GABRIELA VAZ
No se puede establecer con claridad qué fue primero, si la guerrilla o la represión". No hizo falta más. La frase del historiador Carlos Demasi instaló, a mediados del año pasado, un debate inmediato en la opinión pública. El profesor era parte del equipo al que las autoridades de Secundaria encargaron redactar la Historia del Uruguay en la segunda mitad del siglo XX, por lo que la oposición puso el grito en el cielo: Demasi no estaba calificado para la tarea. "Concepción ideológica sesgada", arguyeron.
La polémica estaba servida: ¿era posible enseñar historia reciente sin tintes políticos? Opiniones no faltaron, pero el tema parece inabarcable. ¿Puede un historiador escribir la historia de su tiempo? ¿Cuál es la perspectiva necesaria para ser objetivo? ¿Acaso la historia es imparcial?
Algunas respuestas las dará a partir de mañana el experto chileno Ángel Soto en el seminario sobre Historia y tiempo presente, que brindará en la Universidad de Montevideo.
La propuesta llega porque la elaboración de la historia contemporánea es toda un área de debate para los profesionales en la materia. La historia, tomada como la que vive quien la narra, más allá de la convención de origen francés que entiende como contemporáneos los hechos ocurridos en los dos últimos siglos, comenzando en la revolución de 1789.
¿Por qué? Podrían esgrimirse dos motivos principales. Por un lado, el compromiso emocional con acontecimientos que están sucediendo y quizá hasta afectando la vida del historiador, y por otra parte, la indefinición: la historia que se está escribiendo en ese momento no concluyó, y no se sabe cómo cerrará.
Es por ello que aún hoy persiste la costumbre de reservar las opiniones sobre episodios actuales al periodismo, las ciencias sociales o la política. De hecho, indica Soto, la historia del presente no concede entre los pares el prestigio profesional académico que confiere la investigación del pasado más remoto.
Pero además del compromiso afectivo y la ausencia de epílogo, muchos ponen en duda la factibilidad de escribir una historia de los hechos recientes con otros argumentos. La dificultad para consultar archivos, la inmensidad e inaccesibilidad de documentos y la necesidad de construir las propias fuentes, la falta de objetividad debida a la inexistencia de distancia temporal o el posible uso político de los hechos, que al relatarlos pueden servir para legitimar el poder o para justificar las pretensiones de su sustitución, son más impedimentos manejados.
Sin embargo, el profesor Ángel Soto, quien se ha dedicado al estudio de la historia de América Latina, en la segunda mitad del siglo XX, reivindica el análisis del presente. "Basta con pensar en aquel historiador que en 2055 escriba sobre los primeros 50 años del siglo XXI. Si lo hace con las metodologías actuales, dejará fuera buena parte de lo sucedido".
-¿Por qué importa debatir sobre el trabajo del historiador?
-Hablar sobre ello es preguntarse sobre el sentido de la historia misma. Cuál es su objeto y por qué la estudiamos; es la cuestión que nos lleva a una reflexión sobre nuestra calidad de vida actual, al permitirnos saber cómo hemos llegado a ser lo que somos. Es preguntarse sobre los orígenes y entender dónde estamos. Una suerte de comprender el presente por el pasado y el pasado por el presente, al decir de Marc Bloch.
-Desde el punto de vista de su trabajo, ¿la historia termina en algún momento?
-La posibilidad de historiar el presente para muchos resulta contradictoria, ya que la mayoría sigue pensando que el objeto de estudio de la historia es el pasado, lo que es un error, pues al centrarnos en el hombre lo hacemos en el tiempo, con la dimensión temporal que implica. La historia del presente o `historia vivida`, como me gusta llamarla, se centra en lo que está vivo e inconcluso, en un diálogo permanente con otras ciencias sociales. Por eso es tan importante la mirada a nuestra región, como la que da el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Montevideo. ¿En qué año acaba la historia? No acaba, se está haciendo cada momento.
-¿Puede un historiador escribir sobre hechos que está viviendo? ¿No es necesaria cierta perspectiva?
-Ciertamente. Ya lo hicieron los mismos padres de la historia: Heródoto, Polibio, Tucídides. Escribieron lo que vieron y oyeron con sus propios ojos y oídos. ¿Perspectiva? Si ésta fuera sinónimo de objetividad: ¿cómo entendemos las luchas en torno a la revolución francesa o el descubrimiento de América, por ejemplo? Si nos faltan datos, método e interpretación, la perspectiva es una cuestión menor dentro de los muchos factores que intervienen en el trabajo del historiador.
-¿Es posible ser objetivo?
-La historia no es objetiva, si lo que vamos a entender por tal es la distancia y el pretender estar a bien con todos. El historiador debe apuntar a buscar la verdad. ¿Cómo? Con las fuentes. No ha de importarle la popularidad ni mucho menos ser políticamente correcto. Se es objetivo en la medida que se es verdadero y no cuando usamos la historia para fines que son ajenos a ella misma.
-Entonces, ¿el historiador no tiene fecha límite para realizar sus investigaciones?
-Yo creo que el historiador no debe enmudecer. Por el contrario, en forma permanente debe estar levantando su voz, desde el presente, mirando al pasado y a su propio tiempo. Le es plenamente legítimo y necesario participar en ese debate. El historiador mira al hombre en el tiempo, y por lo tanto debe hacerlo en la perspectiva temporal que ello significa. La historia se está haciendo en cada instante, y con la historia del presente o vivida lo único que buscamos es rescatar la coetaneidad perdida por la historia contemporánea, permitiendo la simultaneidad entre el hecho vivido y el hecho narrado.
Seminario y lanzamiento en la UM
A partir de mañana se realizará en la Universidad de Montevideo el seminario Historia y tiempo presente, a cargo del historiador y máster en Ciencias Políticas Ángel Soto Gamboa.
El investigador chileno, que se ha dedicado fundamentalmente al estudio de la historia de América Latina a partir de la segunda mitad del siglo XX, con especial énfasis en los temas de democracia y mercado, es profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes, en Santiago de Chile, donde también coordina el programa de Estudios Latinoamericanos y dirige el Centro de Investigación de Medios y Sociedad.
Entre varios textos, Soto publicó el año pasado el libro El presente es historia, donde plantea la discusión acerca de cómo la pretensión de historiar el presente puede resultar para muchos algo contradictorio.
Ese será el tema del seminario que brindará mañana, martes y miércoles de 18.30 a 21.30 horas.
A su vez, en ese mismo marco, el martes a las 19.30, será el lanzamiento del Instituto de Investigación en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Montevideo, que estará a cargo del rector Mariano Brito y el propio historiador Ángel Soto. Por más información, consultar al 707 4461 o en la casilla comunicacion@um.edu.uy