THE NEW YORK TIMES | PARÍS
En otros tiempos, los Champs-Élysées fueron sinónimo de vida estupenda, estilo refinado y oportunidades de encontrar productos valiosos. Con el Arco de Triunfo en un extremo y los Jardines de las Tullerías en el otro, era posible descubrir una banda de jazz tocando a medianoche en un boliche subterráneo, así como degustar ostras y champagne al amanecer.
Pero, la calle en la que Charles de Gaulle celebró la liberación de Francia de los nazis, conocida como "la avenida más hermosa de la Tierra", se ha convertido en una comercializada trampa de dinero, al igual que Times Square en Nueva York y Oxford Street, en Londres.
La mayoría de los boliches nocturnos ha desaparecido. Los cines están cerrando. A veces, parecería que lo único que queda en esa extensión de dos kilómetros son las cadenas globales de comercios que pueden pagar los alquileres.
Por tanto, en un momento de significado verdaderamente francés, el gobierno municipal de París comenzó a actuar con decisión, prometiendo un plan destinado a frenar la "banalización" de Champs-Élysées. Surge la pregunta de si no es demasiado tarde.
El primer paso fue la resolución de prohibir al gigante sueco de la indumentaria H&M que abriera una "megatienda" en la avenida. La decisión tiene por finalidad enlentecer la invasión de comercios de venta de ropa y preservar lo que queda del carácter diferente del lugar más visitado, después de la Torre Eiffel. "Estábamos perdiendo nuestro sentido de equilibrio", indicó el vicealcalde Francois Lebel. "Se necesitaba una acción drástica. No tenemos nada contra H&M. Ocurre que es la primera víctima".
De alguna manera, la avenida es víctima de su éxito. Con alquileres tan altos como U$S 1.2 millón por 90 metros cuadrados, Champs-Élysées es la franja inmobiliaria más cara de Europa y la tercera del mundo, después de la Quinta Avenida en Nueva York y la Bahía Causeway en Hong Kong. Resulta imposible para pequeños negocios.
Las multinacionales no tienen ese problema. Adidas abrió su local más grande del mundo en Champs-Élysées, el año pasado. Y todas las grandes marcas internacionales ocupan los espacios principales. Los fabricantes de automotores cuentan con enormes locales de exhibición, en los que despliegan llamativos prototipos. Cadenas de restaurantes de comida rápida hacen negocios de alto volumen.
CIERTOS BRILLOS. La apertura de locales de lujo como Cartier en 2003, la instalación de Louis Vuitton en un edificio de cinco pisos en 2005, y del hotel Fouquet`s Barriere (la habitación cuesta U$S 900 por día), dieron renovado brillo.
Equipos de policía saturan la avenida las 24 horas lo que la hace más segura para los 500.000 visitantes diarios. Un ejército de limpiadores compensa la falta de recipientes de basura.
Sin embargo, sólo quedan siete cines, la mitad de los que había hace 12 años. El UCC Triomphe anunció su cierre, a menos que el propietario del local desista del incremento de alquiler que exige. Jean-Jacques Schpoliansky -propietario de la sala independiente Le Balzac- da la bienvenida a los clientes los siete días de la semana para aportar un toque personal a su negocio. Paga 15 veces más alquiler que en 1973. Debido a que los tres cines exhiben "películas artísticas", el municipio le otorga un subsidio anual de U$S 39.000.
Numerosos comerciantes lamentan que la acción para salvar a la avenida haya surgido demasiado tarde. "Los parisinos de clase alta no quieren venir a Champs-Élysées", afirmó Serge Ghnassia, propietario de la peletería Milady, que abrió en 1933. "No es prestigioso. Las personas que llegan son comunes y sin estilo. Vienen a comer un sándwich de kebab y a comprar una camiseta que vale cinco euros".
Como elemento subyacente del resentimiento, aparece que algunos grupos de jóvenes llegan a Champs-Élysées en las noches de fin de semana, desde los suburbios donde viven trabajadores inmigrantes. La Policía los vigila y monitorea sus movimientos.
Algunos veteranos elogian a la avenida como una suerte de destino turístico democrático y gratuito para los que tienen bajos recursos. "Los chicos vienen a mirar para escapar de los lugares donde viven", dijo Schpoliansky. "Somos un país multiétnico y esa realidad se refleja en nuestra calle".
DOS VISIONES. La decisión del Comité Comercial de París de impedir la instalación de H&M surgió después que se conoció un estudio que reveló que 39% del espacio comercial minorista con frente a la avenida estaba poblado de negocios de venta de ropa. "Está perdiendo su carácter excepcional y simbólico, y su atractivo", advirtió el relevamiento, que pronosticó que si la tendencia continúa, Champs-Élysées se convertiría en una calle tan vulgar como la londinense Oxford.
Esa evaluación no es compartida por Christophe Pinguet, director de la agencia de relaciones públicas Shortcut y uno entre dos docenas de residentes que permanecen en Champs-Élysées. Desde la terraza de su apartamento, Pinguet observa la Torre Eiffel. "Conozco comercios que nadie conoce, como la carnicería que entrega la carne para Chirac. Conozco a los policías que se visten como espías. Champs-Élysées puede haberse abaratado, pero no es un museo. La batalla no debe librarse para excluir a H&M. Debe librarse para asegurar que sea un comercio fabuloso".
Gran entrada al palacio real atrajo fauna diversa
Champs-Elysées fue concebida en 1667 como un grandioso acceso al palacio real en las Tullerías. En ese tiempo había campos y pantanos en las afueras de París. En el siglo XIX, plantaron olmos y la vía de acceso fue rebautizada como Campos Elíseos, en homenaje a la mitología griega. Surgieron hoteles, cafés y lujosas residencias privadas. Pero, la línea divisoria entre la imagen mítica y su vigorosa vertiente comercial ha inquietado a los habitantes de París.
La prosperidad de la década de los `60 en Francia atrajo a las aerolíneas, automotoras, restaurantes de comida rápida, pordioseros,meretrices y autos mal estacionados. Muchos inmuebles se depreciaron y numerosos espacios comerciales permanecieron vacíos. En 1990, Jacques Chirac, quien era Alcalde de París, comenzó un proyecto de renovación por U$S 45 millones, que amplió las veredas, plantó más árboles, eliminó sendas de estacionamiento y agregó iluminación y paradas de ómnibus elegantes.
Creatividad para seguir en los famosos "campos"
Algunas de las empresas más antiguas utilizan vías creativas para continuar sus negocios. El restaurant de 24 horas L`Alsace, está situado en la planta baja de la Maison de l`Alsace, un centro de turismo y promoción financiado por el gobierno regional de Alsacia. Fouquet`s -uno de los pocos restaurantes que todavía siguen desde la belle époque-resistió un agresivo intento de compra hace varios años y después fue designado oficialmente por la municipalidad de París como "lugar de recuerdo", con la finalidad de preservar su posición. Louis Vuitton es tan popular que sus clientes con frecuencia tienen que formar fila fuera del local.
La fuerte actividad comercial hizo especialmente impactante la decisión unánime que adoptó el Comité Comercial para bloquear la autorización a H&M, el gigante sueco de la indumentaria. La empresa, que tiene nueve locales en París, había contratado a Jean Nouvel, uno de los más destacados arquitectos franceses, para diseñar su local.