LA NACIÓN | LONDRES
A las 4 de la mañana, tras una movida noche de baile con odaliscas traídas para la ocasión desde Kuwait, un joven banquero londinense ofreció pagar con su tarjeta de crédito la cuenta de 30.000 dólares que había costado la velada en Pangaea, un club exclusivo para adinerados en el tradicional barrio de Mayfair. Cuando vio que la autorización electrónica del banco se demoraba más de lo que estaba dispuesto a esperar, con un chasqueo de los dedos llamó la atención de un amigo que, con la misma naturalidad que requiere pasar un salero a otro comensal en una mesa, ofreció su propia tarjeta sin siquiera echarle una mirada al recibo.
Mark Alexiou, copropietario del establecimiento, asegura que escenas como éstas son "habituales" en su club, notorio por haber sido el lugar donde el príncipe Harry propinó una trompada a un curioso fotógrafo. Pangaea abrió sus puertas hace dos años para ofrecer "felicidad y confort" al creciente número de privilegiados que han escogido esta ciudad como sede de trabajo y de divertimento. Desde entonces, Alexiou asegura que recoge ganancias semanales de hasta 120.000 dólares, lo que no es de extrañar cuando una botella de champagne Cristal cuesta allí 18.000 dólares.
Londres se ha convertido en la capital de los hipermillonarios (megarich) aquellos a quienes el término "millonario" o " muy rico" les queda corto porque son capaces de ganar cientos, y hasta miles de millones por año. El nuevo status preocupa a Nueva York -hasta ahora considerada como el eje del universo financiero-, que, según un informe encargado por el alcalde Michael Bloomberg y el senador Charles Schumer, se ha visto desplazada a raíz de la creciente regulación de los mercados financieros y lo estricto de las normas inmigratorias.
EXTRANJEROS. La mayoría de los privilegiados en Londres son extranjeros (rusos, árabes, indios, franceses, italianos y norteamericanos) atraídos por la benigna política fiscal británica que excluye a aquellos con domicilio oficial fuera del país (dicen ser residentes en paraísos fiscales como Mónaco) y favorable al comercio de "bienes intangibles", como los derivados financieros o bursátiles (derivatives) y los fondos especulativos (hedge funds). Pero un creciente número de británicos se están sumando a sus filas gracias al boom del sector financiero. (ver nota aparte)
Los vaivenes de la actividad financiera implican llevar un particular tren de vida porque entre los nuevos adinerados persisten las jerarquías.
El actor Hugh Grant, por ejemplo, puede considerarse rico, pero tiene que pasar buena parte del verano en el yacht del modisto de alta costura Valentino, recientemente tapizado con cashmere por 7 millones de dólares. Y la nave tampoco le pertenece a él, sino que la alquila a la familia Getty.
Unos y otros han creado una verdadera bonanza en el sector de la "industria del lujo" que va más allá de los tradicionales sectores de la alta costura y la joyería. La firma Oxford Philantropic, por ejemplo, se encarga de colocar donaciones en nombre de los ricos que no tienen tiempo para escoger sus propias obras de beneficencia. Clubes exclusivos como Quintessentially satisfacen hasta el más disparatado capricho de sus miembros durante las 24 horas, los 365 días del año. Entre los más insólitos pedidos que han concretado figuran una torta con forma de trompa de elefante decorada con rubíes y esmeraldas; tres réplicas del vestido que Jennifer López lució en la última edición de los Oscar (6000 dólares cada uno) y un salto en paracaídas sobre las cataratas Victoria en la frontera entre Zimbabwe y Zambia. Ahora, el club está abocado a resolver el dilema creado por dos clientas que insisten en comprar el ajustado traje de baño azul que vistió el actor Daniel Craig en Casino Royale, la última película de James Bond.
La presencia de los hipermillonarios también revivió un ramo que parecía en vías de extinción: el de los servicios de mayordomos, empleadas domésticas, choferes y jardineros. La agencia Massey, especializada en ese tipo de contrataciones, registró un incremento del 50% en la demanda durante los últimos dos años.
Desigualdad crece en la ciudad rica
Un estudio de la Oficina de Estadísticas acaba de confirmar una pronunciada ampliación en la brecha entre ricos y pobres en Gran Bretaña.
Los hipermillonarios, unos 75.000 individuos (0,1% de la población), vieron su fortuna crecer de 193.000 millones en 1997 a 586.000 millones este año. En el mismo período, unos 20 millones de personas (cerca de un 50% de la población) vieron sus ingresos caer en un 15%.
"Si todas las ganancias de los hipermillonarios desde 1997 se transfirieran a los pobres, eliminaríamos la pobreza en un día", sostiene Michael Meacher, ex ministro de Medio Ambiente laborista y hasta ahora único candidato declarado para suceder al premier Tony Blair. Además, los hi- permillonarios son responsables de los altísimos costos de compra o alquiler de vivienda.
El dato
U$S 17.000 Millones de dólares vendieron en bonos los hipermillonarios de Londres el año pasado. 4.200 millones de dólares se llevaron por comisión los corredores de bolsa que embolsaron 2 millones cada uno por encima de sus salarios con siete ceros a la derecha. "Si puedo encontrar a alguien capaz de hacerme ganar 15 millones de dólares, le pago con gusto 3 millones. En la City se vive mucho al ritmo de banquete y hambruna", dijo un operador de bolsa.