hermanos Peirano ni el Estado uruguayo han respondido, y son de los ahorristas que arrastran aún el dolor de no haber recibido nada desde 2002.

La otra cara del problema son los deudores, que vieron su mundo caer cuando en junio de 2002 el dólar trepó de 14 a 32 pesos.

Ernestina Dornel, de Salto, debía 3.200 dólares a un particular. El año pasado se dispuso el remate de su casa, pero ella no lo soportó. Mientras la mano del subastador se levantaba y se esperaba el sonido del martillo, Ernestina se descompensó y murió poco minutos después. "Lo peor es que su casa, que la compró un usurero, está ahora hecha una tapera, sin uso. Es fuerte", contó María Luisa Nogueira, líder del grupo de deudores de Salto, que suman 1.600.

En homenaje a ella, "Ernestina Dornel" es el nombre del grupo, prácticamente el único que se mantiene de los que surgieron en 2002.

Los ahorristas del Banco Montevideo también tienen sus víctimas. De 1.470, han fallecido 62 y entre ellos, 12 se quitaron la vida.

AHORRAR Y DEBER. En noviembre, la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendó la liberación de los hermanos Peirano, pero también que el Estado uruguayo diera solución a los ahorristas. Alicia Barbani, que representa a los afectados, se reunió con Gonzalo Fernández y del encuentro, resultó un proyecto de ley del diputado frenteamplista Julio Cardoso que repara hasta 100.000 dólares y que fue presentado en la Comisión de Hacienda.

En cambio, el ministro Danilo Astori prefiere negociar sin proyecto de ley. "Las dos puertas están abiertas", dijo Cardoso.

Héctor no tuvo oportunidad de vislumbrar la puerta. "Estoy cansada de que me compadezcan en el barrio", dijo su esposa Ana, quien pidió que se cambiaran los nombres. El matrimonio tenía 50.000 dólares en el Banco Montevideo, fruto de la venta de un taxi. Su marido era diabético y sin ingreso, empeoró al punto de que debieron amputarle una pierna. Hizo una carta a los Peirano pidiendo 5.000 dólares para ponerse una pierna ortopédica. "Estamos en la indigencia", respondieron los hermanos según Barbani.

Ana hipotecó la casa. Se fue a Estados Unidos y mandó dinero durante tres años. Pero su esposo empeoraba, y decidió volver. Héctor murió el 11 de junio pasado de un paro cardíaco a la edad de 58 años. Ana, de 56, vive de limpiezas y tiene un hijo de 14. La hipoteca vence el año que viene y no sabe cómo la pagará.

La crisis afectó a todos los estratos sociales y, se sabe, es más fácil caer que subir. Entre 2002 y 2005, los sectores bajos de la sociedad crecieron un 5% en hogares. Ahora, a 2007, la clase media apenas ganó un 1,9%, lo que demuestra que cinco años es poco tiempo aún para festejar.

"Recién en 2010 se verá si la estructura social tiene un cambio. Lo que ocurre ahora es que hay movilidad hacia arriba, pero entre los mismos estratos, del bajo al bajo medio, del medio bajo al medio y así. Es muy difícil escalar rápidamente, salvo que haya un cimbronazo", explicó el sociólogo Alberto Riella, de la Facultad de Ciencias Sociales.

Él y su equipo elaboran el índice de nivel socioeconómico que divide a la sociedad en siete estratos. En términos de ingreso, la pobreza se redujo un 13% de 2005 a 2006 y la indigencia cayó a la mitad, fruto del Plan de Emergencia.

COMER Y VIVIR. En 2002, la corrida bancaria llegó al 40% de los depósitos, el desempleo trepó a 20%, el poder adquisitivo cayó una quinta parte y 250.000 uruguayos comían en merenderos y comedores, tres veces más de las personas que reciben hoy el Plan de Emergencia.

La alarma puso a Uruguay en los ojos de la prensa mundial, tal vez como nunca antes. "Hambre: niños uruguayos comen pasto", fue el título de una crónica de la BBC de Londres, tomada de una denuncia local.

Se refería a los alumnos de una escuela del barrio Conciliación, al Norte de Sayago, cuyas familias habrían recurrido al pasto para alimentar a los hijos los fines de semana, cuando la escuela no abría.

Un empleado de la escuela negó la versión. "Fue un rumor que se manejó políticamente. El pasto, si se quiere, simbolizaba las carencias que había en el barrio", dijo.

Verdad o mentira, la versión generó la ayuda de muchos y los niños lo agradecieron con dibujos y cartas. Uno de los que más participó del festejo tiene hoy 18 años, pasó por la pasta base y está en el Compen.

Cinco años es mucho para algunos aunque en general, la situación del barrio mejoró, según la fuente. "Vemos que los niños andan mejor vestidos, y muchos no comen en la escuela, sino en sus casas".

EMIGRAR Y ESPERAR. En el barrio Santa Catalina, Mauricio Lorenzo vivía en 2002 de changas de herrería y albañilería que se terminaron. Casado y con dos hijas, llegó a no tener plata para el ómnibus para acompañar a sus niñas a la escuela. No va más, se dijo. Un amigo que residía en Estados Unidos le ofreció entonces el dinero para emigrar.

Y allá está Mauricio, extrañando, pero con la "heladera llena" y sus hijas, de 15 y 12 años "hablan inglés perfecto" y "tienen una educación que nunca hubiera podido pagar en Uruguay".

Como Lorenzo, 26.000 uruguayos tomaron el mismo rumbo, una tendencia que se mantiene, pues en 2006 se fueron 17.000 y se especula con que el fenómeno sea estructural.

Acá y ahora, en 2007, el 23,4% de los hogares su ubica en los sectores altos (medio alto, alto medio y alto), el 55,2% en los bajos (medio bajo, bajo medio y bajo) y la clase media pura es minoría, con 21,2% de los hogares y según el sociólogo Riella, "está apretada, sin capacidad de generar un estilo de vida donde los otros se acojan".

Verónica Massonier, psicóloga, opinó que la sociedad está desde la década del `90 en un proceso de fragmentación. "Los sectores altos acceden a educación, opciones de tiempo libre y hábitos diferentes a los sectores bajos. Es el lento fin de aquella sociedad igualadora y la crisis profundizó el proceso", dijo.

Marcelo Roca está esperando. En 1999 fundó con 27 personas la cooperativa de vivienda Andamios, de ahorro previo. Lleva 8 años y el préstamo del Ministerio de Vivienda no salió. "Hay una posibilidad ahora con el Bandes", dijo y agregó que muchos abandonaron el proyecto: "algunos se fueron del país, otros se divorciaron."

A propósito, la vida siguió a pesar de la crisis. En 2002, se casaron 14.215 parejas y nacieron 60.313 niños, nada extraño porque se mantuvo la tendencia. Lo único que llamó la atención a la inspectora del Registro Civil, Diana Coito, fue la enorme cantidad de padres que entonces ponían de profesión "desocupado".

TRABAJAR Y EMPRENDER. Bazar La Tentación, Imponente el Gordo, las escobas Alonso y Mariño, Manzanares, Super Usa... 332 empresas entraron en concordato o fueron a la quiebra en 2002, cifra récord en la historia del país, al menos desde 1915, que se llevan las estadísticas.

De 224 concordatos, 90 llegaron a acuerdo con los acreedores pero a 2005, sólo 10 se estaban cumpliendo. "Lo bueno es que había comprensión de los acreedores para llegar a acordar y lo malo es que la plata para cumplirlos todavía no aparece", dijo el abogado Camilo Martínez Blanco, de la Liga de Defensa Comercial.

Otro récord fue el de desalojos. Entre enero de 2002 y marzo de 2003, la Justicia dictó 11.993. Pobreza, emigración, o tirarse a emprender fue la salida para la gente que expulsaba el sistema económico.

Algunas opciones fueron naciendo de la propia crisis. Patricia, de Lagomar, inició con otros un club de trueque que vivió su apogeo durante 2002; unos 15.000 uruguayos participaron de la red. Ahora, sin embargo, el dinero la ha corrompido y casi no funciona. "Empezaron a falsificar los vales de intercambio y a veces, los productos valían más que en el mercado verdadero", contó Patricia, que abandonó el proyecto hace dos años.

Ropa y demás artículos de segunda mano también vivieron su auge, con la diferencia de que aún mantienen su vigor. Valentina Stewart abrió "Segunda Casa" en julio de 2003, un local que vende todo lo del hogar usado, menos ropa. "Empecé con mis cosas, de mi madre y mi hermana. Yo me casé tres veces, así que tenía un montón para vender", contó. Después, la gente que se iba del país, o la que necesitaba dinero, empezó a llevarle muebles a consignación. Pasado el "boom" migratorio, a Stewart le sigue yendo bien y abrirá pronto su cuarta sucursal en Punta del Este. "Ahora, la mayoría de la gente trae las cosas no porque necesite para comer o porque se va del país. Son personas que se mudan o por sucesiones", indicó.

Los almacenes también tuvieron su empuje en la crisis. La gente no va a los supermercados cuando el bolsillo da sólo para lo básico. "En 2004, teníamos el 70% del mercado y ahora tenemos el 65%", dijo el presidente de Cambadu, Mario Menéndez.

Alfredo Cambón vive en Florida. Tenía un local de venta de muebles de jardín de origen italiano que cerró forzadamente en 2002. "Entraba más gente a vender que a comprar".

Uno le ofreció sahumerios. Practicaba una filosofía hindú que fue enseñando a Cambón y a su esposa, quienes se transformaron al vegetarianismo. "Abandoné tres cosas: cigarrillo, alcohol y carne".

También se quedó sin trabajo y pensó en irse a Italia, donde le ofrecían empleo. Sin embargo, en su propia casa estaba la alternativa. Aquel vendedor le pasó una receta para hacer milanesas de soja y gluten de trigo y a él se le ocurrió salir a vender a parientes y amigos. Así lo hizo, en una moto, en lo que fue el inicio de una expansión por todo el país. Ahora, se venden 4.000 bandejas de milanesas Sojamil por mes.

La dueña de Segunda Casa, Valentina Stewart, es optimista: "las crisis por algo son. Lo que en el momento uno ve que es un desastre, puede ser una oportunidad".

A Elisa Sánchez, en Salto, le están por rematar la casa. Por una deuda de 1.000 dólares que contrajo su marido a fines de los 90, el acreedor está encima de ella. A los 60 años, viuda, trabaja haciendo limpiezas y vive de 1.000 pesos de pensión. Ella también es optimista: "ojalá que el artículo que está escribiendo, sí sirve para solucionar este problema porque sino me quedo en la calle. ¿Usted qué cree? ¿Servirá?"

¿QUé cambiÓ? y ¿Qué aprendió de la crisis?

Daniel Soloducho - Empresario

Se tomaron decisiones que se podrían haber evitado, como la devaluación, que causó pérdidas a todo el mundo y llevaron a que la vida fuera distinta.

En lo personal, fue un momento muy duro, al igual que para todos, que desestabilizó a varios. Luego, el país se recuperó muy rápidamente, pero creo que la oportunidad de transformarlo en productivo se ha perdido porque el gobierno no hizo negocios que sí han hecho otros países.

De la crisis se ha aprendido pero no lo suficiente porque igual se cometen los mismos errores que antes, como tener problemas con la moneda y el poco valor agregado a nuestros productos.

En lo personal, aprendí a manejarme en casos extremos y en situaciones de la vida diaria, a tener más conciencia en general o a reflexionar más.

Gustavo Pérez - Presidente de AEBU

Me afectó al igual que a todos los uruguayos, porque hubo corte en la cadena de pagos, en toda la línea económica: industria, comercio. Todos tuvimos que achicar en algo las cosas. La crisis fue precedida por una devaluación fuerte de la moneda que cambió sustancialmente.

Hay secuelas que perduran como las empresas o las personas que se endeudaron y perdieron sus posibilidades de trabajo. De hecho, creo que en general no se volvió a la situación socioeconómica de antes. Puede haber sí algún sector que reacomodó su situación o le fue bien, pero el país en términos de Estado y estructura económica general, no.

La lección es que no puede pensarse en un trabajo o producción, sin un sistema financiero que lo posibilite.

Gregorio Pérez - Ex técnico de Peñarol

Me golpeó muchísimo, porque fui uno de los tantos afectados por la crisis y lamentablemente perdimos el fruto de un esfuerzo muy grande y de muchos años con mi familia. Jamás pudimos recuperar ahorros que teníamos acá, en el país.

A nivel general, uno de los cambios más sustanciales que perdura hasta hoy es que se fueron muchas personas y se vieron afectadas tanto empresas pequeñas como grandes y medianas. La crisis fue tal que hoy no se ve una luz que señale una recuperación de ese duro golpe que hemos tenido.

Además, la gente ya no tiene esa confianza que se tenía antes en el momento de depositar los ahorros y dormir tranquilos. Nosotros aprendimos a tener más recaudo con ese tipo de cosas por aquel esfuerzo que se perdió.

Claudio Paolillo - Periodista, escritor

Yo no tenía plata en los bancos, así que en ese sentido, personalmente no me cambió mucho.

A nivel de país, sin embargo, se perdió la confianza en el sistema financiero. Hoy, la mayoría de los depósitos de los bancos están a la vista. Van a pasar muchos años antes de que se recupere la confianza anterior a 2002. Aquel país que era una pequeña caja segura para una porción importante de depositantes de la región, ya fue. Se erosionó profundamente y no sé si se va a recuperar.

Las lección que dejó la crisis es que nunca, aún en el peor momento, hay que poner en juego la institucionalidad, porque si cae, viene el caos y la anarquía y se pone en juego la democracia y con ella, la libertad. Esa lección se aplicó en aquel momento.

Las cifras

11.993 - Número de desalojos dispuestos por la Justicia en 2002, según informe de Amnistía Internacional. Es récord histórico.

224 - Otra marca histórica: es la cantidad de concordatos presentados el año de la crisis. Las quiebras sumaron 108.

26.000 - Personas optaron por irse al exterior en 2002, la mayor cantidad que se tenga registro. En 2006, se fueron 17.000.

¿Por qué reinó la calma?

"A diferencia de Argentina, el sistema político uruguayo, gobierno y oposición, actuaron con mucha responsabilidad, particularmente el Frente Amplio. También AEBU y el resto de los sindicatos optaron por la calma. Un correlato de eso fue la actitud de la propia gente. Después que se levantó el feriado bancario había colas los primeros días en los bancos, pero nadie estaba desesperado, gritando, ni tirando piedras". (Claudio Paolillo, periodista y autor de Con los días contados).

"Los uruguayos tenemos conciencia de ser un país frágil. Nos sentimos a bordo de un barquito de papel y, cuando viene tormenta, tenemos que actuar de un modo responsable. En eso, somos lo opuesto de los argentinos. Ellos actúan como si creyeran que la Argentina es no sumergible. Nosotros sentimos que cualquier ola puede darnos vuelta. Eso nos hace responsables, pero también muy conservadores". (Pablo Da Silveira, filósofo)

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar