Sean unidos, pese a todo

| La consulta sobre la rivalidad fraterna se duplicó en consultorios psicológicos de Uruguay en los últimos diez años. Ciertos padres ignoran o subestiman el tema.

MARÍA INÉS LORENZO

Dos hermanos observan junto a su papá un clásico de fútbol en el Estadio Centenario. Pero el más chico está un tanto inquieto y no presta demasiada atención al partido. En un determinado momento se le acerca una señora y le dice: "¿de qué cuadro eres hincha?" Antes de contestarle, el niño mira fijo a su padre y le pregunta cuál es el equipo de fútbol preferido por su hermano. Él responde: "Nacional". Inmediatamente el niño le dice convencido a la señora: "yo soy de Peñarol".

No es casual, sino cultural, e incluso ciertas veces patológico. La anécdota ilustra una realidad social que casi duplicó en los últimos diez años en Uruguay el motivo de consulta: la rivalidad fraterna. Aparece en la niñez, y por lo general se manifiesta cuando los niños buscan gustos contrarios al de sus hermanos para afirmarse a sí mismos.

Muchos padres ignoran o subestiman el tema, sin embargo, es más complejo de lo que parece a simple vista. Uno de cada tres chicos fue golpeado por un hermano alguna vez, y el 14% fue atacado reiteradamente por sentir bronca o celos. Además, la agresión violenta, sobre todo en etapas de formación de la personalidad, no sólo afecta la autoestima de los niños, sino también lleva a que puedan padecer desde depresión, problemas de insomnio hasta miedo a la oscuridad e intentos de suicidio, explica Luis Correa, psicólogo y director del colegio Los Maristas.

Es verdad que los enfrentamientos entre hermanos son normales e incluso muchas veces inevitables, pero cuando los niños se agreden verbalmente o lastiman de manera reiterada, la rivalidad se convierte en algo preocupante. Es allí cuando los padres deben reflexionar sobre la situación, porque más allá que los chicos tengan mayor predisposición agresiva o una patología, casi siempre es el imaginario de los padres sobre sus hijos lo que determina la competitividad entre los hermanos, expresa Correa.

CAUSAS. ¿Qué rol juega entonces el imaginario de los padres? Al parecer uno muy importante. "Cada hijo concebido por una pareja viene acompañado por una serie de actos inconscientes en relación a ese niño, que pueden ser tanto negativos como positivos", explica el psicólogo.

Los sentimientos que expresan los padres antes y después que nazca el niño influyen de alguna manera en la personalidad de sus otros hijos. "Si ellos repiten de manera reiterada que el bebé que nacerá va a ser divino, especial o único, sus hermanos seguramente se van a sentir menos queridos e incluso desplazados por su propia familia, lo que repercutirá negativamente en la relación futura con su hermano", expresa Correa.

Tal como sostiene la psiquiatra de niños y adolescentes, Natalia Trenchi, los hermanos siempre buscan la misma atención y el amor de sus padres y es normal que sientan celos cuando no se les dedica tanto tiempo. El desafío para los padres no sólo es transformar esas situaciones en una experiencia de aprendizaje, sino también detectar las causas de la rivalidad fraterna.

Existen varias. Según la psiquiatra, la relación entre los hijos sufre los mismos cambios que la sociedad moderna. "Hay muchas horas diarias que los padres consumen en otras actividades, lo que disminuye de manera dramática el tiempo de interacción libre y desestresado entre los integrantes de la familia, y ello influye en el comportamiento de los niños", explica Trenchi.

También, la historia de la familia es fundamental. Tal como sostiene Correa, los niños aprenden de lo que les enseñan sus padres, y si el entorno en el que viven es violento, ellos establecerán agresividad no sólo en los vínculos sociales sino también con sus hermanos.

¿ACTUAR O NO? Según los expertos, la violencia entre hermanos es más frecuente en niños varones de 5 a 12 años que en mujeres, y disminuye a medida que ingresan en la etapa de la adolescencia. Sin embargo, según Correa, la competitividad entre ellos dura toda la vida. De ahí la importancia de que los padres reaccionen a tiempo para evitar esos problemas.

Natalia Trenchi sugiere que si los chicos sólo están discutiendo verbalmente, los padres no deben intervenir. Pero si en la pelea se observa agresión corporal los padres sí deben hacerlo. ¿Cómo? Lo primero que la psiquiatra recomienda es mantener la calma. Es necesario que los niños entiendan que los padres no pretenden que se pongan de acuerdo, sino que controlen su manera de actuar. Su función no es decidir quién tiene o no razón, y cuál es bueno o malo, sino orientar sin sermones, manteniendo una actitud firme, decidida y práctica. Es importante que las palabras y la acción sean coherentes entre sí, explica Trenchi.

Otro aspecto importante que los padres deben tener en cuenta para evitar situaciones de rivalidad es tratar de favorecer al desarrollo de la identidad de cada hijo. Tal como lo explica Correa, no todos los chicos son iguales, por tanto su manera de proceder tampoco lo será. Los padres nunca deben compararlos entre sí ni tampoco obligarlos a decirle cosas lindas a su hermano recién nacido.

"Tanto la madre como el padre deben darle un lugar al niño para que exprese sus celos y broncas. De lo contrario, el chico reprime esos sentimientos y los expresa en el futuro", finaliza el especialista.

El Dato

35% Cifra que representa la cantidad de niños que fueron atacados por el hermano en un año, según un informe del New York Times.

Más que simple sentido común

¿Cómo darse cuenta cuándo la rivalidad entre hermanos es natural y no problemática? La psiquiatra de niños y adolescentes Natalia Trenchi, distingue seis características de peleas normales:

Están causadas por la defensa legítima del territorio y la propiedad. Es natural que un hermano defienda lo que considera sus derechos y que a veces reaccione con enojo.

La intensidad de la expresión emocional es controlada. Si bien el enojo puede ser grande, sólo se expresa a nivel gestual y verbal.

Cuando los hermanos se pelean, muchas veces parece que no se soportan. Sin embargo, una vez que la tormenta pasa son capaces no sólo de mantener conversaciones armónicas sino también de compartir juegos, charlas e intereses comunes.

Frente a un ataque exterior los hermanos se unen y protegen. En su casa no toleran el más mínimo desliz, pero cambian radicalmente su actitud cuando sienten que uno de ellos está amenazado o agredido por una persona desconocida.

No hay roles fijos de abusador y abusado. En este tipo de peleas, se intercambian y no son rígidos. Una vez que la discusión finaliza, los hermanos perdonan fácilmente y de manera bastante razonable.

También la psiquiatra Trenchi enumera algunos errores frecuentes que cometen los padres cuando los hermanos pelean y sugiere cómo evitarlos:

Defender siempre al que consideran más débil o indefenso no lo fortalece. Por el contrario, puede generar resentimiento en el otro.

Hay que tener en cuenta que el niño que llora no es siempre la víctima, y que el varón a veces no es el culpable de la pelea.

Negar o minimizar el conflicto demuestra poca sensibilidad, lo que los hace sentir incomprendidos.

Los padres no deben decirle a los niños "arréglense como puedan", porque se sienten desprotegidos.

Menos celos en medio hermanos

Si bien es común que exista rivalidad entre los hermanos tanto en la niñez como en la adolescencia, por lo general, la competencia entre medio hermanos es menor, aclara Luis Correa, del colegio Los Maristas.

"Por lo general, en las familias ensambladas, es decir, aquellas que se forman cuando los padres se separan y constituyen una nueva vida con más hijos, los hermanos establecen cierto tipo de solidaridad con el niño que va a nacer", explica el psicólogo.

¿El motivo? Ellos no quieren que su medio hermano sufra o experimente situaciones de tensión o incluso violencia como las que vivieron ellos con la separación de sus padres, entonces tienden a protegerlo más.

Pese a que la presencia de un medio hermano también implica un desplazamiento inevitable en el lugar de la familia, por lo general pelean menos y no expresan tantos sentimientos de bronca o de celos. "Por el contrario, transforman en una situación positiva lo negativo, que es la pérdida familiar", analiza el psicólogo.

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