En 2004, 17 hombres salieron de la selva paraguaya e hicieron lo que se conoce en antropología como "primer contacto": 502 años después de la conquista, estos aborígenes ayoreos nunca habían tenido vínculo alguno, ni remota noticia del mundo que habitamos el resto de los humanos.
Como este caso, se calcula que todavía existen cientos de tribus, unas 40.000 personas que no han tenido contacto con la civilización, según estimó la organización Survival International, dedicada a la protección de tribus aborígenes.
En geografía, ocurre lo mismo. En la era en que supuestamente el hombre controla de punta a punta el planeta, hay lugares que la especie nunca ha pisado: montañas aún no escaladas, cuevas sin explorar, desiertos no cartografiados e islas remotas, no invadidas por especies foráneas.
La revista científica New Scientist acaba de lanzar una campaña para descubrir "los últimos lugares del mundo", un llamado a la aventura sin plazo que conducirá a la exploración de los más recónditos rincones del planeta.
LO ÚLTIMO. Los ayoreos de Paraguay son hasta el momento el caso más reciente de "primer contacto".
Otra situación similar ocurre con los sentineleses, una tribu compuesta por unas 150 personas que se rehúsan al contacto. Viven en la isla Sentinel (India) y el año pasado mataron a dos pescadores que se acercaron a las orillas de su isla. Y en 2004, el gobierno hindú envió un helicóptero para evaluar los efectos del tsunami, pero fue recibido con flechas.
En cuanto a islas, el informe de New Scientist recuerda el caso de Bouvet, un minúsculo trozo de tierra cubierto con hielo en el Atlántico Sur. Es la isla más remota del planeta, pues la tierra más cercana está a 1.600 kilómetros y es otra isla inhóspita llamada Gough.
Desde su descubrimiento en 1739, pocas personas han pisado su suelo blanco y el único vestigio humano es una estación meteorológica automática.
Pero hay islas por descubrir. Con el calentamiento global, los hielos retroceden en el mar y ha aparecido tierra escondida. La última isla descubierta es Uunartoq Qeqertoq, hallada en 2005 en la costa oriental de Groenlandia.
Otras pueden emerger directamente a la existencia. El 9 de agosto de 2006, unos veleros que navegaban alrededor de Tonga (Este de Australia) fueron testigos de una erupción volcánica submarina del Home Reef, al Sur de la isla Late. Tres días después, la tripulación de la nave noruega pudo observar una isla que no figuraba en las cartas náuticas.
Pero no sólo el mar trae sorpresas; en tierra continental hay aún zonas de jungla, desierto, montañas o cuevas sin huella humana.
El máximo reto actual de los alpinistas es el monte Gangkhar Puensum, en el reino africano de Bután. A 7.541 metros de altitud, todos los intentos por escalarlo han fracasado y el gobierno de Bután prohibió, por razones religiosas, escalar a más 6.000 metros, así que la proeza deberá esperar.
En lo profundo también esperan los misterios. La cueva Take Voronya en Abjasia, en Georgia, es lo más parecido al acceso al centro de la Tierra que imaginó Julio Verne. Con una profundidad de 2.170 metros es la más extensa del mundo y se acaba de descubrir un nuevo pasaje que le agrega 30 metros, pero nadie llegó hasta ahí por ahora.
Incluso en tales condiciones es posible que haya vida. En realidad, son contados los lugares de la Tierra donde no hay ni un rastro de actividad animal, vegetal o bacteriana. Los clásicos son algunas regiones de los polos cuyas temperaturas llegan a los 80 grados bajo cero.
Pero ahora se descubrió otro "valle de la muerte". Es una zona llamada Yungay, en el medio del desierto de Atacama, el más árido.
Las rarezas son también culturales. Hay cientos de lenguas que están al borde de la extinción. El caso más grave es el del Tofa, un dialecto de ciertas zonas de la Siberia que solamente 25 personas saben hablar.
En unas montañas del sudoeste de China, un cada vez menor número de monjes que practican una religión animista todavía escribe y lee pictogramas. El sistema de escritura se llama dongba y ha sido usado durante 1.000 años para registrar y guiar la tradición religiosa de los naxi. La palabra "robo" es un ave en las garras de un águila.
El corazón, lo último que vaya a destruirse
Dentro de cinco mil millones de años, el sol se convertirá en una estrella gigante roja. Si no morimos antes, moriremos en ese momento porque no quedará nada del planeta Tierra. Pero, ¿cuál será el último sitio terrestre en destruirse?
La expansión del sol probablemente cambie la órbita de la Tierra, que se alejará cuanto pueda, pero no escapará del todo y nuestra temperatura llegará a los 3.000 grados. Luego el sol, miles de veces más grande que ahora, empezará a tragarnos. El termómetro marcará entonces medio millón de grados. Bastará sólo un año para evaporar a la Tierra. Lo último, la resistencia final será una concentración de hierro que yace cercana al núcleo terrestre. No será fácil evaporarlo; es el verdadero corazón del planeta, pero finalmente se apagará hacia la nada.