MARÍA INÉS LORENZO
La citología ginecológica evolucionó en forma importante en los últimos años, y Uruguay se encuentra a la par del resto de los países sudamericanos e incluso europeos, afirma la científica uruguaya Carmen Álvarez, quien fuera reconocida con un premio internacional por la prestigiosa Academia Internacional de Citología.
La médica-patóloga y docente es la primera latinoamericana en recibir tal galardón, muy prestigioso en el área académica mundial. Sólo se otorga cada tres años. "Fue una gran sorpresa", confiesa, y a su lado está el motivo de orgullo que reza: "por servir los intereses de la Citología como representante de la sociedad nacional e internacional, promoviendo los lazos entre la comunidad citológica americana y la Academia, y por su dedicación a la largo de su vida llevando la Citología a las áreas carenciadas del mundo".
Hace más de 40 años que la doctora Carmen Álvarez dedica su vida a estudiar a través de un microscopio las células que se encuentran tanto en el cuello del útero como en lo más profundo de la vagina, para detectaren, en etapas tempranas y curable, si esas células son malignas o no. Además, analiza e identifica la presencia de procesos infecciosos o inflamatorios en el útero, a la vez que diagnostica las distintas fases hormonales.
La académica ha realizado análisis clínicos a miles de uruguayas y, para ella, la evolución que ha tenido la Citología ginecológica por estos lares se puede observar desde diversos puntos de vista. "No sólo a partir de los avances tecnológicos y el diagnóstico en sí, sino también a nivel de los programas comunitarios de detección de la enfermedad", aclara.
Según la Organización Mundial de la Salud, casi 300.000 mujeres mueren por año como consecuencia de cáncer de cuello de útero. En Uruguay se diagnostican alrededor de 350 casos en ese mismo periodo, y mueren 150 mujeres por la enfermedad.
PREVALENCIA Y MÁS. El carcinoma uterino es la tercera enfermedad más frecuente que afecta a las uruguayas, luego del de mama y el de colon y recto, según la Comisión Honoraria de la Lucha contra el Cáncer.
La enfermedad se caracteriza porque no muestra síntomas físicos ni mentales. Por el contrario, "las lesiones precursoras del cuello uterino solamente se pueden detectar a través del test de Papanicolaou porque es de la única manera en la cual se puede saber si las células son normales o anormales, o si presentan algún cambio que indiquen la existencia de la enfermedad", indica Álvarez.
Otra de las particularidades del cáncer de cuello uterino es que se puede prevenir de manera muy fácil, ya que si se diagnostica a tiempo es 100 % curable. "Las mujeres deben realizarse controles ginecológicos por lo menos una vez al año. Como el desarrollo del mal lleva un proceso de aproximadamente una década, cuando el diagnóstico se hace en forma temprana, el cáncer se puede tratar sin complicaciones", explica.
Algo nada menor ya que si todas las uruguayas se realizaran con frecuencia controles, se disminuiría notoriamente la tasa de mortalidad en el país, asegura Álvarez.
Según un estudio realizado en 2004 por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales, sólo el 21% de las mujeres entre 14 y 29 años se hizo alguna vez el Papanicolaou, mientras que el 33% nunca fue al ginecólogo. El 60% de las mujeres entre 14 y 19 años tampoco realizaron consultas médicas.
¿POR QUÉ? Más de un 90% de los carcinomas uterinos y de sus lesiones precursoras se generan a partir del denominado Virus del Papiloma Humano (HPV), mayoritariamente transmitido por vía sexual, aunque también existen otras formas como el pasaje materno-fetal, a través del líquido amniótico, o la iatrogenica, la manipulación al realizar determinados procedimientos médicos con láser.
La mayor probabilidad de contraer HPV se da en mujeres menores de 20 años, cuando comienzan a tener relaciones sexuales. La enfermedad se genera cuando ese virus, que puede desarrollar alrededor de cien cepas, trae consigo las de alto riesgo, que son las que generan sobre todo el carcinoma escamoso, el más frecuente de los cánceres uterinos.
"Ese virus también tiene cepas de bajo riesgo. En el 90% de los casos que se detecta en jóvenes, por lo general, se trata de infecciones transitorias y banales que el organismo las recibe y al tiempo desprende", indica la experta.
De todas maneras, el riesgo de contraer el virus, que a la vez desarrolle el carcinoma existe, y es alto, y su pico de incidencia ocurre entre los 30 y 64 años, sobre todo en personas de nivel socioeconómico y cultural más bajo. "Realizarse el Papanicolaou es vital ya que, de detectarse alguna anomalía, puede curarse. Se habla mucho de la vacuna, autorizada en otros países, y que ha generado controversias. Es un importante avance científico, pero no es la varita mágica, ya que sólo ataca a cuatro de las cien cepas del HPV. En caso de autorizarse en Uruguay, no debe sustituir nunca el Papanicolaou".
Reducir como sea tasa de mortalidad
Desde enero de 2006 que la Comisión Honoraria de la Lucha contra el Cáncer (CHLC), junto con el apoyo del Ministerio de Salud Pública y la Facultad de Medicina, están llevando adelante un plan nacional para intentar localizar a todas las mujeres entre 30 y 64 años -etapa de mayor incidencia- y poder incluirlas dentro de un sistema de prevención.
El objetivo es reducir la tasa de mortalidad en Uruguay, lo cual no es un tarea nada sencilla. Como explica el médico Guillermo Rodríguez, de la CHLC, para lograr eso no sólo se necesita ubicar al 80% de la población, sino también informarlas sobre lo importante que es realizarse con frecuencia el test de Papanicolaou, y luego se debe hacer un seguimiento de cada caso.
Este tipo de trabajo comunitario ya se ha realizado en otros países y ha tenido bastante éxito.
Las cifras
300 Mil mujeres mueren por año como consecuencia de cáncer de cuello de útero, según la Organización Mundial de la Salud.
350 Casos detectados por año en Uruguay de mujeres con cáncer de cuello uterino. En ese mismo periodo mueren unas 150.
33% Porcentaje que representa la cantidad de mujeres uruguayas entre 14 y 29 años que nunca fue al ginecólogo.