El clan Bachelet

Quizás, la presidenta vive su momento más duro. Francisca, su hija de más bajo perfil, sufrió una trombosis cerebral; ésta es la relación de dos mujeres que debieron acomodarse a los costos del poder.

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EL MERCURIO | A. INSUNZA Y J. ORTEGA

Faltaba poco para la medianoche cuando la Presidenta Michelle Bachelet apareció por fin en el hall del quinto piso de la Clínica Alemana. Una veintena de políticos la esperaba para solidarizar, luego que a las 14:53 horas (hace dos semanas), su hija Francisca fuera internada tras sufrir un desmayo, producto de una trombosis cerebral grave.

Bachelet saludó, después de acompañar a su hija por 8 horas, a puertas cerradas, junto a un equipo médico, mientras la joven de 23 años era sometida a exámenes y quedaba internada.

Bachelet transmitió el diagnóstico. Contó que a ratos Francisca despertaba consciente, tras haber sido sedada, y explicó que había participado en la búsqueda de antecedentes sobre un cuadro que afecta a 5 personas de entre un millón. "Es joven y fuerte; todo saldrá bien", dijo.

Varios se sorprendieron con su serenidad. Como doctora, tenía claro que los primeros instantes eran decisivos y que su hija podía quedar con secuelas permanentes. Bachelet siempre les ha dicho a sus cercanos que lo que más teme es que le ocurra algo a uno de sus hijos. "Éstos son los momentos en que uno se plantea dejar la política", le dijo a Soledad Alvear, cuando a mediados de 2003 la visitó en la Clínica Alemana. El hijo de la entonces canciller, había sufrido un grave accidente luego de caer de una moto, situación que lo mantuvo inconsciente durante días tras sufrir un Traumatismo Encéfalocraneano.

LA FAMILIA. En La Moneda, y en comparación con sus antecesores, Bachelet es la que más tiempo dedica a la familia. Reserva un día del fin de semana, para estar con sus tres hijos: el cientista político Sebastián Dávalos (29 años), Francisca (23), y Sofía Henríquez (14). Durante la semana, agenda algunas noches para comer y conversar con ellos. Las llamadas de sus hijos pasan directamente al despacho, incluso cuando está en reunión.

La mandataria está consciente de que sus hijos resintieron el peso de su responsabilidad. Cuando era candidata pidió no sobreexponerlos. Fueron convocados a escasas actividades de campaña: la que más apareció fue la menor, Sofía, mientras Sebastián y Francisca sólo se sumaron a los actos considerados indispensables.

Sebastián, el primogénito, es quien se acomodó mejor a la nueva vida. Como cientista político y funcionario de la cancillería, le gusta conversar con algunos de los amigos de su madre. De los tres, es el único que ha concedido entrevistas.

Francisca, en cambio, ha hecho grandes esfuerzos por mantener su bajo perfil. "Primero soy Francisca Dávalos y después soy la hija de la Presidenta", es una frase que ha repetido en la universidad, donde estudió Antropología y ahora es ayudante, mientras prepara su tesis sobre asentamientos urbanos y tomas de terrenos. Prefiere mantener distancia de la parafernalia del poder.

Quienes la conocen dicen que está lejos de ser la hija díscola de la gobernante, pues la apoya y está orgullosa de ella. Pocas veces habla del tema. Con sus compañeras del equipo de fútbol, sólo lo hizo durante la segunda vuelta presidencial, cuando su madre enfrentó a Sebastián Piñera. Luego de un partido, avisó que no podía quedarse, porque tenía que acompañar a Bachelet en el debate televisivo. Pero se considera apolítica, y es celosa de su individualidad. No le gusta ser "la hija de...". Según sus conocidos, siempre fue de bajo perfil.

CELULAR Y ESCOLTA. "La Pancha divide su vida personal de la protocolar. Está consciente de su responsabilidad, pero no mezcla", dice una amiga.

Tímida y con carácter reservado que contrasta con el de su madre, se molestó mucho cuando en 2006 apareció en la portada de un diario jugando fútbol. Como pocas veces, sus amigas la vieron enojada.

Un hito la marcó: en agosto de 2005, en plena contienda presidencial, chocó manejando ebria. "En ese momento, entendió que podía afectar a su mamá", recuerda una persona cercana. Y agrega: "Decía que si hubiese chocado Juan Pérez, no le importaría a nadie". Con sus amigos, se mostró arrepentida.

A Bachelet, en cambio, lo que más la inquietó fue cómo ese episodio marcaría a Francisca. Se quejó por el amplio despliegue de prensa.

Hasta ese momento, Francisca había prescindido de escolta policial, y se había negado a usar celular. Tuvo que ceder: hoy una funcionaria de Carabineros de nombre Rita la acompaña. "Rita, la que irrita", es la broma que se escucha .

Aunque no dejó de hacer actividades que le interesan, como trabajar en un preuniversitario en una población de escasos recursos, se ha convertido en un apoyo para su madre. Como su hermana Sofía está en la adolescencia, Francisca actúa como nexo entre la niña y Bachelet. "Tiene claro que debe ayudar a su mamá. Se preocupa de la Sofi. Está consciente de su rol y es súper responsable. Hay cosas que no le gustan, pero las asume y no dice nada", cuenta una de sus amigas.

Cuando Bachelet se impuso en la segunda vuelta, y los amigos de Francisca celebraban en la Alameda, afuera del Hotel Plaza San Francisco, la llamaron por teléfono para que los acompañara. "En vez de retarnos, por desubicados, nos dijo que lo sentía, porque asistiría a un cóctel en el hotel", agrega la misma consultada.

Al finalizar 2006, cuando su familia se aprestaba a pasar las primeras fiestas de fin de año con Bachelet en el poder, viajó junto a sus amigas fuera de Santiago. Pero el 31 de diciembre, se trasladó a Cerro Castillo. "Mi mamá me necesita allá", les dijo.

Mujeres a su lado

Bachelet no estuvo sola en estos momentos. Un pequeño grupo de mujeres que conforman su círculo más estrecho, y que se ha mantenido intacto desde la campaña, se convirtió en su principal apoyo: su madre, Ángela Jeria; su asesora más cercana, María Angélica Álvarez; y su mejor amiga, Estela Ortiz, directora de la Junji. Al igual que Bachelet, las tres han sufrido golpes y se han hecho cargo de sus familias sin sus cónyuges. Las tres son de izquierda y comparten una marcada reivindicación de género. Con ellas, la Presidenta puede demostrar su malestar, cansancio y desazón.

El espíritu militar de la presidenta

La Presidenta pasó el más delicado momento de la trombosis de su hija acompañada sólo por su familia. El domingo, Francisca Dávalos jugó fútbol en su equipo, el Juangó, en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile. Compartió un rato con sus compañeras, comió una manzana y regresó a su casa. Fue mientras se duchaba cuando se desmayó, desatando la emergencia. Sin perder tiempo, Bachelet la trasladó a la Clínica Alemana, acompañada de Diego, el novio de la joven.

La situación más compleja se produjo después que Francisca fuera sometida a un scanner cerebral. La muchacha salió con el rostro demacrado. Sufrió repentinas convulsiones epilépticas que aumentaron la preocupación de su madre. Quienes acompañaron a la familia aseveran que se trató del peor momento. Pero enseguida la Presidenta empezó a colaborar con el equipo médico.

La situación recordó a la ocurrida cuando en mayo de 2001 murió su hermano mayor, Alberto, víctima de un ataque cardíaco en Estados Unidos. Bachelet era ministra de Salud y su prioridad fue obtener visas y pasajes, para viajar junto a su madre al funeral. Sólo lloró al tiempo, cuando en una ceremonia se le acercó una vieja amiga de su hermano para preguntarle por él.

Ahora, ha debido conciliar su rol de Estado con el de madre. Suspendió el comité político del domingo y el lunes siguiente, y un viaje a Aisén agendado para el mismo día. Pero instaló una oficina en una habitación contigua a la de su hija y participó en una actividad pública a los dos días. Además, viajó a los cuatro días a Bolivia, sólo por la jornada, para participar en la Cumbre Andina de Naciones (CAN), y reunirse con el presidente de Perú, Alan García.

Si bien pasó el momento más crítico, en su entorno aseguran que la emergencia está lejos de superarse. El médico presidencial José Miguel Puccio optó por "sincerar" el pronóstico, enfatizando que Francisca aún estaba grave, pero estable.

Quienes conocen a Bachelet señalan que antepone su "sentido del deber, muy militar". "Está muy afectada, pero ella es de una estructura bien curiosa: es de las que saca fuerzas cuando las cosas están mal", afirma un colaborador.

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