Poderosa filántropa mundial

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EL MERCURIO | GERMÁN ROMERO H.

Melinda miró a su marido, Bill Gates, y le lanzó la siguiente pregunta: "¿Qué podemos hacer?". La mujer del hombre más rico del planeta había terminado de leer un reportaje sobre las enfermedades que causan la muerte de millones de niños. Y estaba impactada. La preocupación daba vueltas dentro de su cabeza, luego de un viaje a Zaire donde conoció la realidad de las personas que viven ahí. Y supo que tenía que hacer algo por ellos.

"África me ha cambiado para siempre", fue lo primero que dijo a su regreso. En enero del año 2000 materializó esa preocupación a través de la Fundación Bill y Melinda Gates, a la cual se le destinan más de 29 mil millones de dólares y cuyo rostro principal es Melinda, quien a partir de entonces se convirtió en una poderosa protagonista de la solidaridad y del emprendimiento social.

Este año en el Foro Económico Mundial, Melinda Gates fue la estrella. En Davos 2007 su conferencia sobre los microcréditos llegó a tener los asientos sobrevendidos. La esposa de Bill Gates habló de los programas de inmunización, de la necesidad de que la ayuda a África llegase a tiempo y de darle un nuevo énfasis a la educación.

Desde la creación de su fundación, Melinda se ha esforzado por acotar los problemas globales de salud y luchar porque las bibliotecas del mundo tengan acceso a Internet.

La labor de la fundación se centra en cuatro áreas: salud, educación, acceso a Internet y ayuda a familias necesitadas. Dentro de éstas, los principales esfuerzos de Melinda se centran en la salud, sobre todo en aquellas enfermedades que afectan principalmente a África.

En el área salud, la Fundación Gates ha aumentado notablemente su presupuesto para combatir la malaria, impulsando el desarrollo de una vacuna, de fármacos y de métodos de prevención. Pero la lucha contra el sida es el principal bastión que ha acompañado desde su inicio a la organización de Melinda. Encontrar una vacuna y distribuirla en el mundo es su principal sueño. "Es una ocasión para entregar luz en las esquinas oscuras de un mundo con sida y malaria", dijo en una entrevista reciente.

Hace años que Melinda colecciona importantes premios. En 2005 la revista Time la eligió como Personaje del año junto a su marido Bill Gates y al líder de la banda U2, Bono. La Revista Forbes la colocó en el puesto diez del ranking de las mujeres más poderosas del mundo y The Wall Street Journal la puso en el primer lugar de su lista de mujeres que tendrán un gran impacto en el mundo de los negocios en los próximos años.

UNA VIDA SIN PRETENSIONES. Melinda French Gates nació el 15 de agosto de 1964 en Dallas, Texas. Entró a estudiar al colegio religioso Academia Las Ursulinas, donde fue la mejor alumna de su clase.

Años más tarde ingresó a la prestigiosa Universidad de Duke, donde se licenció en Informática y Economía, grado que luego complementó con un Master en la escuela de negocios de la misma universidad.

En 1987 entró a formar parte del equipo de ingenieros de Microsoft donde se ocupó del desarrollo de algunos productos multimedia como la enciclopedia Encarta y la guía cinematográfica Cinemanía.

Se sabe que su relación con Bill Gates se inició en los pasillos de las oficinas de Microsoft. Salieron juntos varios años y él, en un viaje a California, le propuso matrimonio.

"Si no fuera por ella, quizás nuestra fundación no existiría", ha señalado Bill, quien reconoce y admira la espléndida carrera que tenía Melinda en Microsoft. En 1994 se casaron y su esposa continuó trabajando en la empresa hasta 1996, año en que nació su primera hija.

En ese momento Melinda abandonó su puesto de prestigiosa ejecutiva de Microsoft para dedicarse por completo a su familia. Según sus propias palabras "quería tener una vida normal".

Desde entonces su labor de madre y esposa la ha combinado con su trabajo solidario, el cual realiza desde que estaba en el colegio.

MUJER RESERVADA. A diferencia de su marido, Melinda Gates no da entrevistas. Son muy pocas las ocasiones en las que habla con la prensa.

Durante sus primeros nueve años de matrimonio evitó agendar reuniones con periodistas y, cuando lo hizo, fue exclusivamente para hablar de su organización. Porque si hay algo que cuida muy celosamente es su privacidad y la de su familia.

Melinda quiere que sus hijos se desarrollen como cualquier adolescente americano y al parecer lo está logrando. "Mis hijos tienen muchos amigos, una familia grande y muy unida. Hemos logrado que crezcan en un ambiente lo más normal posible", declaró en las escasas oportunidades que ha conversado con los medios.

Bill y Melinda viven en Medina, Washington, junto a sus tres hijos: Jennifer Catherine de once, Rory John de siete y Phoebe Adele de cuatro años. En aquella ciudad, cerca de Seattle, no es raro ver a Melinda en el supermercado haciendo las compras, en reuniones de padres o recogiendo a sus hijos del colegio.

"Trato de mantener un estilo de vida nada pretencioso" ha declarado. Tanto así que disfruta de sus fines de semana haciendo puzzles en compañía de su millonario esposo.

Desde el inicio de la fundación Melinda se ha volcado por completo a ella. "Siento que tengo el rol de dar una cierta voz a los sin voces", dijo en una oportunidad a la revista Time.

En el sitio web de la organización se encuentra publicada una carta escrita por Melinda y Bill donde explican que se espera mucho de aquellos que han recibido en abundancia: "es por esto que sentimos la enorme responsabilidad de devolver una parte de esos beneficios a la sociedad".

Cada año son miles las vidas que salvan gracias a los programas de vacunación que han implementado a lo largo de todo el mundo. Asimismo, más de once mil bibliotecas alrededor del planeta fueron favorecidas con sus programas de ayuda tecnológica.

FORTUNA. Si hay algo que destacan quienes conocen a Melinda Gates es la manera en que se involucra con los temas que trata. Más de una vez se ha sentado a comer con familias de África y en numerosas oportunidades se le ha visto jugando y atendiendo a niños contagiados de sida.

Pero Melinda Gates va mucho más allá. En más de una ocasión ha señalado que no descarta destinar el grueso de su fortuna -unos 47 billones de dólares- a la fundación, ya que considera que sería un gran daño dejarles todo ese dinero a sus hijos.

"A medida que mis hijos vayan creciendo me comprometeré más con la labor de la fundación", confesó recientemente la reservada Melinda, quien no oculta sus deseos de dedicarse por completo al trabajo solidario.

La esposa de Bill Gates no camina detrás de su esposo. Por el contrario, cada vez da pasos más fuertes en el mundo de los negocios y se ha transformado en todo un referente de la filantropía a nivel mundial.

Gates se "graduó" en Harvard, tras 30 años

Después de 30 años de abandonar la universidad, el poderoso magnate de Microsoft recibió la semana pasada su ansiado título de Harvard. Justamente, Bill Gates dejó los estudios para dedicarse por completo al negocio del software. "Reconocemos al miembro más ilustre de la clase 1977 de Harvard que nunca se graduó", explicó el rector de la institución, Steven Hyman. Por su parte, Gates aseguró estar arrepentido de haber abandonado los estudios "sin conciencia de las horribles desigualdades en el mundo, las horribles disparidades en salud y riqueza y oportunidades que condenan a millones de personas a vidas de desesperación". Y exhortó a los estudiantes a utilizar su potencial para el combate de la gran pobreza que asuela al mundo.

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