THE NEW YORK TIMES | BAGDAD
El corriente año se ha convertido en el más sangriento para los empleados de empresas contratadas por el gobierno de Estados Unidos que realizan diversidad de trabajos en Irak junto con las Fuerzas Armadas. En el primer trimestre, murieron 146 empleados, lo que hizo ascender el total a 917, mientras 12.000 sufrieron heridas de diversa magnitud, en zonas donde se libran combates o desempeñando tareas en otras áreas inseguras del país. Las cifras muestran cómo las personas que trabajan para empresas contratadas -estadounidenses, iraquíes y de otros 36 países- son bajas, en gran medida ocultas, de la guerra y corren creciente peligro junto con soldados e integrantes del cuerpo de Marines, tanto en los alrededores de Bagdad como en las zonas donde están los destacamentos militares mas pequeños. "Los insurgentes buscan los blancos más blandos y por eso han optado por atacar a los contratistas", indicó Lawrence J. Korb, quien se desempeñó como subsecretario de Defensa en el gobierno del presidente Ronald Reagan. "Estados Unidos está actuando con mayor agresividad y el aumento de muertos entre los contratistas es proporcional".
Choferes de camiones y traductores constituyen el número principal de muertos, aunque también aparecen en aumento las bajas entre especialistas de empresas contratadas. Dos ejemplos son elocuentes: un experto en desmontaje de bombas, oriundo de Massachusetts, fue atacado con explosivos y murió al instante. Una mujer, oriunda de Georgia, que trabajaba como coordinadora, perdió la vida en un ataque con misiles.
BAJO FUEGO. Donald E. Tolfree (h), un camionero de Michigan, fue asesinado, en febrero, mientras conducía el vehículo de retorno al campamento militar estadounidense situado en el Norte de Bagdad. Su hija, Kristen Martin, de 23 años, dijo que las autoridades del Ejército le informaron que fue baleado por error, por un soldado estadounidense, que estaba confundido de la misión que tenía el camionero. El caso está bajo investigación por parte del Ejército.
Martin se quejó por la dualidad de criterios, debido a que se trata diferente a los contratistas que a los soldados que mueren. "Si algo le pasa a un militar, se sabe de inmediato", afirmó. "La bandera flamea a media asta y hay una actitud general de respeto. De los contratistas, no se dice nada". Reveló que tuvo que esperar tres semanas para que la entregaran el cuerpo de su padre.
El senador republicano por Arizona, John McCain, quien apoyó el refuerzo de soldados de Estados Unidos en Irak, consideró que las bajas entre empleados de las empresas contratadas son un síntoma de un fracaso mayor para enviar suficientes tropas y dar seguridad a lo largo de Irak. "Ponemos a esas personas en peligro como nunca pensaron enfrentar, debido a que no damos seguridad". El diputado demócrata por Pennsylvania, John P. Murtha, admitió que está consternado por el número de muertos entre los civiles de empresas contratadas.
Está vivo sólo por milagro
Gordon Dreher, de 48 años, quien trabajó como conductor de camiones cisterna que abastecían de combustible a los soldados de Estados Unidos en Irak, relató que los choferes enfrentan permanentes ataques de los grupos insurgentes. "Me han disparado con armas de fuego, volado el camión con explosivos e hicieron estallar una bomba por control remoto muy cerca del camión. Perdí gran parte de la capacidad auditiva y sufrí lesiones en la columna", dijo Dreher, quien será operado en Estados Unidos.
Una ruta explosiva
"La situación es cada vez peor. Mientras estuve allí, se hacía cada vez más difícil trabajar", señaló Mark Griffin, conductor de camiones, de 53 años, quien retornó de Irak en noviembre. Cumplió misiones de abastecimiento de las bases militares, en la provincia de Anbar. Recordó que a fines de 2006, al salir escoltado por Marines, encontraba entre 20 y 30 bombas colocadas en las rutas. "El peligro seguía aumentando y sufríamos daños enormes. Los artefactos explosivos operados desde la distancia eran potentes", comentó.