LIL BETTINA CHOUHY
Que se nos va la Pascua, mozas, que se nos va la Pascua…" No hay duda se nos va. Aunque despedirla cueste angustia, dolor a mozas y mozos. Podemos reconocer con alegría que algunos lo hacen con garbo y estilo. Los ejemplos abundan, no está mal recordarlo en un mundo que por cierto no glorifica lo que el tiempo hace con nosotros.
Estamos lejos de los presuntos sabios, gerontes de la antigua Grecia, por más que el diablo sepa más por viejo que por diablo la cosa queda en el refrán. A menudo lo que se hace por viejo es una atadura que nos vuelve retrógrados, intolerantes, poco comprensivos. Es verdad, también que quienes tienen la piel tersa, la carne firme y el salto fácil desconocen que esto no es un mérito sino apenas un dato del calendario que dura poco.
Los múltiples y maravillosos artilugios que las industrias más poderosas del mundo ponen en práctica son útiles y bienvenidos pero no alcanzan. La gravedad y la genética tienen viento a favor. Por suerte con lo que viene de adentro, que prescinde de estos asuntos, muchos hacen milagros.
La talentosa Judi Dench nos muestra como se puede ser espléndida y convincente diciéndonos aquí estoy, envejezco, resisto, en esa patética mujer de Bienvenidas al paraíso, seductora, deslumbrante a la hora de mantener estilo, garbo, sabiduría.
A la salida del cine nos encontramos con innumerables ejemplos de sesentones y setentones que siguen adelante, atentos, curiosos, desafiando el frío, buscando historias y fantasías en una sala oscura.
Cursos, grupos, boliches, librerías, teatros reciben a diario miles de abuelas, a menudo solas despidiendo la Pascua, con buen talante, humor y mucha energía.
En una fábrica reciclada como escuela, en una cooperativa del partido de San Martín en Argentina, Oscar de 82 y Raquel de 75 van a sentarse tres veces por semana a sus bancos, junto a jóvenes y chiquilines, aprendiendo con alegría. A Raquel sobre todo le gustan las matemáticas, "nos viene bien ir a la escuela porque de una a cinco se duerme la siesta, se pierde el tiempo, se pierde la vida."
Es cierto ya no viajan, ya no pueden muchas cosas…. pero aquí en la escuela los fantasmas se alejan. "Ahora es tiempo de estudiar, de pensar ya que el físico no da para otras cosas".
Hace 57 años que están casados y no quieren asignaturas pendientes con la vida; tratando de arrollar la realidad, Raquel sueña: "no me va a dar el tiempo pero a lo mejor puedo hacer una carrera".
Angelina y José Francisco, aquí entre nosotros, festejan setenta años de casados, las bodas de platino. Él tiene 95, ella 94, tan campantes se sienten felices y en estos tiempos de fugacidad, siguen apostando a la permanencia más allá de todo.
José Saramago, premio Nobel de literatura, celebra sus 84 recordando su infancia en sus Pequeñas memorias acunado en el amor de su joven esposa Pilar, impenitente pesimista a propósito de la condición humana, dice triste y bellamente desde su casa de Lanzarote: "mañana estará el mar, el olivo, la silla donde estoy sentado pero no estaré yo". Es verdad; mientras tanto, alto, elegante, delgado y lúcido sigue pensando y escribiendo. Muchos, muchos otros, en los más diversos paisajes viven, resisten, disfrutan la Pascua, al fin y al cabo no es más que un pasaje.