El tren anda volando

JUAN ANDRÉS ELHORDOY

Si Uruguay fuera un hombre, sufriría de tortícolis por mirarse tanto al ombligo. Será por eso que me convencí que notas como la publicada por Carlos Luppi en El País Cultural del 5 de abril pasado, oxigenan y nos acercan al mundo.

Bajo el título de "El fiscal de la globalización", el autor volcó las principales ideas que el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, expuso en sus tres últimas obras editadas entre 2002 y 2006. En varios pasajes, señaló con claridad que América Latina es uno de los rincones del mundo más afectados por la globalización.

Nacido en Indiana en 1943 y doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachussets, Stiglitz es uno de los más importantes exponentes de una nueva línea del pensamiento económico. Fue vicepresidente del Banco Mundial y principal asesor económico del presidente Bill Clinton. Renunció a su cargo por discrepar con las políticas impulsadas por los organismos internacionales. Está en alerta permanente por el fenómeno de la globalización y suele pegar duro al Fondo Monetario.

Gracias al aporte de la Embajada de Estados Unidos y la Asociación Interamericana de Periodistas de Economía y Finanzas (AIPEF), tuve el honor de participar en un taller sobre globalización organizado por el mismo Stiglitz en la Universidad de Columbia. Allí nacieron valiosos apuntes de una conferencia magistral.

¿La globalización es buena o mala? "Depende", respondió Stiglitz. "Los países asiáticos se han beneficiado del fenómeno mientras que los latinoamericanos y africanos han salido perjudicados". "Hay buenas razones para descreer en la globalización y el impacto en los países pobres", sentenció. Pero entonces, ¿dónde está la explicación del éxito asiático? Sostuvo que el crecimiento exportador asiático provee de las bases para la innovación de los países y afirmó que está claro que en el mundo no hay diferencias de recursos sino de conocimientos.

Con relación a China, Stiglitz le presentó ideas para su Foro de Desarrollo Económico. Afirmó que el suceso económico de los últimos 30 años se basa en la capacidad de adaptación de estrategias y políticas de desarrollo. El nuevo plan quinquenal lanzado por el gobierno buscará que todos los pobladores se beneficien igualmente del rápido crecimiento. Las autoridades comunistas se convencieron que los emprendimientos a escala local, que significaron una innovación desde el punto de vista del desarrollo social y económico, no pueden enfrentar solos los desafíos por venir. Además, Stiglitz alertó por las condiciones medio ambientales del país. Al respecto afirmó que el crecimiento no se sostiene a largo plazo. Y lo que es peor: no hay incentivos para introducir tecnologías que permitan reducir las emisiones de dióxido de carbono. Además, con tasas de inversión tan elevadas, el problema no pasa por el interés en crear industrias sino por conseguir donde localizarlas.

El gobierno tiene intención de acercarse a los países del sudeste. Ensayó la idea de sumarse al esfuerzo que desde hace años viene haciendo Chile. La presunta afinidad ideológica y actitud pragmática en materia comercial, explicaría una visita conjunta de los presidentes de Chile y Uruguay a Japón en el segundo semestre del año. Porque en Asia, el tren anda volando.

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