MARTÍN FABLET
Ser un arbiter elagantiarum es cosa brava. Determinar que es buen gusto y que no, es tarea de algún iluminado que a lo mejor aún no ha nacido. De todas maneras, si me permiten quisiera compartir pareceres respecto a esa pujante industria cuasi siniestra (en algunos casos clandestina), de embalsamar cadáveres humanos para exhibirlos por el mundo.
Hace unos años estuve cerca de Dalian, ciudad costera e industrial china. Muy próximo, se encuentra un sitio que sólo puede definirse como una moderna fábrica de momias. Dentro de una serie de edificios anónimos, cientos de trabajadores limpian, cortan, diseccionan y vuelven a ensamblar cadáveres, con el fin de prepararlos para el mercado internacional de las exposiciones sobre el cuerpo humano. En un taller, unos 50 licenciados en medicina trabajan con los muertos; extraen la grasa de los cadáveres y la sustituyen por un fluido plástico. Luego, los colocan en posiciones sentadas o de pie y les obligan a hacer cosas como si estuvieran vivos, como sostener una guitarra o adoptar postura de ballet. (Les recomiendo visitar www.bodiestheexhibition.com).
El padre de esta macabra industria es Gunther von Hagens, un científico alemán de 63 años conocido como el Walt Disney de la muerte, cuya exposición Mundos corporales convocó el interés de al menos 20 millones de personas en los últimos 10 años. La recaudación por la exhibición de cadáveres conservados, sin piel y con todos los músculos y tejidos a la vista es de 200 millones de dólares.
Como era de imaginar muchos chinos se coparon al ver el resultado de la exposición y han abierto al menos 15 "fábricas" de cuerpos. Estas florecientes Pymes reciben encargos constantes desde Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. La gran demanda entre los productores de exposiciones generó acusaciones de robo de derechos, competencia desleal y lo que resulta dramático, tráfico clandestino. El gobierno chino preocupado por la situación, dictó en julio del 2006 nuevas normas que prohiben la compra o venta de cadáveres.
Curiosamente Premiere Exhibitions, empresa dedicada a muestras de todo tipo pagó el año pasado 25 millones de dólares a las Pymes chinas a fin de asegurar el constante flujo de cadáveres conservados para su exposición Bodies... The Exhibition (hoy está en el Tropicana de Las Vegas). Según su manager, Arnie Geller, las restricciones no afectan al desarrollo de las exposiciones ya que el contrato con los proveedores chinos es previo a las normas. Pero ese brillante negocio está bajo la atenta mirada de los gobiernos involucrados. Al pagarse tan bien los fiambres para exponer, la materia prima (o sea nosotros), se encuentra en alza. Por eso el gobierno chino refuerza controles. El problema parece ser el origen de los cadáveres. Premiere asegura que utiliza cuerpos sin dueño, donados a Medicina y dice que son calumnias el inferir su preferencia por presos ejecutados, o fallecidos por causas no naturales.
La cosa parece no estar clara. No solo debemos cuidarnos de que no nos afanen un órgano, sino que también ahora corre peligro todo el cuerpito. De todas maneras, para von Hagens, el arte es secundario a su objetivo. La idea es popularizar la ciencia, la medicina y el propio cuerpo humano, no importando si eso es morboso. "Es una muestra de anatomía basada en cuerpos humanos reales. aprendemos sobre la función de los órganos y las enfermedades; es lo que llamaría nuestra cara individual interna"
Personalmente no creo que esos anatomistas estén debidamente justificados; no me llevo el valor pedagógico, más viendo lo que facturan. Probablemente en el centro de esa desconfianza se encuentre la atávica idea de la unión indisoluble de cuerpo y alma, tan necesaria para construir la imagen y dignidad del individuo.